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Los estadounidenses fanáticos del futbol americano y los que buscan una dieta sana pueden agradecerle al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por el guacamole. 

Los preciados aguacates para hacerlo se pueden conseguir sin problema desde Nueva York a Los Ángeles gracias a ese acuerdo comercial.

Y no solo aguacates. Pirámides de mangos, papayas o pimientos con el sello “México” inundan los supermercados de Estados Unidos. El TLCAN, ferozmente criticado por el presidente Donald Trump, ha cambiado la mesa de los estadounidenses.

En veinte años, la oferta para los consumidores se ha transformado radicalmente, con una profusión de frutas y verduras frescas en cualquier época del año gracias al TLCAN, que Estados Unidos, México y Canadá están renegociando a instancias de Trump.

“Tengo 49 años y recuerdo que cuando era pequeño le preguntaba a mi madre en invierno ‘¿dónde están las fresas?’. Y mi madre decía que no era la temporada”, recuerda Jaime Chamberlain, director de JC Distributing, una empresa familiar especializada en la importación y distribución de frutas y verduras de México. “Ahora hay una generación que nunca notará esa falta”, dice.

El TLCAN no buscaba cambiar la dieta de los estadounidenses, señala Steven Zahniser, economista e investigador del departamento de Agricultura de Estados Unidos. Sin embargo, existe una correlación entre este acuerdo y un aumento del consumo de frutas y verduras frescas, porque “el TLCAN ha eliminado todos los aranceles aduaneros entre los tres países”, explica.

Antes de la entrada en vigor del TLCAN en 1994, los aranceles que se pagaban eran “astronómicos”, apunta Chamberlain. Por ejemplo, los melones se gravaban con el 30%, los tomates a alrededor del 20%.

Difícil bajo estas condiciones exportar a Estados Unidos y que los consumidores accedieran a productos frescos, variados y asequibles. Solo tres o cuatro estados mexicanos le vendían al mercado estadounidense.

Hoy, todos los estados de México envían sus productos frescos a sus vecinos, explica Chamberlain, quien tomó las riendas de JC Distributing en 1987.

“Ha habido un fantástico crecimiento de la agricultura mexicana, que finalmente benefició tanto a los consumidores estadounidenses como a los canadienses”, dice.

Super Bowl

El aguacate mexicano es el ejemplo más claro. Casi prohibido en Estados Unidos hasta 1993 por razones fitosanitarias, esta fruta se consume masivamente en el país después de que el TLCAN le abrió las puertas.

Su consumo se ha triplicado desde la vigencia del tratado, según el Departamento de Agricultura.

Estados Unidos se ha convertido incluso en el mayor importador de aguacates del mundo para satisfacer una demanda creciente. Hace 25 años, las importaciones de aguacate eran nulas. Hoy el valor de las mismas asciende a US$1,000 millones al año, señala Zahniser.

La gran comunidad mexicana en Estados Unidos ayudó a popularizar el consumo de aguacate en sándwiches y ensaladas, pero sobre todo en el guacamole, actualmente el aperitivo más popular para el Súper Bowl.

“Se encuentra guacamole en todos los restaurantes, no solo en los mexicanos. Es un refrigerio muy saludable”, anota Chamberlain.

Las virtudes del aguacate para la salud también pesaron en el incremento de su consumo, según Agnes Pérez, economista del Departamento de Agricultura estadounidense.

“El aumento de la conciencia de los beneficios de las ‘grasas saludables’, como las grasas monoinsaturadas que se encuentran en los aguacates, también juegan un papel en el crecimiento de la demanda”, explica.

Las campañas para promover una dieta equilibrada contribuyeron además a un mayor apetito de los estadounidenses por los frutos rojos, considerados en los últimos 15 años un “superalimento para el cerebro”.

La “abrumadora demanda” de fresas, frambuesas, arándanos y moras es una de las mejores historias del sector agrícola mexicano junto con la del aguacate, dice Chamberlain.

Para él, el TLCAN es también un formidable laboratorio para experimentar nuevas variedades de productos frescos, como los minipimientos que ahora colorean los puestos de los supermercados.

En un país como Estados Unidos, donde un tercio de los adultos son obesos, el desafío, dice, es ofrecer frutas y verduras atractivas que den ganas de comer, pero que también sean sabrosas.

“A un chef, el TLCAN le garantiza encontrar los 365 días del año todos los ingredientes que necesita”, dice Chamberlain. Aun así, el consumidor es finalmente el que decide.

El TLCAN “ha hecho las cosas más asequibles, pero depende de uno comprarlas y comerlas”, afirma.

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