Alfredo Alaniz Downing*
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A partir de los años 90, el acceso al crédito para facilitar el consumo adquiere una gran importancia para los hogares nicaragüenses; sin embargo, las deudas más allá de la capacidad de pago familiar pueden causar un serio deterioro de las relaciones personales, por cuanto las relaciones sociales se construyen cada día más en torno al consumo, como factor determinante de la pertenencia al grupo y valoración social.

Podemos definir el consumo como “un conjunto de procesos socioculturales en que se realiza la propiedad y uso de bienes”. El consumo es parte del ciclo de producción y de reproducción social; además se ha convertido en un mecanismo integrador y de prestigio social, desplazando este proceso del ámbito familiar y laboral que lo originaba. Resulta pues que es por medio de la compra de objetos que el individuo adquiere la autoestima y el reconocimiento social. Es así que actualmente el consumo superfluo ocupa un lugar preferencial en el modo de vida de la población, superando el de las necesidades básicas. 

Está demostrado que el acceso al consumo depende directamente del ingreso familiar y del trabajo que lo genera, por lo que socialmente está estratificado en grupos económicos que representan, -en orden decreciente-, las capacidades de ingreso, de consumo y de endeudamiento. Las oportunidades de consumo en estratos de menores ingresos, están fuertemente vinculadas al crédito comercial, que se ha expandido con el crecimiento económico, los sistemas financieros y los mecanismos comerciales de acceso a bienes. Sin embargo, la abundante oferta de bienes y las facilidades de crédito, han dado lugar a procesos de sobreendeudamiento, entendido este como una contratación de préstamos por encima de la capacidad de pago, con serias consecuencias en los estratos de menores ingresos (o base de la pirámide). 

El endeudamiento puede considerarse como una decisión optimista de consumo si se tratara de una inversión a futuro, o bien una decisión pesimista si refleja una forma compulsiva de vivir un estilo de vida en el presente, trasladando los costos hacia el futuro. Este fenómeno es un comportamiento económico nuevo, difícil de clasificarlo entre una conducta socialmente aceptable o un trastorno del comportamiento que requiere de apoyo profesional para superarlo. Es vivir una paradoja estresante entre placer (consumo) y dolor (deuda), que resulta de la acción de consumir a través del mecanismo del crédito. Si bien el efecto placentero del consumo al crédito es inmediato, el dolor aparece después al no poder pagar la deuda.  Alfredo Alaniz Downing

Hay que recordar que la decisión de consumo en estos casos no está claramente vinculada a necesidades básicas o de vivienda o de capital de trabajo, sino a una tendencia a contraer deudas respecto de artículos que no implican mejora significativa de las condiciones de vida a mediano o largo plazo; más bien responde a factores de prestigio social, influencia de la publicidad en las decisiones y las condiciones de precio y facilidades de pago ofrecidas. 

Las principales consecuencias del endeudamiento según el ámbito de acción del consumidor pueden ser:

En el ámbito familiar: Genera crisis familiar con conflictos, resentimientos y hasta ruptura del vínculo. 

En el ámbito laboral: a) Genera presión por mantener el empleo y los ingresos que permitan amortizar la deuda; b) Amenaza de perder el empleo ante la insistencia de cobradores; y c) Rotación laboral por renuncias para cobrar las prestaciones sociales y pagar las deudas. Las empresas debieran tener una política de tratamiento para enfrentar estos problemas y contribuir a resolverlos como parte de la Gestión del Desempeño Social.

En el ámbito económico: Ante el riesgo de sobreendeudamiento e insolvencia, el sistema financiero restringe el crédito, invalidando la actividad productiva y de consumo cotidiano del consumidor o el microempresario, que en muchos casos puede ser la misma persona. 

En el ámbito social: Puede resultar en una progresiva restricción social del sobreendeudado, que se manifiesta en dos direcciones:

a)    Del medio social hacia el endeudado: Por la reprobación social al no cumplir obligaciones que conllevan valores como la responsabilidad y la honradez. Puede traducirse en la exclusión de la persona de su círculo social, profesional o comercial, que es donde hoy construye gran parte de sus relaciones. A esto se agrega el mal historial de pago que lo excluye del crédito.

b)    Del endeudado hacia el medio social: La sanción moral y la pérdida del acceso al consumo en que se basan sus relaciones sociales, aísla al endeudado y se le dificulta superarlo, por cuanto la atención se enfoca en su deterioro económico que está fuera de su control personal. 

En la búsqueda de soluciones, el consumidor recurre a opciones que el sistema ofrece: reestructuraciones, sobregiros, financiamientos para consolidar deudas, etc., las que pueden llevarlo a mayores compromisos y pérdida del control. Esta situación produce sentimientos de frustración y rabia que le lleva a culpar y responsabilizar de manera insensata al sistema financiero por las dificultades personales que enfrenta. También es frecuente encontrar actitudes de rebeldía negándose a pagar u organizándose con otros deudores en igual situación para ejercer presión y no pagar.

Los consumidores sobreendeudados pueden también identificar como una alternativa de solución algo así como ganarse el premio mayor de la lotería; esto, además de reflejar un optimismo iluso, revela que su problema está fuera de control y de su posibilidad de superarlo.

Finalmente, las experiencias de la educación financiera para personas sobreendeudadas, demuestran que estas personas incorporan con cierta dificultad esos aprendizajes y no modifican significativamente su comportamiento. Además, la superación de una situación de sobreendeudamiento no asegura que no se repita sin un autocontrol, una ayuda profesional y una nueva disciplina financiera. La educación financiera debe ser en estos casos preventiva.


*Director Ejecutivo ASOMIF

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