Germán Retana, profesor de liderazgo de INCAE Business School.
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Algunos piensan que “Con un poder absoluto hasta a un burro le resulta fácil gobernar”. Sobre esto mismo, Simón Bolívar advirtió: “Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él a mandarlo, de donde se originan la usurpación y la tiranía”. ¿Qué sucedería si lleváramos estas premisas a las organizaciones?

Hay empresas que se contradicen en lo esencial. Pretenden que sus miembros se comprometan, mas estos ni siquiera son escuchados por sus jefes; predican el trabajo en equipo, pero el autoritarismo de algunos directores oprime la mística necesaria para cooperar. Incluso, hay totalitarios que aparentan amabilidad y simpatía, sin embargo, son incapaces de tomar en cuenta la opinión de sus dirigidos.

En esas condiciones, nunca se logra que los colaboradores desarrollen o expongan su criterio, se atrevan a hacer sugerencias o se sientan, como es de esperarse, parte activa del equipo. Más bien, se invisibiliza, se “cosifica” y se enajena a las personas.  De acuerdo con Winston Churchill,

“El poder que tiene un gobierno para meter a un hombre a la cárcel sin formular ninguna acusación conocida por la ley, y en especial para negarle el juicio de sus semejantes, es aborrecible en gran medida, y constituye el fundamento de todos los gobiernos totalitarios“.

De igual modo, en algunas empresas, hay colaboradores que son tan prisioneros del capricho y la soberbia de quienes ostentan tan grandes cuotas de poder, que ni siquiera pueden negociar, preguntar, ni mucho menos cuestionar decisiones que los afectan. Hay individuos absolutamente incapaces de hacer buen uso del poder; la razón es sencilla: en realidad, no son buenas personas.

Cuanto más capacitadas y educadas son las personas de una empresa, tanto más se rechaza a quienes abusan de la autoridad en esta; por eso la ignorancia de pueblos y colaboradores es terreno fértil para los dirigentes prepotentes. Al respecto, Malala Yousafzai, Premio Nobel de la Paz 2014,  afirma: “La educación es un poder para las mujeres, por eso los terroristas le tienen miedo a la educación. Ellos no quieren que una mujer se eduque, porque entonces esa mujer será más poderosa“. Lo bueno es que también existen líderes verdaderos y visionarios que promueven el desarrollo educativo de los pueblos, de los equipos gerenciales y del personal de las empresas.

Una mujer, presuntamente inocente, tuvo que escapar de su país, pues la inculparían por un accidente aéreo. Al no comprender por qué había huido, le pregunté a una de sus amistades la razón. Esta me respondió: “Es que aquí quien tiene el poder tiene la razón”. Se refería, por supuesto, al estado de indefensión de quienes laboran en culturas organizacionales donde “los de arriba” creen poseer el monopolio de la verdad y la imponen. Para Voltarie “Es peligroso tener la razón cuando el gobierno está equivocado”. Igual les sucede a muchas personas en sus empresas; pero ¿no es ese su caso? ¿verdad?p

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