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En cada elección, en el barrio Guadalupe siempre procuran ser la primera zona de Granada en cerrar las Juntas Receptoras de Votos (JRV), dice María Suazo, una mujer que desde las siete de la mañana de este domingo se apostó en el colegio que lleva el mismo nombre, al este de la ciudad. En los últimos comicios, comenta, los Centros de Votación (CV) empalmaron las puertas del viejo edificio después de las cinco de la tarde, cuando ya la mayoría de personas que conforman el padrón electoral habían depositado sus votos en las urnas.

Este año no será la excepción, reta Suazo. Como ella también piensa una señora octogenaria a la que su discapacidad no fue una limitante para participar en una elección más. No se despertó a la hora que planeó ayer, pero en cuanto abrió los ojos, a las ocho de la mañana, pensó en ejercer un derecho que como ciudadana le corresponde , es un derecho cívico, agrega Felipa. “Siempre he sido de cepa liberal, y aunque no me agraden los candidatos, debo elegir, debo participar”, comenta mientras muestra su dedo pintado con tinta indeleble.

El departamento de Granada elige este domingo a tres diputados. Los municipios que conforman este departamento escasamente conocen a los candidatos que se están postulando a este puesto público. En Diriomo, por ejemplo, solo mencionan el nombre de la candidata a diputada por el Frente Sandinista, María Lidia Mejía. Quizá la recuerden porque en elecciones anteriores ya había resultado ganadora en la casilla del mismo partido. “Mejía es a la único que recuerdo, fue una excelente diputada”, cuenta la pobladora Esteban Ticay.

En un día de elecciones cabe todo. Desde la gente que saca sus sillas para contemplar en sus aceras el movimiento de personas para salir a votar hasta quienes días antes compran aguardiente para embriagarse mientras el Consejo Supremo Electoral (CSE) anuncia a los victoriosos de hoy. También hay personas que en medio de la agitación electoral contemplan muertes y nacimientos. Luis Fernández enterró a su pequeño hijo de dos años y Rosa Agurcia recibió, a las diez de la mañana, a la niña que estaba previsto nacer ayer.

En Masaya, el departamento vecino de Granada, el panorama es casi igual. Bajo el picante sol de mediodía los fiscales y policías electorales del Colegio Salesiano Don Bosco contemplaban la afluencia de personas que entraban y salían del recinto educativo que en tiempos electorales recibe a católicos y evangélicos. “Los evangélicos solo en elecciones entran a lugares católicos”, bromea un joven que aguarda en una fila de la institución. Se llama Juan Espinoza, tiene 25 años y vota por segunda vez.

La Ciudad de Las Flores es el único departamento de Nicaragua que elige a cuatro diputados ante la Asamblea Nacional, de acuerdo al CSE. Aquí tampoco se sabe mucho de los candidatos, la imagen dura es la de Daniel Ortega, candidato presidencial del FSLN, y Maximino Rodríguez, candidato presidencial del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Como en Granada, en esta ciudad también resiste la vieja costumbre de los pobladores que se sientan en las aceras de su casa. Ahí están hablando de partidos políticos, reprochando si votan o no, y reflexionando sobre el porvenir de Nicaragua.

Hay quienes como Luisa Cano, un señora de 90 años, habitante del barrio La Reforma, que se animó a participar del proceso electoral porque probablemente “esta sea la última vez que pueda hacerlo”. “Ya estoy vieja, no sé si llegue viva a las próximas elecciones”, expresa la anciana, mientras regaña a su nieta, una mujer veinteañera, para que le deje entrar sola a la JRV número tres que se ubica en el CV 020. En este mismo lugar el coordinador del CV, Eldin Canales, repetirá lo que han dicho todos sus pares: “Las votaciones han estado fluidas y sin ningún problema”.

 

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