Noel Ramírez Sánchez
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Mis estimados lectores, muchas veces hemos dicho que el precio es una cosa y el valor es otra.  Además hemos dicho que uno debe comprar un activo cuando, a nuestro juicio, el valor es mayor que el precio y que podríamos venderlo cuando, también a nuestro juicio, el precio es mayor que el valor del mismo.  

Asimismo, hemos dicho que en última instancia el valor no es algo totalmente objetivo, sino que está en el criterio de cada uno de nosotros y la verdad es que el valor de un activo no es igual para todas las personas.  

En términos generales, un activo tiene un valor superior para un comprador o inversionista “estratégico”, que para un inversionista común y corriente, especialmente si es un accionista minoritario.  

El inversionista “estratégico” es el que con la adquisición del activo cree que puede generar beneficios que solo él y nadie más que él puede generar y obtener de dicha adquisición.  

Por lo tanto, el activo tendrá un mayor valor para este inversionista “estratégico” y en consecuencia podría estar dispuesto a ofrecer un mayor precio por el mismo.  Y como ustedes ya lo saben, a estos beneficios especiales les llamamos “sinergias”.  

Sin embargo, también hemos dicho que normalmente estas sinergias no se concretizan y por ello normalmente, cuando se produce una fusión “estratégica”, el beneficio de cualquier sobreprecio o “premio”, se lo quedan los vendedores a costa de los famosos compradores “estratégicos”.  

Por eso, cuando usted sea un accionista mayoritario y la gerencia superior de su empresa le diga que ha encontrado una excelente oportunidad para realizar una adquisición o fusión “estratégica”, tenga mucho cuidado y si es un simple accionista minoritario, tenga mucho más cuidado.

Por otro lado, tampoco la rentabilidad de una inversión es algo totalmente objetivo y no es igual para todos los posibles inversionistas, incluso si realizaran la misma inversión simultáneamente y si todos fuesen inversionistas ordinarios, es decir, no “estratégicos”.

¿Y por qué decimos esto?

Lo decimos porque, como ustedes saben, el rendimiento de una inversión depende de los beneficios que recibiremos, descontados al valor presente por una tasa de descuento que depende del perfil de cada inversionista, pero la rentabilidad también depende del valor del capital que hemos invertido para obtener dichos beneficios y este valor dependerá del precio que cada inversionista individualmente hubiese pagado por dicha inversión.

Por eso es que unas mayores verdades y paradojas de las finanzas corporativas es que una excelente empresa, no es necesariamente una buena inversión y una empresa con una mala ejecutoria tampoco es necesariamente una mala inversión.  Recordemos que el novio de la chica de “Pretty woman” precisamente se dedicaba a adquirir empresas en problemas, para luego realizar negocios excepcionales.  Y como ustedes saben, existe toda una industria dedicada a esta línea de negocios y la cual es comúnmente llamada “distress” o “vulture investment”.  Y para aquellos de ustedes que les interese este tema les recomiendo dos libros, uno del profesor Stuart C. Gilson, “Creating value through corporate restructuring” y otro del profesor Martin J. Whitman, “Distress investing”, a cuyas clases asistíamos cuando estábamos en Yale.

Por lo tanto, el mensaje central es que al invertir, debemos invertir como empresarios y no como especuladores, ya que como dice Ben Graham, el padre de las finanzas corporativas, “la inversión es realmente inteligente solo cuando se realiza con mentalidad empresarial” y recordemos que Warren Buffett ha dicho que esta frase constituye “las doce palabras más importantes que se han escrito en relación al tema de la inversión”.

¿Y qué significa esta frase?  

Esta frase significa, entre otras cosas, lo siguiente: primero, que al invertir, antes de decidir el rango de precios que estamos dispuestos a pagar, debemos tener una idea razonable del valor de los beneficios que vamos a obtener, es decir, debemos tener una idea del valor “intrínseco” del activo que queremos comprar y ya ustedes están familiarizados con esas metodologías.  Según Graham, este análisis no tiene que ser exacto.  Lo importante es que les brinde una idea razonable para determinar si el valor del activo es sustancialmente mayor o menor que el precio de mercado.

Segundo, que al invertir, el precio debe estar por debajo del valor “intrínseco” que ustedes han estimado, por lo que siempre deben tratar de hacer uso del concepto de Graham del “margen de seguridad”, ya que siempre nos podemos equivocar. Cuando actuamos bajo este concepto, la inversión es una “oportunidad’.  Sin embargo, cuando pagamos por el total que representa el valor “intrínseco”, la inversión es un “riesgo”, porque en realidad estamos apostando a un crecimiento futuro, que no sabemos si se materializará.

Y tercero, siempre haga todo lo posible por evitar pagar un “premio”, para que las sinergias, si es que se materializan, lo beneficien solo a usted.

Y ahora que viene Navidad, pase por Hispamer y adquiera varias copias de “Reflexiones para la alta dirección empresarial” y obséquielas a sus seres más queridos, ya que esta compra será una buena inversión, pues cumple con todo lo que hemos dicho en este artículo.  nramirezs50@hotmail.com  

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