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Quienquiera que se proponga comprender las relaciones económicas entre América Latina y el Caribe (ALC) y Asia debería plantearse las siguientes tres preguntas: ¿hacia qué lugar de Asia exporta ALC la mayor parte de los bienes manufacturados (como porcentaje de las exportaciones totales)? ¿Qué economía asiática tiene la mayor cantidad de socios latinoamericanos en tratados de libre comercio (TLC)? ¿Qué país asiático destina la mayor proporción de Inversión Extranjera Directa (IED) en ALC al sector manufacturero?

La respuesta a estas tres preguntas es Corea.

Estos puntos ponen de relieve el hecho de que, durante la última década y media, Corea ha surgido como un socio estratégico para el comercio, las inversiones y la cooperación con ALC; un dato que muchas veces se pasa por alto, debido a que toda la atención está puesta en China. Un nuevo informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), titulado “Corea: Nuevas fronteras en la relación entre Asia y América Latina”, presenta un análisis más minucioso de la relación Corea-ALC, que viene a llenar este vacío.

A primera vista, los lazos económicos de ALC con Corea parecen seguir el patrón general de los vínculos ALC-Asia.

Desde principios de la década de 2000, se produjo un rápido aumento del comercio bilateral entre Corea y ALC, con un crecimiento anual promedio del 21% entre 2003 y 2011, impulsado por una fuerte complementariedad de los factores, un auge de los productos básicos sin precedentes y el crecimiento vertiginoso de China y del resto de Asia. Las exportaciones de ALC a Corea están compuestas, principalmente, por materias primas —como los metales, el petróleo y los productos agrícolas básicos—, mientras que la región importa un abanico más diversificado de bienes manufacturados.

Tendencias

Sin embargo, desde 2012, comercio con Corea se estabilizó y, desde 2014, se contrajo, lo cual refleja el fin del súper ciclo de los productos básicos y un crecimiento más letárgico en ambas regiones. Este comportamiento, una vez más, es reflejo de las tendencias más generales que se observan en el comercio Asia-ALC.

La historia entre ALC y Corea también presenta varias características particulares.

En primer lugar, incluso dentro del patrón general de intercambio de productos básicos por manufacturas, ALC siempre exportó una mayor proporción de bienes manufacturados a Corea (un 22% en el período 2013-2016) que a China (17%) o a Japón (20%). Estas exportaciones de manufacturas comprenden una combinación de exportaciones basadas en los recursos naturales —como los alimentos elaborados, los metales refinados y los derivados del petróleo—, así como bienes de más alta tecnología —como los equipos de telecomunicaciones, las autopartes y el instrumental médico—.

Producto de este gran éxito de las exportaciones de bienes manufacturados, la canasta exportadora total de la región hacia Corea está más diversificada que la que exporta hacia China o Japón, aunque menos que la canasta de exportaciones que se dirigen a Estados Unidos y Europa.

Otro rasgo distintivo de la relación ALC-Corea es que el boom del comercio que se produjo a mediados de la década de 2000 estuvo fuertemente asociado a un alza muy marcada de la IED de Corea a ALC —impulsada, en su mayor parte, por el sector manufacturero, que dio cuenta de más del 80% del flujo entrante de IED coreana desde 2003, por un total de US$14 100 millones. Cabe destacar que estas inversiones siguieron siendo fuertes en los últimos años, con un promedio de US$1.700 millones por año entre 2011 y 2016, a pesar de la retracción del comercio.

Un tercer aspecto en el que la relación Corea-ALC va más allá del típico intercambio de productos básicos por manufacturas es la intensa agenda de cooperación entre sus gobiernos, que complementó y ayudó a profundizar los vínculos comerciales y de inversiones.

Por un lado, Corea ha asumido un liderazgo en cuanto a la firma de TLC con ALC, ya que suscribió el primero entre ALC y Asia, que fue el tratado firmado con Chile en 2003 y, en los últimos años, expandió su red de TLC por medio de acuerdos con Colombia y con cinco países centroamericanos, al tiempo que profundizó, asimismo, sus relaciones con los bloques regionales, como la Alianza del Pacífico.

La cooperación tampoco se limita a los acuerdos comerciales. Corea ha puesto en marcha una serie de programas de cooperación técnica, intercambio de conocimientos y desarrollo de capacidades, que abarcan diferentes temas, como la ciudades inteligentes, la promoción de las pyme y el ajuste a la economía digital, entre otros. Este tipo de esfuerzos de política proactivos y con visión de futuro serán cruciales para mantener el impulso actual de las relaciones Corea-ALC en un entorno global tan incierto.

En primer lugar, nos encontramos ante el desafío de reavivar el comercio y seguir promoviendo la diversificación de las exportaciones de la región hacia Corea. El logro de estos objetivos exigirá que se aborde el problema de las persistentes barreras impuestas por la política comercial, como los obstáculos no arancelarios y regulatorios, así como la mejora de la conectividad física para reducir los costos de transporte entre estas economías distantes.

Asimismo, ambas partes tienen que tratar de promover las inversiones coreanas en investigación y desarrollo y en sectores de servicios innovadores para complementar las operaciones tradicionales de manufactura y ensamblado, que constituyen el grueso de la IED coreana. En un futuro ideal, las empresas coreanas de la región no solo estarán fabricando automóviles, sino también diseñando el software que estos emplean para funcionar.

*Esta columna fue publicada originalmente en el blog Más allá de las fronteras del BID.

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