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El crédito que ha fortalecido el trabajo de sus vidas

Foto por: DREAMSTIME / END

El crédito es un elemento esencial dentro de un país, es necesario para que la propia nación tenga solvencia y dé estabilidad a la sociedad y economía.

Confianza. El acceso a créditos ha permitido cubrir demandas de sectores y personas que no pueden ser beneficiadas por la banca formal. Aquí te compartimos una historia de éxito gracias a MiCrédito.

El crédito permite acceder hoy a lo que, de otra forma, llevaría meses o años adquirir, en vista de ello, el crecimiento de mipymes ha venido a solventar algunas dificultades económicas al ofrecer a las personas de bajos recursos los medios necesarios para transformar sus vidas y las de sus seres queridos a través de servicios financieros, capacitación empresarial, y accesos de servicios de salud; esto a su vez ha permitido que los usuarios exterioricen su confianza al optar por créditos que le han beneficiado de forma satisfactoria.

El crédito es un elemento esencial dentro de un país, es necesario para que la propia nación tenga solvencia y dé estabilidad a la sociedad y economía. A través de un crédito, el segmento poblacional que la banca formal no atiende, logra su inclusión social y financiera en la sociedad nicaragüense. Al obtener un financiamiento, la clave es cómo saber administrarlo para cumplir en tiempo y forma con las fechas de pago establecidas, además de obtener lo esperado en la inversión realizada. A continuación te compartimos la historia de éxito titulada “Artistas de los cortes y puntadas”, referida al caso de dos mujeres emprendedoras, fieles a su trabajo de costurería y quienes están afiliadas a MiCrédito.

Historia de superación

Rosaura y María del Rosario Castillo son dos hermanas que han dedicado toda su vida a la elaboración de prendas de vestir en su natal Granada. La paciencia y la creatividad han sido sus mejores dones para pulir su talento. Rosaura, la mayor de las hermanas relata que la pasión por el arte de confeccionar le nació desde que era una adolescente, inspirada por su mamá doña Amanda, quien también se dedicaba a la “costurería” como se le conoce popularmente al oficio.

Actualmente Rosaura tiene 67 años y recuerda que desde la edad de 14 años ha dedicado su vida a este oficio, bordar es su pasión. “Mi mamá llegaba a la casa y me decía, hija fijate que miré una hechura que va de esta manera y nosotros iniciábamos a cortar la tela conforme ella había visto el diseño”, cuenta Rosaura. En la mejor época del negocio -que funcionaba en el hogar- se elaboraban vestidos para damas, ropa para caballeros y las populares batas para bebés, sin embargo cuando la matriarca del taller experimentó una enfermedad, el negocio fue mermando su producción.

“Con la enfermedad de mi mamá que era la que comerciaba los productos, venimos cambiando a la opción que nosotras pudiéramos producir en el taller; nosotras fuimos buscando el modo de ir cambiando la oferta y confecciones”, comenta Rosaura. Por su parte María del Rosario comparte que por ser la hermana menor el gusto por la costura se le inculcó al observar a sus hermanas mayores manejar las herramientas propias del oficio: el dibujar una “hechura” (diseño) con tiza sobre la tela, cortarla, medir con el cintillo, bordar, todos estos elementos le atrajeron sobremanera desde adolescente.

Actualmente

La vocación por diseñar trajes las llevó a seguir impulsando el mantenimiento de su taller, mismo que actualmente es administrado por ambas y que tiene como principal referencia la elaboración de piezas únicamente por encargo, solo que el proceso de creación está segmentado. Por ejemplo, Rosaura realiza cortes de tela y diseña, y María del Rosario elabora bordados en las máquinas que ambas tienen y además se encarga de la venta, pero también ellas dan empleo subcontratado a otras personas en la ciudad; a veces necesitan cortadoras y caladores de diseños en la tela con la que realizan vestidos.

“Tenemos tres armadoras de vestidos, dos bordadoras, nos hemos especializado en la elaboración de vestidos para todas las edades, seguimos elaborando juegos de sábanas para bebés, y si hay encargo, ocasionalmente elaboramos alguna bata para niño”, dijo Rosaura. María del Rosario indica que la jornada laboral de ambas inicia con los primeros rayos del sol, seleccionando la tela a emplear para los diseños, cortando o dando a cortarla, para luego pacientemente concluir el  proceso armándolas en las máquinas de coser, actividad que les genera en promedio un poco más de 8,000 córdobas en ingresos mensuales.

Su relación con MiCrédito inició a gestarse hace aproximadamente cinco años, y desde entonces se han mantenido como clientas y eso entre otras cosas les ha permitido continuar operando su negocio, adquirir materia prima y generar un ingreso constante en el hogar. “Nuestra vida ha cambiado un poco, sabe, porque sin el crédito nosotros no podemos, descendemos de gente pobre entonces con el crédito vamos haciendo un negocio”, sostiene María del Rosario.