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Según Willi Flores, responsable de Salud Animal IPSA, la trazabilidad forma parte de una serie de programas que se están desarrollando a nivel nacional, y para entender mejor este término, la trazabilidad o rastreabilidad, como componente fundamental de los mecanismos de garantía sanitaria, es la capacidad de mantener identificados a los animales o sus productos a lo largo de las cadenas de producción, comercialización y transformación hasta su origen, con el fin de realizar investigaciones epidemiológicas o establecer acciones correctivas en beneficio de la comunidad consumidora.

Funciones

La trazabilidad es una herramienta fundamental de las sanidades agropecuarias del país permitiendo mejorar la eficiencia y eficacia de la vigilancia sanitaria, control y erradicación de enfermedades; facilitar procesos de certificación, garantizar el acceso a mercados de mayor valor, mejorar la gestión ganadera, contribuir a la inocuidad agroalimentaria y fortalecer la prevención al delito del abigeato.

El avance de este programa en nuestro país, a través de IPSA, tiene como misión contribuir a mejorar la capacidad competitiva del sector agropecuario en conjunto con las  entidades públicas y privadas, a fin de garantizar  un sistema permanente de identificación, registrando datos: edad, sexo, raza y sus movimientos; y trazabilidad de los productos pecuarios como herramienta de gestión, en toda la cadena de producción.

Importancia

El manejo de trazabilidad en las ganaderías contribuye a incrementar la calidad y el acceso de nuestros productos en el mercado nacional e internacional, mejorando las prácticas productivas  y medioambientales. Pero, para comprender mejor su importancia, esta radica en dos aspectos: el primero es de carácter  comercial y, el segundo, referido a la seguridad alimenticia por parte de los países importadores, al garantizar alimentos inocuos y aptos para consumo humano. 

Por su parte, Nicaragua mantiene como principales mercados a Estados Unidos, Venezuela y Taiwán, pero este producto no puede ingresar a estos países si no cumple con un requisito: la certificación de ganadería, que es la acción de plantar un “arete” o “chapa” en la oreja del animal con el propósito de identificarlo y rastrearlo. Esto es para asegurar el intercambio de sus productos alimenticios de origen animal (carne bovina), según destaca un artículo publicado en el sitio Trazar-Nic.

Durante el proceso de trazado se implementa también el sistema de “Segregado de Producción Bovina”, que consiste en cría, pasto, pastar, venta para engorde, alimentación, transporte a establecimiento industrial, recepción en establecimiento industrial y procesamiento de carne de bovino. Desde el punto de vista del ganadero Julio César Torres, “a los consumidores, el programa de trazabilidad bovina les dará toda la confianza y la certidumbre de la calidad e inocuidad de los alimentos de origen animal que están consumiendo. Como productores, tendremos a mano toda la información del origen y la procedencia de los productos y subproductos pecuarios que estamos consumiendo y por los que pagamos”, según expresa.

Para IPSA, la trazabilidad no es un concepto nuevo en Nicaragua, sino que ha sufrido un proceso lento para darse a conocer y aplicarse. La iniciativa de introducir este nuevo conocimiento al sector de ganado bovino en Nicaragua ha encontrado muchas barreras difíciles de superar: el nivel académico de la mayoría de los productores, el informalismo y la resistencia al cambio. Por su parte, IPSA permite el ordenamiento productivo (movilización, poblaciones y fincas o ranchos), permitiendo a los dueños de las unidades de producción tener mayor control productivo, reproductivo y de manejo, mejorando sus márgenes de rentabilidad.

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