Sergio Balladares
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Al cierre del año 2016, todos los indicadores económicos nacionales han resultado positivos, con crecimiento del PIB, reducciones en niveles de pobreza y más acceso al agua potable y la energía. Además, el Banco Central y Ministerio de Hacienda tienen las cuentas en orden, con las reservas internacionales aumentando, inflación balanceada, aumentos en la recaudación y, en general, salud financiera del país.

Pero, ¿en realidad es financieramente saludable Nicaragua? Ya tomamos en cuenta que las finanzas públicas, pero ¿qué tal si tomamos en cuenta los hogares? Me refiero con esto a qué tan endeudados estamos, a cuáles tasas prestamos, si los seguros de vida están vencidos, y si ahorramos o no.

Ahorrar es una costumbre, un valor y una responsabilidad que, por lo general, iniciamos desde pequeños. Casi siempre inicia con un “chanchito” de barro, donde metemos monedas y billetes, el medio por el cual ahorramos. Cuando ya ese “chanchito” está pesado, lo quebramos y casi siempre la recompensa es comprarnos algo que nos gustaba. Pero, ya como adultos, la cosa cambia. Es decir, hay más responsabilidades, los gastos y compromisos hacen que el ahorro quede en un plano secundario.

De acuerdo con datos del Banco Mundial del año 2014, solamente 19.4% de la población de Nicaragua tenía algún tipo de cuenta en el sistema financiero. Es decir, 4 de cada 5 nicaragüenses no tienen un medio seguro en el cual recibir y disponer de sus ingresos, mucho menos ahorrar o tener un plan de emergencia. Si se trata de financiamiento, solamente el 14% de la población logró obtener financiamiento de una institución regulada, a pesar de que el 42.5% se endeudó.

Por supuesto que esto tiene sus causas. Hacer fila en una sucursal de banco tiene un costo directo de tiempo, y una gran parte de la gente no puede dejar de trabajar para ir a abrir la cuenta y estar periódicamente depositando.

Por supuesto, esto no es único de Nicaragua, ni de América Latina. Según el BM, un 38% de la población del mundo mayor de 15 años tampoco contaba con un medio para depositar su dinero en el 2014. Estamos hablando de alrededor de 1,700 millones de personas que no tienen acceso formal a ahorros, créditos, seguros y medios de pago.

Estar incluido en el sistema financiero no solamente es necesario para ahorrar y recibir financiamiento, sino que está comprobado que es una herramienta efectiva para reducir pobreza. Una persona con una cuenta puede recibir pagos sin tener que trasladarse, controlar el dinero mejor, y brinda independencia financiera. Además, paga intereses y es bastante más seguro.

A nivel internacional, existen iniciativas de las Naciones Unidas y el Foro Económico Mundial dirigidas a apoyar métodos que permitan incrementar la cobertura de servicios financieros, con un enfoque especial en países en desarrollo. También es uno de los pilares de la Fundación Bill y Melinda Gates, reconociendo que la inclusión es necesaria para el crecimiento económico y el desarrollo.

Volviendo a Nicaragua, desde hace algunos años, las instituciones financieras del país han establecido alianzas con comercios y establecimientos para romper con esa barrera de tiempo y distancia que la mayoría del país tiene. Ahora, hay municipios y comunidades donde los varios miles de corresponsales no bancarios son el sustituto de la sucursal, para atender a la población de manera más domiciliar. El viaje al banco se hizo muchísimo más corto.

Las instituciones de microfinanzas también han logrado crecer recientemente tanto en clientes como en cartera, de manera bastante saludable desde el año 2010, acercándose a comunidades donde el capital es escaso. 

Estos modelos de negocio incluso adaptados a las necesidades locales, atendiendo mejor. De la misma forma han encontrado crecimiento las empresas de seguros, con ofertas de cobertura enfocadas en la base de la pirámide.

Además, los sistemas de dinero electrónico ya nos permiten abrir una cuenta sin trasladarnos a un banco, directamente en celulares de cualquier tipo. 

En este particular, Banpro ha sido pionero y ha permitido la apertura de más de 50,000 cuentas de Billeteras Móviles en unos años. Esto gracias a un entorno favorable en cuanto a regulación y la necesidad concreta de miles de nicaragüenses de contar con los productos financieros.

Más allá del objetivo comercial de las iniciativas mencionadas, es importante siempre tomar en cuenta el efecto social de las mismas. Tanto el sector financiero como el Estado deben considerar y establecer indicadores para medirlos, y por supuesto, promoverlos.

*Vicegerente de Innovación de Banpro

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