29 de mayo de 2011 | 00:00:00

Mojarras de Apoyo a Museo Smithsonian

Jeffrey McCrary* | Especiales

Mojarras de Apoyo a Museo Smithsonian
Pareja de la mojarra pequeña (Amphilophus astorquii) cuida sus crías en la Laguna de Apoyo. Adrianus Konings / END


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El mundo de la ciencia es muchas veces inaccesible a los meros mortales, por su jerga lacónica y aburridamente detallada, y por su dependencia en formalidades y en conocimientos tan especializados que al final, un evento o conocimiento nuevo puede pasar inadvertido completamente por el público. Lo mismo ha pasado con los recientes acontecimientos sobre un tema meramente nicaragüense, nuestra mojarra común (Amphilophus spp). Hay muchos conocimientos nuevos sobre la mojarra, o mejor dicho, las mojarras, peces meramente nicaragüenses, y a continuación lo resumo.

Ya sabemos que las mojarras son muchas (y no una), podría haber docenas de especies, de las cuales conocemos muy pocas hasta la fecha. Se parecen bastante todas las especies, por lo cual se ha discutido entre científicos cuántas distintas habría en este grupo. El norteamericano George Barlow (q.e.p.d.) descubrió la mojarra flecha (Amphilophus zaliosus) en 1976, así pudo comprobar que hay distintas especies de mojarras con diferencias medibles entre ellas. Como su apodo en español sugiere, este pez es relativamente alargado, en comparación con las otras mojarras que ocupan su mismo hábitat, la Laguna de Apoyo.

Durante el último año, la Unión Mundial para la Conservación de la Naturaleza (con siglas IUCN) evaluó el estado de conservación de la mojarra flecha. La ubicaron en la categoría “Peligro Crítico”, es decir, próxima a extinguirse. Las razones por las cuales se les consideró con tanto riesgo de extinguirse son, entre otras, su estrecho hábitat de solamente cuatro kilómetros de diámetro, y la limitada población estimada sobre la base de un análisis poblacional de la especie, publicada en la Revista Nicaragüense de la Biodiversidad y de la Conservación en 2008. Solo el 5% de los 2,431 nidos monitoreados por nuestro grupo de investigación en la Laguna de Apoyo fueron de esta especie.

También, durante 2010, se publicaron las descripciones oficiales de dos especies más de las mojarras que ocupan la Laguna de Apoyo. Amphilophus supercilius, o la mojarra cejada, recibió su nombre por su aspecto de rostro fruncido. En publicaciones anteriores, se refería a esta especie como Amphilophus ‘barlow’, pero por razones de reglas de nomenclatura científica, el estimado Dr. Barlow no pudo ser conmemorado con el nombre oficial del pez.

La mojarra barrigona
También se publicó la descripción de la mojarra barrigona, Amphilophus globosus, apodada por su abdomen sobresaliente. Esta especie tiene fondo de color amarillo teñido con dos prominentes manchas laterales que se aumentan hasta a ocho cuando está en su ciclo reproductivo. El documento oficial se publicó en Proceedings of the Biological Society of Washington, una revista relacionada con el Museo Smithsonian, en la capital de los Estados Unidos, con los autores Matthias Geiger, de la Colección Zoológica del Estado de Bayer en Munich; Jay R. Stauffer Jr., de la Universidad Estatal de Pennsylvania, y yo.

El descubrimiento oficial de estos dos peces brinda a la Laguna de Apoyo un total de seis especies de mojarras habitantes. En nuestros extensivos muestreos por todo el rango natural de la mojarra, no hemos encontrado peces iguales a los de la Laguna de Apoyo en ningún otro sitio. Y ahora, tenemos información genética que comprueba que este grupo de peces solo se encuentra en este lugar.

En un estudio publicado en 2010 en la revista Molecular Phylogenetics and Evolution, demostramos que todas las especies de mojarras encontradas en la Laguna de Apoyo son distintas a las descubiertas en otras aguas. Este último estudio se realizó en colaboración con Matthias Geiger y Ulrich Schliewen, de la Colección Zoológica del Estado de Bayer, en Alemania.

Los colegas Marta Barluenga y Axel Meyer, de la Universidad de Konstanz, en Alemania, encontraron resultados similares en un estudio genético publicado en la revista BMC Evolutionary Biology, el año pasado. Mientras en nuestro estudio se manifestaron siete diferentes trayectorias evolutivas aisladas, principalmente en diferentes lagunas cratéricas, este estudio más reciente manifiesta ocho.

Los resultados de ambos estudios genéticos apoyan la hipótesis de que la mojarra se originó en los lagos nicaragüenses, y luego colonizó las lagunas cratéricas, donde cada población aislada evolucionó un complemento distinto de especies de mojarras tras el paso de tiempo.

Estrategia contra depredadores
En una colaboración con Axel Meyer y Topi Lehtonen, estudiamos cómo algunas mojarras protegen a sus crías de depredadores potenciales. En una publicación en la revista Behavioural Processes, presentamos que la mojarra flecha manifiesta el llamado efecto “querido enemigo”, es decir, los padres ajustan su agresividad contra individuos de otras especies según el estado reproductivo reflejado en su coloración.

La mojarra flecha asigna el riesgo a cada individuo de los potenciales depredadores, dando riesgo bajo a los que tienen coloración reproductiva, y riesgo alto a los que no tienen la coloración reproductiva, reflejado en su agresividad contra cada uno. Este reconocimiento permite a la mojarra flecha economizar su uso de energía en la defensa de sus crías, aplicando más atención a los potenciales depredadores que presentan mayores riesgos.

Los estudios genéticos antes mencionados validan nuestra estrategia para distinguir las especies entre las mojarras. Nos basamos en observaciones subacuáticas directas mediante buceo con botellas de aire, estudios multivariados morfométricos de los peces, y estudios ecológicos.

El proceso de darle su nombre oficial a cada especie de mojarra encontrada en las aguas de Nicaragua es lento y tedioso, pero es necesario para asegurar su protección. Necesitamos saber la identidad de cada especie, sus necesidades ecológicas, su rango natural y su población total, para poder asegurar la continuada protección de cada especie en su hábitat natural. Sin embargo, nos falta muchísima información.

Nombres oficiales se han dado a tan solo 11 especies de mojarras, donde estamos más seguros que nunca de la existencia de unas 30 especies o más, en la cuenca del Río San Juan. De las 11 especies descritas, solo la mojarra flecha goza de un análisis de su estado de conservación de parte de la UICN. De las especies recientemente descritas, al menos cuatro más se encuentran en condiciones de mayor peligro que la mojarra flecha, con menores estimadas poblaciones, así podríamos anticipar la posible ubicación de varias especies más de este grupo en ”peligro crítico” en la próxima ronda de evaluación de la UICN.

La protección de estas especies se basa, principalmente, en la protección de su hábitat, lo que abarca ocho lagunas cratéricas. Tenemos la obligación de entregar estas lagunas a los hijos y nietos en buen estado natural, y es tiempo para acciones claras y severas.

Son hábitats muy sensibles a alteraciones humanas, lo cual ya se ha comprobado por los desastres modernos en las lagunas de Masaya, Nejapa y Tiscapa.

¿Cuántas especies de mojarras se extinguieron en los sucesos en estas lagunas? No sabemos. ¿Cuántas más tienen que extinguirse?

Amerita mencionar en nuestro trabajo en Fundeci/GAIA las colaboraciones, las cuales incluyen a estudiantes de la UNAN-Managua y de la UNAN-León, al Centro de Biología Molecular de la UCA, al Marena, y a muchísimos voluntarios de diversos países dispuestos a laborar con nosotros en este esfuerzo.

Como se puede apreciar arriba, las mojarras ya son tema de interés entre científicos de todo el mundo. Pero Nicaragua no debe contar con los científicos extranjeros para velar por el patrimonio nacional. La sociedad civil y el gobierno deben ejercer un papel beligerante en la protección y uso sostenible de estos peces.

*Director de Programa, Fundeci/GAIA
apoyo@gaianicaragua.org

Estrategia contra depredadores

En una colaboración con Axel Meyer y Topi Lehtonen, estudiamos cómo algunas mojarras protegen a sus crías de depredadores potenciales. En una publicación en la revista Behavioural Processes, presentamos que la mojarra flecha manifiesta el llamado efecto “querido enemigo”, es decir, los padres ajustan su agresividad contra individuos de otras especies según el estado reproductivo reflejado en su coloración.
La mojarra flecha asigna el riesgo a cada individuo de los potenciales depredadores, dando riesgo bajo a los que tienen coloración reproductiva, y riesgo alto a los que no tienen la coloración reproductiva, reflejado en su agresividad contra cada uno. Este reconocimiento permite a la mojarra flecha economizar su uso de energía en la defensa de sus crías, aplicando más atención a los potenciales depredadores que presentan mayores riesgos.
Los estudios genéticos antes mencionados validan nuestra estrategia para distinguir las especies entre las mojarras. Nos basamos en observaciones subacuáticas directas mediante buceo con botellas de aire, estudios multivariados morfométricos de los peces, y estudios ecológicos.
El proceso de darle su nombre oficial a cada especie de mojarra encontrada en las aguas de Nicaragua es lento y tedioso, pero es necesario para asegurar su protección. Necesitamos saber la identidad de cada especie, sus necesidades ecológicas, su rango natural y su población total, para poder asegurar la continuada protección de cada especie en su hábitat natural. Sin embargo, nos falta muchísima información.
Nombres oficiales se han dado a tan solo 11 especies de mojarras, donde estamos más seguros que nunca de la existencia de unas 30 especies o más, en la cuenca del Río San Juan. De las 11 especies descritas, solo la mojarra flecha goza de un análisis de su estado de conservación de parte de la UICN. De las especies recientemente descritas, al menos cuatro más se encuentran en condiciones de mayor peligro que la mojarra flecha, con menores estimadas poblaciones, así podríamos anticipar la posible ubicación de varias especies más de este grupo en ”peligro crítico” en la próxima ronda de evaluación de la UICN.
La protección de estas especies se basa, principalmente, en la protección de su hábitat, lo que abarca ocho lagunas cratéricas. Tenemos la obligación de entregar estas lagunas a los hijos y nietos en buen estado natural, y es tiempo para acciones claras y severas.
Son hábitats muy sensibles a alteraciones humanas, lo cual ya se ha comprobado por los desastres modernos en las lagunas de Masaya, Nejapa y Tiscapa. ¿Cuántas especies de mojarras se extinguieron en los sucesos en estas lagunas? No sabemos. ¿Cuántas más tienen que extinguirse?
Amerita mencionar en nuestro trabajo en Fundeci/GAIA las colaboraciones, las cuales incluyen a estudiantes de la UNAN-Managua y de la UNAN-León, al Centro de Biología Molecular de la UCA, al Marena, y a muchísimos voluntarios de diversos países dispuestos a laborar con nosotros en este esfuerzo.
Como se puede apreciar arriba, las mojarras ya son tema de interés entre científicos de todo el mundo. Pero Nicaragua no debe contar con los científicos extranjeros para velar por el patrimonio nacional. La sociedad civil y el gobierno deben ejercer un papel beligerante en la protección y uso sostenible de estos peces.

 *Director de Programa, Fundeci/GAIA
apoyo@gaianicaragua.org

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