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Lino Antonio López, de la comunidad Las Flores, municipio de Masaya, era uno de los productores de yuca que cultivaba variedades muy tardías y pocas productivas, lo que hacía menos rentable su producción.

En la actualidad, narra, alrededor de 50 productores de la zona usan variedades de yuca más precoces, que a los 8 o 10 meses cosechan.

“Antes andábamos de 12 meses para arriba. Ahora tenemos variedades de 8 meses y unas intermedias de 10. Entonces, tenemos mejor producción. Hay como 16 variedades, pero la que estamos manejando ahorita es la INTA Reyna, la INTA Perla, la INTA Amarilla y la INTA Dorada, que fueron liberadas hace como un año. Son buenas variedades, porque además son ricas en vitaminas. Tienen A, B y C”, cuenta el productor.

Asimismo, los productores han incrementado exponencialmente su productividad.

“Antes estábamos produciendo apenas 150 quintales por manzana de tierra. Ahora estamos hablando de 250 a 400 quintales y en algunas partes, que son humedales, donde nosotros estamos, producimos hasta 500 quintales”, asevera López.

Una parte de la producción de yuca los agricultores la destinan al mercado local y la otra se la venden a dos empresas que fabrican almidón y harina de ese producto.

De acuerdo con López, se han establecido unos “consorcios” con esas industrias, para garantizar el mercado de manera permanente para su producción.

Ese productor fue uno de los que asistió ayer al acto de clausura del Programa Regional de Investigación e Innovación por Cadena de Valor Agrícola (Priica).

Según Miguel Altamirano, coordinador del Priica, con ese programa, ejecutado en el país por el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) y financiado por la Unión Europea y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), solo en Nicaragua se han beneficiado más de 2,000 pequeños y medianos agricultores.

El programa, cuyo objetivo fue contribuir a la mejoría de la seguridad alimentaria y nutricional de Centroamérica, se enfocó en cuatro productos agrícolas: yuca, papa, tomate y aguacate.

“En Nicaragua, digamos que un resultado es que ya todo el sector de la yuca tiene a disposición más de cinco nuevas variedades que tienen aceptación agroindustrial, para hacer cualquier subproducto de ese cultivo. Además, hay un elemento adicional para seguridad alimentaria y nutricional”, explicó Altamirano.

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De acuerdo con Altamirano, en todo el país son más de 1,000 productores de yuca que están utilizando los nuevos materiales genéticos liberados por el INTA.

TOMATE Y AGUACATE

“En el caso del tomate se puso a disposición una variedad que no es un híbrido. Los híbridos dominan el mercado, y aquí estamos poniendo una variedad que el productor la puede seguir mejorando. Se produjo semilla para más de 100 manzanas”, afirmó.

Dijo que en el caso del aguacate se rescataron variedades y se hizo un catálogo sobre cómo seguir sembrando y establecer más rápido los viveros, para que más productores introduzcan ese tipo de árbol en sus fincas. Agregó que hay variedades disponibles para todas las zonas del país.

Por último, en lo que es la papa, Altamirano manifestó que fue un producto retador y complicado, porque se requieren grandes cantidades de semillas.

“Se ha entrenado y capacitado a muchos productores para que ellos puedan también producir su propia semilla y puedan evitarse la importación de semilla en un futuro”, indicó el coordinador del Priica. 

Hace cinco años, cuando comenzó ese programa en Centroamérica, esas variedades existían, pero no eran conocidas por los productores. 

“No estaban visibles y por muchas limitaciones no estaban disponibles para el productor. Lo que hicimos fue validarlas con los mismos productores y que implementaran nuevas prácticas en sus cultivos, para demostrarse a ellos mismos que lo podían hacer. Lo que hizo el programa fue apoyar esa validación y que el instituto (INTA) pudiera registrar y liberar esas variedades. Antes las conocían uno o dos productores, y ahora la conocen cien o más. Ese es el gran cambio que hay y así se irá multiplicando”, concluyó Altamirano.

De acuerdo con Miguel Altamirano, el programa ha sido muy importante si se toma en cuenta que en Centroamérica existen aproximadamente tres millones de personas que tienen problemas de seguridad alimentaria. 

“Lo más crítico en Centroamérica y el Caribe es que se contabilizaron más de 700,000 niñas y niños, el año pasado, que increíblemente no tienen los tres tiempos de alimentación. Al menos comen al menos una vez al día... Todavía está muy comprometida la seguridad alimentaria. Recordemos que uno es que vos podás comer todos los días, pero dos es que tal vez no comés con la calidad necesaria”, explicó Altamirano. 

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