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  • EFE

La subida de tipos de interés de la Reserva Federal (Fed) de EE. UU., la semana pasada dentro de su anticipado programa de retirada del impulso monetario, contrasta con el agresivo plan de estímulo fiscal prometido por el nuevo Gobierno del presidente Donald Trump.

Tras la crisis de 2008-09, la Reserva Federal ha elevado tres veces el precio del dinero y las últimas dos (diciembre y marzo), han sido después de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales de noviembre pasado.

El Banco Central  ha apuntado a dos subidas adicionales de tipos de interés, actualmente entre el 0.75 por ciento y el 1 por ciento para lo que resta de 2017.

Los indicadores macroeconómicos muestran un panorama saludable: la tasa del desempleo del 4.7 por ciento está en niveles próximos al pleno empleo; el crecimiento del PIB está por debajo de los registros históricos, pero mantiene un ritmo sostenido del 2 por ciento anual y la inflación ha comenzado a repuntar hacia la meta del 2 por ciento anual.

La Fed, que cuenta con doble mandato de promoción del pleno empleo y estabilidad de precios, considera hecho su trabajo de estímulo monetario tras la crisis más aguda vivida por EE. UU. en ocho décadas.

Sin embargo, el nuevo inquilino en la Casa Blanca y la mayoría republicana en el Congreso apuntan a un cambio notable en la política fiscal: Trump ha prometido un agresivo plan de estímulo fiscal con gasto multimillonario en defensa e infraestructura y grandes recortes de impuestos.

Asimismo, se ha comprometido a acelerar el crecimiento hasta entre el 3 por ciento y el 4 por ciento anual, ritmos no vistos en Estados Unidos en más de una década.

Los economistas consideran que es posible alcanzar este objetivo, aunque no lo ven sostenible dado el bajo crecimiento de la productividad actual y advierten que esta inyección fiscal provocará presiones inflacionistas.

"Claro, se puede hacer. Otra cosa es que sea deseable. Para ello es necesario sobrecalentar la economía a través de un gran impulso de la demanda", señaló Olivier Blanchard, ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), en una reciente conferencia en Washington.

Para Blanchard, sin embargo, esto llevaría a la Fed a apurar su ritmo de ajuste monetario para controlar la previsible alza en la inflación y generaría futuras tensiones entre ella y la Casa Blanca.

Distancia

La presidenta del Banco Central estadounidense, Janet Yellen, ha puesto distancia en todas sus comparecencias a la hora de comentar los planes de Trump, y ha remarcado que hay "una gran incertidumbre"  sobre "los plazos y volumen" de estos anticipados cambios en la política fiscal.

Lo cierto es que tras años en los que la Casa Blanca, con el presidente Barack Obama y la Fed, remaban en la misma dirección de impulso económico, ahora parece que los caminos en política monetaria y fiscal empiezan a divergir.

"La transición de política monetaria a política fiscal ha comenzado en EE. UU. y el testigo se ha pasado ahora a los brazos ejecutivos y legislativos del Gobierno", indicó Rick Rieder, jefe de inversión en Renta Fija de BlackRock, en una nota a clientes.

Aunque evita hacer menciones a ello, lo cierto es que la Fed vigila atentamente "el progreso en la traducción del triple plan de Trump (reforma impositiva, desregulación e inversión en infraestructura) en políticas duraderas", explicó, por su lado, Mohamed A. El-Erian, asesor económico y jefe de Allianz, en una entrevista en Bloomberg.

"Si el Gobierno y el Congreso cumplen, la Fed (...) acelerará los plazos de sus alzas de tipos", subrayó El-Erian. Otro de los elementos que planean sobre la política monetaria del banco central en EE. UU. es que Yellen, nominada por Obama, concluye su mandato en febrero de 2018 y corresponde a Trump decidir si continúa o nombra un reemplazo.

Yellen ya ha dicho que pretende agotar su mandato. Trump, por su parte, ha ofrecido las más diversas opiniones sobre Yellen, desde que actuaba políticamente al servicio de Obama  que la consideraba una gran economista, lo que no contribuye a despejar las dudas sobre el futuro monetario de EE. UU.

La presidenta de la Reserva Federal de EE. UU., Janet Yellen, aseguró que la subida de tipos de interés responde al fortalecimiento de la economía del país, a la vez que señaló que aún existe "gran incertidumbre" sobre la política fiscal del nuevo presidente, Donald Trump.

Yellen rechazó que la decisión de la Fed suponga "una respuesta preventiva ante futuros movimientos en la política fiscal", y agregó que existe aún "una gran incertidumbre sobre la cadencia y volumen de estos cambios".

Promesas inciertas

Trump, quien está a punto de cumplir dos meses en la Casa Blanca, ha prometido un agresivo plan de estímulo fiscal a través de notables recortes de impuestos y un aumento del gasto público, aunque por el momento ha ofrecido pocos detalles al respecto.

"El mensaje sencillo es que la economía se está comportando bien", apuntó Yellen, la primera mujer al frente del organismo, en rueda de prensa tras la reunión de política monetaria.

Como esperaban los mercados, la Fed encareció hoy el precio del dinero un cuarto de punto y  remarcó los sólidos progresos de la economía estadounidense, con la tasa de desempleo cerca del pleno empleo y la inflación en torno a la meta anual del Banco Central del 2 por ciento.

Yellen sí que reconoció un "cambio obvio y notable en la confianza" por parte de los inversores, como reflejan los máximos históricos registrados por Wall Street en las últimas semanas.

Sin embargo, matizó que no ha visto "evidencia contundente de una modificación en las decisiones de gasto, basadas en las expectativas de futuro" en línea con la agenda económica promovida por Trump.

La subida de tipos supone el segundo ajuste monetario en tres meses en EE. UU. y el primero desde la llegada al poder del presidente Donald Trump el pasado 20 de enero.