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Para Miguel Altamirano, coordinador del Programa Regional de Investigación e Innovación por Cadenas de Valor Agrícola (Priica), la agricultura debe ser sustentable y competitiva, pero para lograrlo se debe sensibilizar por un cambio de paradigma.

El programa del cual es coordinador, es financiado por la Unión Europea (UE) y es ejecutado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) con sede en Costa Rica.  Hasta la fecha ha beneficiado a 4,500 productores de la región.

“La cadena de valor como concepto tradicional se enfoca en la competitividad, y no necesariamente se integran todos los elementos de la sostenibilidad porque la misma requiere que se reflejen acciones positivas para lo social, lo económico, lo ambiental y lo institucional”, explica.

¿Qué tan importante es la innovación en la agricultura?

La innovación es el motor del desarrollo y la competitividad. Ocurre cuando se usan nuevas técnicas para la producción y la agregación de valor a un producto que llega al mercado final generando ingresos para toda la cadena. Para que lo anterior suceda tienen que haber tres condiciones esenciales: las tecnologías, la transferencia y la validación con un enfoque de cadena de valor inclusivo, para que sean adoptadas finalmente por los productores u otros sujetos de la cadena.

Es importante resaltar el papel de la innovación a todos los niveles en el sector agropecuario y tomar en consideración que no estamos explotando el potencial que tienen las alianzas público – privadas y las políticas públicas para articular, fomentar e incentivar la innovación, especialmente para el sector productivo de la región que está liderado por 5.8 millones de pequeños y medianos productores de la agricultura familiar, quienes muchos de ellos no tienen acceso a conocimientos y tecnologías de manera integrada para solucionar sus limitaciones en producción, cosecha, post cosecha, transformación y comercialización de sus productos.

¿Qué países de la región han industrializado más su agricultura y cuáles han sido los resultados?

Durante las últimas dos décadas muchos países de la región se han diversificado industrialmente y diversificado su Producto Interno Bruto (PIB), algunos apostando a la manufactura, otros a la industria agroalimentaria y otros al comercio y a los servicios en otros sectores como la electrónica y la banca. Tenemos diferentes grados de industrialización agrícola en función del perfil que va tomando el comercio en cada país.

Si hablamos de la industria de la producción y consumo de alimentos de nuestro sector agropecuario regional, la misma también ha variado mucho, pero hoy en día se identifica porque la mayoría está controlada por grandes consorcios empresariales y compañías tanto nacionales como trasnacionales que producen, transforman y procesan algunos de los principales productos de la canasta básica y de los commodities de exportación.

Para ese sector hay un crecimiento dinámico, pero lamentablemente para el sector rural la industrialización continúa rezagada, dado que el pequeño y mediano productor que produce una buena parte de productos básicos para la gran mayoría de la población de clase media y baja de los países, todavía venden su producción sin ningún valor agregado y con muchas limitaciones para alcanzar estándares de calidad en la producción, cosecha, post cosecha y comercialización de sus productos.

Para tener un idea, en el IICA se han realizado estudios sobre la agricultura familiar y la misma contribuye con el 72% del empleo rural, lo cual se presenta como una buena oportunidad para explorar e incentivar la agroindustria rural, que permitiría generar valor agregado a los productos y parte de los ingresos e impuestos se quedarían en los territorios para mejorar las condiciones socioeconómicas de los mismos y garantizar que mucha de la juventud rural no tenga que migrar a las urbes.

¿Cómo se puede aprovechar la tecnología para reducir el impacto del cambio climático?

Para intentar reducir el impacto a nivel de producción, se tienen modelos sostenibles para la producción utilizando técnicas agroforestales y agrosilvopastoriles, variedades de semillas que requieren menos insumos, tolerantes a plagas y enfermedades, tolerantes a estrés hídrico y altas temperaturas, etc. Además, se tienen técnicas y tecnologías para el manejo y conservación del suelo y agua para los diferentes sistemas de producción agropecuaria, acuícola y forestal.

La principal limitación para aprovechar la tecnología radica en que todos estos conocimientos y técnicas no están llegando al pequeño y mediano productor de la agricultura familiar, porque los sistemas nacionales de extensión y transferencia de tecnología son débiles y en algunos países ya desaparecieron.

Este vacío lo ha suplido en parte la asistencia técnica privada de empresas de insumos, proyectos de cooperación, entre otros pero aún siguen siendo insuficiente como lo demuestran los datos contundentes sobre el avance de la deforestación, la desaparición de las fuentes de agua, los altos niveles de erosión hídrica y eólica, entre otros efectos que están impactando negativamente no solo al sector rural sino a las áreas urbanas.

Por lo anterior, para poder aprovechar las tecnologías, es urgente revisar las normativas y políticas nacionales para incentivar al uso y castigar a los que afectan, asimismo articular nuevamente los sistemas nacionales de innovación agropecuaria, acuícola y forestal para que reactiven y se movilicen las tecnologías y prácticas al sector rural. Se tiene que sensibilizar a los consumidores para que exijan que los productos agropecuarios que consumimos no se produzcan a expensas del deterioro ambiental que nos empieza a afectar a todos por igual.

¿Cómo los países de Centroamérica podemos lograr una agricultura competitiva y sustentable?

El ideal y la meta es que la agricultura sea sustentable y competitiva, para lograr esto tenemos que continuar sensibilizando en un cambio de paradigma. Para explicar lo anterior, actualmente la cadena de valor como concepto tradicional se enfoca en la competitividad, y no necesariamente se integran todos los elementos de la sostenibilidad porque la misma requiere que se reflejen acciones positivas para lo social, lo económico, lo ambiental y lo institucional.

Por esta razón, se está hablando actualmente de desarrollar cadenas de valor alimentarias sostenibles, donde ya se toman en consideración principios rectores que deberían tener presentes los agro negocios que se desarrollen en el sector rural, dada la complejidad de las dimensiones antes mencionadas. Entre mayor conciencia y apoyo le demos a estas iniciativas y difundamos los buenos ejemplos existentes que demuestran que es posible lograrlo, mayor será la presión por la implementación de las mismas en todo el sector rural de la región.

¿Cuál es el aporte del Priica?

El Priica contribuye a demostrar que es posible acelerar procesos de adopción de nuevas tecnologías y técnicas a través de estas alianzas público – privadas territoriales y regionales para beneficiar a pequeños y medianos productores de la agricultura familiar. Como aportes concretos se tiene: la validación y liberación de nuevas variedades y técnicas para los cultivos de papa, tomate, yuca y aguacate, que pueden superar los rendimientos tradicionales y se adaptan a las condiciones del productor de la agricultura familiar.

Esperamos que al finalizar el programa queden al menos unas 25 tecnologías y prácticas en manos de los productores que se han validado con enfoque de cadena. Las mismas harán un cambio visible en sus sistemas de producción y tendrán un impacto en su seguridad alimentaria y nutricional, así como en sus ingresos.

¿Cuáles son las principales acciones que desarrolla este programa?

El Priica es financiado por la Unión Europea y persigue el objetivo de contribuir a la seguridad alimentaria a través de bienes públicos regionales generados por la investigación agrícola pública. Siguiendo esta línea, el principal socio en el programa han sido los Institutos Nacionales de Investigación Agropecuaria  (INIA) de Centroamérica y Panamá en conjunto con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura.

Con ellos, se conforman en los territorios alianzas público-privadas que participen en una de las cadenas mencionadas y se trabaja articuladamente los procesos de investigación, transferencia y validación con un enfoque de cadena de valor, género y cambio climático. Como principio fundamental del proceso es que las tecnologías y prácticas transiten por los distintos eslabones de la cadena para validar las mismas con su aceptación en los distintos canales de comercialización y en algunos casos directamente al mercado.

¿Qué resultado esperan lograr una vez que concluye el programa?

Se espera dejar un modelo de trabajo público–privado para potenciar la investigación agrícola pública en la región centroamericana y que responda a los desafíos cada vez más complejos que enfrentan los productores de la agricultura familiar, relacionados con mejorar la productividad, la poscosecha, el valor agregado y el acceso a mercados, que día a día se vuelven más exigentes. De igual manera dejar alternativas concretas a la agricultura familiar para enfrentar crisis alimentarias en tiempos de sequía, cada vez más recurrentes en el corredor seco de la región.

Específicamente se han visibilizado dos cadenas que consideramos tienen un gran potencial en los sistemas de producción de la agricultura familiar, que son la yuca y el aguacate. La primera porque tiene gran impacto en la seguridad alimentaria como producto básico, pero que también no se han explotado sus subproductos lo suficiente como alternativa para la alimentación humana y animal.

¿Qué otras cadenas de valor se pueden implementar en la región?

La región centroamericana tiene todos los elementos tales como las condiciones edafoclimáticas para cultivar cualquier producto, se tiene la demanda creciente de productos alimenticios por el aumento de la población mundial y lo más importante es que todavía tiene productores comprometidos con la agricultura.

Para poner ejemplos de potenciales cadenas, se tienen tanto cultivos autóctonos como exóticos, como el: ojoche, rambután, marañón, melocotón, papaya, chía, ajonjolí, té, jocotes, mangos, pimienta y cienes de cultivos que se siembran en las fincas para suplir necesidades inmediatas de ingreso, pero que en la mayoría de los casos no tienen una estrategia a mediano y largo plazo para su desarrollo.

¿A cuántos productores ha beneficiado el Programa PRIICA?

Hasta el momento se han alcanzado más de 4,500 productores y actores público – privados de la cadena que han sido beneficiados con nuevas tecnologías, conocimientos y prácticas y que en el corto plazo ayudaran a mejorar la productividad en sus sistemas productivos y en el mediano plazo a la generación de ingresos y a la seguridad alimentaria de las familias.

Se tiene que resaltar que se logró trabajar con muchos actores público privados de instituciones, organizaciones y empresas, los cuales ya disponen de toda la información, tecnologías generadas en el proyecto y que pueden continuar dándole sostenibilidad a las acciones en las cadenas de su competencia.

De igual manera en algunos casos específicos la adopción de las prácticas y tecnologías se irá multiplicando entre más familias de la agricultura familiar siempre y cuando tengan un impacto en su economía y en su seguridad alimentaria, lo que aumentará los beneficios del programa una vez finalice el mismo.

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