Alvaro Ulises Jaime Solís
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La naturaleza del humano es buscar una zona de comodidad. He recibido hojas de vida que muestran a una persona que no invierte tiempo en un documento profesional. Ese papel es tu propio marketing. Empresas no venden a empresas, personas venden a personas.

Tu empresa inicia el proceso de ventas desde que entra en contacto con el cliente. En la cultura nicaragüense los empresarios quieren un genio que les vea las finanzas, las ventas, las exportaciones, la comercialización y la tecnología de la compañía, pero quieren pagarle como operario. No es pecado querer optimizar costos, si lo es sacrificar tu imagen y contratar a un mediocre para mantener el costo bajo y que no te exija más ingresos. El resultado es una empresa mediocre que vende lo mismo a la misma gente. En el caso que me compete hasta me dan ganas de llorar, al ver como instituciones y compañías de alto perfil dejan al muchacho de soporte (con miedo y buscando como “resolver”) un área tan estratégica para la empresa, la tecnología de información.

Bien decidiste cambiar esa mentalidad limitada de creer que se te va a descapitalizar la empresa por una buena inversión del recurso más importante (el humano). Entonces, ¿qué sigue? Simple, si tienes un buen RRHH sin herramientas estás igual. Al menos ahora, cuando tu colaborador entre en contacto con un cliente arriba del promedio sabrá que tienes buenos elementos a tu lado. El problema ahora es el uso del activo más importante “la información”, la sangre de tu compañía.

En esta era, es necesario referirse a la tecnología de información. Cuando tu cliente vea que le escribes por tu correo gratis y de uso público patitomail.com verá que ni siquiera has querido pagar —menos una cena en el restaurante del fin de semana en familia— para comprar un dominio de tu página web y tener tu propio correo electrónico. ¿Qué opinión se hará de tu empresa? ¿Y usted está esperando cerrar el negocio de su vida?

Te ha tocado visitar al cliente/proveedor y para no desentonar usaste la corbata. Entras y observas que una mujer elegante te atiende en la recepción. Te toco pedir acceso al internet y te brinda un código para que te conectes de forma segura (para ellos). ¡Caramba! te han impresionado. Luego llegas a paisito (ya sin corbata), te vas a la tienda que vende más barato en la calle de tecnología que queda en Altamira y compras el equipo de domicilio a un vendedor que no conoce tu necesidad. Luego le pides al pariente que lo instale en tu empresa, culpas al pariente porque no sabe, al proveedor porque el internet no sirve, o a los empleados porque no saben usar la computadora y finalmente prefieres seguir en tu zona de comodidad, porque cuando viste la oferta de la empresa que vende la solución, dijiste que mejor te quedabas como estas.

Tal como dice la Biblia: “como perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su necedad”. Tu empresa sigue igual y el país también. Cada empresario es dueño de sus decisiones y de su dinero, pero el que quiera celeste, que invierta. Intentelo y compre la “camionetona” más barata, dese la oportunidad de invertir en competitividad, invertir en personal capaz, en herramientas que saquen lo mejor de tu personal, tecnología de información. Mientras tanto, la competencia local o extranjera viene en camino con todas las armas, viene por tus clientes y tu sangre. 

*Alvaro Ulises Jaime Solís
Gerente de País - SPC Internacional

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