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Ante los retos que se  presentan actualmente a la agricultura, el director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), el mexicano Víctor Villalobos, refiere que Centroamérica tiene que aprovechar la amplia diversidad genética que posee y desarrollar sus propias capacidades técnicas para producir más eficiente y adaptarse al cambio climático.

Villalobos además afirma que, para el desarrollo de la agricultura, se deben trabajar algunos temas con enfoque regional, como el de comercialización y el de los aspectos sanitarios.

¿Cuáles son los retos de la agricultura en Centroamérica?

Yo diría que los retos que enfrenta la agricultura en Centroamérica no son muy diferentes  a los retos que está enfrentando la agricultura en todo el mundo.

Tratan de cómo ser más eficientes en producir alimentos que tienen que estar disponibles para una creciente población en la región y en el mundo.

El principal reto es, entonces, cómo ser más eficientes en producir más en la misma superficie y obviamente tomando en cuenta las limitaciones de los recursos naturales, principalmente con menos agua y con suelos cada vez más erosionados.

Ya no es posible seguir satisfaciendo la demanda de alimentos a expensas de la ampliación de la frontera agrícola, sino que tenemos que reconocer que tenemos que ser más eficientes en la producción. 

Asociado a ese reto, tenemos que estar muy conscientes que lo tenemos que hacer también de forma sustentable. Es más una agricultura más responsable, porque no podemos seguir utilizando o transformando los recursos naturales en alimentos a tan altos costos.

Y el tercer reto importante es también reconocer que tenemos una agricultura que, si bien ha desarrollado tecnologías que hoy día están disponibles, tenemos un rezago muy importante, particularmente en agricultura tropical. 

Los grandes beneficios del conocimiento y la innovación se dieron mucho en la agricultura templada, de grandes extensiones, con acceso a los créditos, la mecanización, la innovación y conocimiento, pero no ha sido equitativo o similar para las regiones tropicales.

Entonces, tenemos para la región centroamericana el gran reto de cómo vamos a adaptar todo este conocimiento para que esa eficiencia finalmente se dé.

Aunado a esto, los retos están asociados con los factores climatológicos. Hoy día reconocemos que el cambio climático es una realidad y que el cambio climático, si bien está impactando en la agricultura, o sea es víctima la agricultura del cambio climático, también tenemos que reconocer que la agricultura ha contribuido con el cambio climático, principalmente por la emisión de gases de efecto invernadero.

Por otro lado, también tenemos que ver que hay oportunidades. Veo con satisfacción que la agricultura es motivo de preocupación de los jefes de Estado, de los líderes del mundo, principalmente porque está la duda de si vamos a poder alimentar a la creciente población.

¿Qué países han avanzado más en productividad en la agricultura en la región?

Habría que reconocer que en el continente americano tenemos todos los gradientes de la agricultura más avanzada, es decir más eficiente en producción, hasta una agricultura más atrasada, que no tiene acceso al conocimiento, a la tecnología. 

Entonces en ese rango tan amplio hay dos polos de avances de la agricultura, por sus condiciones climatológicas, por sus tipos de suelos, por el acceso al agua, que son en la parte norte fundamentalmente Estados, Unidos, Canadá y una parte de México, y la parte sur que son Brasil y Argentina y un poco diríamos Paraguay y Uruguay.

Ahí tenemos los dos polos de estas agriculturas altamente tecnificadas, con recursos, con créditos y conocimientos.

Y en el gradiente, que podríamos decir es la parte central de nuestro continente, tenemos la gran ventaja por un lado que es la zona más diversificada. Es depositario de la diversidad genética y los cultivos nativos. La gran diversidad de materiales genéticos que pueden ayudarnos a mejorar las especies afortunadamente está ahí. Esta es una riqueza que afortunadamente la naturaleza nos ha dado, que se debe fundamentalmente a la orografía y a la ecofisiología de las plantas y animales, y debe estar disponible para ir adaptando los cultivos a los nuevos cambios climáticos que se nos están presentando.

De modo que yo ubicaría por ejemplo a Centroamérica como una región que tiene grandes potenciales en ese sentido. Pero también adolece del avance tecnológico que tiene que darse y prepararse para estas condiciones.

En otras palabras, no es muy eficiente tratar de adaptar e incorporar conocimiento de otras condiciones agroecológicas del norte o del sur, sino que Centroamérica tiene que desarrollar sus propias capacidades técnicas, nuestros marcos y cuadros científicos, para ir atendiendo obviamente diferentes plagas, diferentes tipos de suelos, diferentes condiciones de temperaturas, etcétera.

Entonces, ahí hay un gran espacio para trabajar y ahí es donde las instituciones nacionales, junto con las organizaciones internacionales como la que yo represento, juegan un papel importante.

¿Hay países de Centroamérica que están avanzando más rápido que otros en ese desarrollo tecnológico, como usted refiere?

Yo creo que ahí tendríamos que ver experiencias por cultivo o por sector. Reconocemos, por ejemplo, el avance en la ganadería en Nicaragua, como ya se nos explicó. Es el país, sin duda, más avanzado en cuanto a la cadena de la carne, donde  tenemos claramente los temas de producción, que si bien es una producción a pequeña escala, hay una cadena integrada hasta el procesamiento de la carne con una infraestructura muy bien armada para los cortes. 

Eso no lo tenemos en el resto de los países centroamericanos. 

Costa Rica tiene un desarrollo muy importante por ejemplo en el desarrollo del arroz, también en el tema del cacao. Guatemala es muy especializado en hortalizas, al igual que Honduras. La parte forestal de Honduras es muy reconocida. En fin, habría que verlo en ese sentido.

Lo que vale mucho la pena es buscar aquellos temas que necesariamente tienen que manejarse en forma regional. Ahí cobra un muy importante papel por ejemplo la parte sanitaria y la comercialización.

Yo creo que es muy importante, actualmente y para el futuro de los países Centroamericanos, que exista un mecanismo eficiente de saber cómo son las proyecciones de cosecha. Por ejemplo, Nicaragua es un productor muy importante de frijol y hay países vecinos que están importando frijol de otros países fuera de la región. Yo creo que mucho de esto puede aliviarse a través de un sistema de información mucho más claro y expedito, que permita darse cuenta de que se está produciendo en la región y facilitar su comercio.

El otro tema muy importante es la parte sanitaria. De nada sirve que un país se destaque en el control de una plaga o una enfermedad si los países vecinos no hacen lo mismo. Esto tiene que verse de forma integrada y regional. Afortunadamente tenemos mecanismos de esta naturaleza como Oirsa. Los ministros se reúnen con frecuencia a través del Consejo Agropecuario Centroamericano y atienden estos temas. Yo creo que es un avance muy importante.

¿Tendrían que dejar de prevalecer los intereses individuales de cada país? Nicaragua, por ejemplo, ha tenido dificultades para la comercialización de productos lácteos con Honduras y El Salvador.

Yo creo que es un proceso. No es nada fácil. Tenemos experiencias, por ejemplo, de la Unión Europea, del tratado de libre comercio entre Estados Unidos, Canadá y México, que ahorita está en discusión.

Son procesos complejos que van más allá de la agricultura, pero en el sector agropecuario creo que se cuenta con el gran beneficio de tener un esquema en el cual los ministros dialogan en términos de una visión regional, y eso es muy importante. Esto es algo que ocurre en otras organizaciones regionales, por ejemplo, en Sudamérica y en el Caribe, pero el de aquí es bastante eficiente y en ese sentido creo que se tienen que ir resolviendo problemas de índole tan importante, que ya mencioné, como son la comercialización y los aspectos sanitarios.

Yo quisiera pensar que en el futuro la región centroamericana va a permitir que los países se especialicen en algunos productos o en algunas cadenas; y que sean reconocidas por el resto de países para interdepender de esos productos y no necesariamente favorecer la comercialización de fuera de la región.

Por otro lado, los mismos países centroamericanos compiten, y esto no es negativo, pero lo hacen con los mismos productos, los mismos mercados y las mismas fechas. Entonces, buscar cómo atender un mercado con productos mejores de forma integrada. Por ejemplo, si hay excedente de producción de arroz, que contribuyan tres o cuatro países a la vez y buscar un mercado, y atenderlo con la producción de esos países en vez de que cada uno compita por ese mismo mercado. Son aspectos que tienen que irse resolviendo con el tiempo.

¿Qué tan serios son los problemas del agua y los suelos para la agricultura en la región?

Definitivamente, son muy serios. El tema del agua es muy preocupante. Es un recurso que se escasea cada vez más. Por otro lado, está claro que la agricultura es la que más consume agua, y yo diría, que de una forma no muy eficiente. Le doy algunos datos: para producir una manzana hoy día se requieren 70 litros de agua, cuando en realidad, con tecnología, se podría producir con la mitad y con la misma calidad del producto. Esto se debe a políticas en el pasado, cuando el recurso no estaba tanto en riesgo.

Ahora tenemos que revertir la huella hídrica y tomar en cuenta ya no cuántas toneladas de maíz por hectárea producimos, sino más bien con cuánta agua tenemos que producir esa tonelada. Entonces, es un cambio de mentalidad de que el recurso se está agotando. Por otro lado, están creciendo las ciudades y hay un crecimiento de la industria, que también compiten por este recurso. Entonces, es un tema muy importante.

Otro es el de los suelos, al que poca atención se le ha puesto. Somos como una actividad extractiva. Transformamos los nutrientes del suelo en comida, pero no le retribuimos al suelo parte de lo que le estamos extrayendo y lo pretendemos sustituir con fertilizantes químicos, inorgánicos, y eso cada año está deteriorando el suelo, y lo hace menos fértil.

Tenemos que pensar en un proceso de recuperación de suelos, de restauración de las cuencas, a través de la reincorporación de los productos de cosechas, de la materia orgánica, y sobre todo mantenerlos cubiertos para que la lluvia no lave los suelos, porque después cuesta mucho recuperar. Entre 100 y 1,000 años cuesta recuperar un centímetro de suelo.

  • ¿Cómo se le puede sacar provecho a todas esas oportunidades que usted ha mencionado en la agricultura?

Yo estoy claro de que la agricultura es un negocio. La agricultura tiene que generar excedentes y tiene que impactar en la mejora de la calidad de vida de la sociedad rural. 

En la medida de que eso pueda ocurrir, estaremos incidiendo en la parte del sector social más pobre, pero además el que tiene más riesgos es el que tiene mucho más inseguridad e inestabilidad en cuanto a sus ingresos. Todo este conocimiento, todo este acceso al conocimiento y la tecnología debería estar disponible para minimizar esos riesgos del productor, para facilitar que tenga excedente y con esos excedentes poder participar en el mercado, aunque sea local, aunque sea nacional, o ya sea para exportación, y que pueda percibir una compensación económica por todo ese esfuerzo.

No es en Nicaragua, ni en Centroamérica, sino en general en el mundo que hay una diferencia en la calidad de vida y la gente está migrando de las zonas rurales a las ciudades, para buscar esa satisfacción que posiblemente en su comunidad no tiene. Entonces, estamos perdiendo la capacidad y la fuerza, por ejemplo de los jóvenes y las mujeres del campo, y esa pérdida evita que el conocimiento y la innovación lleguen. Es un tema social complicado, pero soy optimista de que ahí está la riqueza de la región centroamericana, y tenemos que crear políticas que nos permitan capitalizar esas fuerzas.

¿Cuál es el futuro de la agricultura al enfrentarse a retos como el cambio climático?

Yo soy optimista y reconozco que la agricultura será cada día más importante.

Hay algunos datos que nos hacen ver eso. La clase media del mundo está creciendo y es un sector de la población que tiene otra serie de demandas, hacia productos más sofisticados, muchos de los cuales están casualmente en la agricultura, y muchos además son casualmente de esta región, como el café. Ya no es solamente una taza de café, sino que ahora están demandando que sea un café que no tenga tanta cafeína, un café que tenga especial sabor, un café de altura y están dispuestos a pagarlo. Entonces es una gran oportunidad.

El cacao es otro de los productos. Definitivamente, hay una gran demanda del chocolate de alta calidad. Nuevamente estamos hablando de un producto de la región. La carne. Se habla de cortes especializados, de animales que tengan trazabilidad, que hayan sido alimentados con determinados productos, que tengan determinada edad, y todo eso está dispuesto a pagarse, cuando se está vinculando con la calidad. 

Yo veo esto con un gran futuro. Hay que atender los nichos, desarrollar las cadenas y mejorar en cada uno de los eslabones de la cadena los procesos para que los productores se beneficien de ello. 

¿Cómo se plantean la cooperación ante esos retos de la agricultura?

El IICA está cumpliendo, este año, 75 aniversarios de cooperación técnica. Yo creo que organizaciones como el IICA, el CIAT, Catie, el Zamorano, y demás, estamos conscientes de que tenemos que trabajar de una forma más coordinada y más eficiente. Ya no se vale llevar agendas paralelas o competir entre nosotros, sino más bien sumarnos y atender el liderazgo de los ministros de agricultura para fortalecer más nuestra cooperación. 

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