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Sonia María Vásquez tiene en su mente y manos todo calculado: la cantidad de piezas, el tamaño, las formas, los puntos por donde la tijera iniciará el corte y la idea de una muñeca de tusa.

A la pregunta sobre cuándo y cómo inició este arte, traslada sus recuerdos hasta el año 1984, cuando siendo maestra participó en unos talleres sobre manualidades. 

“Entonces hubo una feria de maíz (en Totogalpa) y fue la oportunidad para ver qué se podía hacer con la tusa. Hice las primeras 8 muñecas, pero eran feas en comparación con las de ahora. Y así se vendieron", recordó.

Sin competencia

Con el paso de los 32 años de trabajo, afinó la estética de las figuras y con la destreza adquirida se le hace fácil imitar modelos que sugieren algunas revistas. "Y las hago en 10 minutos", acotó.

"Prácticamente no tengo competencia. Esa es una ventaja. Por eso se me venden", anotó. "Es un trabajo rentable. Con esto crié a mis 8 hijos, seis de ellos son profesionales”, refirió.

Hizo una pausa de tres años debido a una enfermedad en las manos. Reactivó su tallercito ante la demanda de la singular artesanía. "Reconozco que no trabajo como antes. Me tomo ratos para ver televisión", comentó.  Asoma las esperanzas de conservar la tradición, porque Xóchitl, una de sus nietas, ya aprendió a confeccionarlas muy bien como ella.

Las muñecas son más apetecidas por el turista extranjero, quien da con la casa de Vásquez, dirigido por cualquier transeúnte de la calle del pequeño poblado de Totogalpa. 

Alcanzada por la demanda

Desde octubre comienza la elaboración de nacimientos y, por supuesto, es un exquisito regalo para completar un árbol de Navidad. Lamentablemente, todos los que va ubicando en la alacena de vidriera ya tienen dueño o están pagados por adelantado. "Los que estoy haciendo están de encargo", aclaró.

Igual ocurre con las imágenes de la Virgen de Guadalupe o de Jesús de Nazareno. Prácticamente todo lo que sale de sus dedos es llevado por los turistas.

Explicó que todas las estatuillas son elaboradas con un 100 por ciento de material de maíz: las hojas que envuelven una mazorca, los granos y el cabello de la misma. Muestra un rey mago con su barba de pelos de maíz, así como el pelo ensortijado de una muñeca.

Indica que el precio de la muñeca para adorno es de C$100 y un pesebre con la Virgen María, san José, el niño Jesús, dos semovientes y los tres reyes magos, cuesta C$250.

Desde hace mucho tiempo el arte único de esta mujer totogalpina ha traspasado las fronteras, y hasta ha recibido propuesta de fabricarlas en mayores cantidades para exportarlas hacia Suiza, algo que aún está estudiando.

"Para mí, es algo bonito. Se me olvidan los problemas y las enfermedades. No siento nada. Esto es mi pasatiempo. Es mi mundo", expresó.

Las jícaras para prender en las paredes

En el mismo Totogalpa, Arnulfo José Gómez labra con una precisión matemática la superficie de jícaras, con objetos cortopunzantes que el mismo las elabora de utensilios de cocina descartados y estampa códices mayas, aztecas o incas. En otras, las cubre de coloridos paisajes o con símbolos nacionales como el pájaro guardabarranco o flor de sacuanjoche. 

Explica que es una experiencia que ha acumulado durante dos décadas. "Es el rescate de este producto bastante especial para ofrecerlas a personas de otros países. También lo estamos promocionando para nacionales que nos visitan", reveló.

Afirma que es una herencia cultural de los abuelos. La jícara era uno de los utensilios de los aborígenes para tomar los alimentos, cuyo uso decayó con la llegada del vidrio y el plástico.

Un fruto en rescate

“Fui a Masaya para capacitarme, fortalecer mis conocimientos y hacer esto con más facilidad y tranquilidad", aseguró.

Comentó que el árbol de jícara o jícaro estaba extinguiéndose por el despale y el cambio climático, pero gracias a reforestaciones recientes realizadas por campesinos hay posibilidades de que se conserve.

Para este arte del labrado y pintura, "el proceso comienza desde la recolección del fruto. Mi abuelo decía que se trae, se cuece y se le extrae la pulpa. Y eso se utiliza como horchata, que tiene muchos nutrientes para nuestros hijos y un buen alimento contrario a esas bebidas artificiales que venden ahora”, añadió.

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