22 de enero de 2012


Una droga que esclaviza a su víctima en torno al otro

“Ni contigo, ni sin ti”


El codependiente suele olvidarse de sí mismo para centrarse en los problemas del otro. Por lo general se relacionan con gente “problemática”, para poder rescatarla y crear de este modo un lazo que los una

Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza Neurólogo-Psiquiatra | Especiales

“Ni contigo, ni sin ti”

Se puede ser adicto a casi a cualquier cosa, incluso al amor; sin embargo, no deja de ser un problema mayúsculo cuando se inventan excusas para no salir de una relación viciada que agobia y deprime, como la que narraré a continuación.

Por esas casualidades de la vida un día que me encontraba tomándome un café en un quiosco de esos que están instalados en los centros comerciales, vi de pronto pasar a una vieja amiga que tenía muchos años de no ver. Precipitadamente me alce de mi silla y fui corriendo tras ella para saludarla, después de los abrazos y preguntas de rigor la invite a que me acompañara a tomar un café cosa que aceptó de buen gusto.

Durante la conversación me puso al corriente de su vida, la última vez que nos habíamos visto hacia ya unos quince años, Laura, como se llama mi amiga -una simpática mujer de unos 35 años-, me refirió que cuando tenía 20 años se enamoro locamente de un hombre de su misma edad, comenzaron un romance de esos que hoy les llaman amigos con derechos, pasaron los cinco años de universidad viéndose a diario y teniendo relaciones sexuales cuando él se lo pedía. Al terminar la universidad él encontró trabajo en un banco y poco a poco fue ascendiendo de puestos hasta convertirse en el jefe de una sucursal bancaria.

Durante ese período continuaban viéndose y llamándose por teléfono con frecuencia. Cuando ella tocaba el tema de una relación más formal o de contraer matrimonio, él siempre tenía una excusa, le decía que no tenía suficiente dinero y que era mejor mantener la relación así a como estaban porque el convivir juntos desgastaba la relación de pareja, que aún eran muy jóvenes ¡En fin! las excusas posibles.

Tras la verdad

A los ocho años en esta relación, se enteró por unas amigas que este joven tiene una relación de más de un año con otra mujer, pero las sorpresas no terminan allí, cuando enfrenta a su amigo (no encuentro otra forma de llamarlo) este le dice que es cierto, que está muy enamorado de esa persona, que tienen fijada la fecha de boda para dentro un mes y que no le ha dicho nada porque la considera mucho, la ama intensamente y no la quiere perder; pero a la otra persona también.

Mi amiga me refirió haber sentido un profundo dolor y que no podía explicarse el porqué de su decisión, pues ella vivía muy preocupada por él, por prepararle y alistarle su ropa cuando lo necesitaba, por su estado de salud y hasta el más mínimo detalle.

Me sentí con la confianza suficiente para preguntarle por qué no había terminado esa relación. Me respondió que era un hombre muy dulce con ella, pero distante, no le gustaba que lo conociera profundamente, ponía límites a la relación principalmente con el tiempo que le dedicaba, y siempre rehusó bajo miles de pretexto el formalizar.

Tras dos semanas que su amigo le comunicó que se casaba, la futura esposa la llamó a su celular y le comentó que tenían un año de haberse casado civil y que no hace mucho se había enterado  por él mismo, de esta otra relación, la cual calificó como “una cosa sin importancia” basada en el acoso y la insistencia de ella, quien lo vivía buscando. Mi amiga le respondió que todo lo que él decía era cierto.

Después de escuchar esta última parte de su historia pensé mucho al respecto y me armé de valor para preguntarle el por qué le respondiste de esa manera. Ella respondió, que como lo quería tanto no deseaba estropear su matrimonio ni su felicidad.

A los dos días de esta conversación con la esposa de su amigo, recibió un correo de él, donde se despedía de ella, no sin antes recalcarle que la amaba y que no podía olvidarla.

Una adicción silenciosa

Cuatro años después, por esas cadenas de correos en Internet, descubrió su correo electrónico y no se resistió a escribirle para saber de él. Comenzaron los correos y ella se enteró de que su situación económica era muy mala, lo llamó y le dio dinero, le compró ropa, le ayudó a pagar las cuentas pendientes de su casa y finalmente se lo llevó a trabajar a su compañía, en donde poco a poco llegó a ocupar un puesto superior al de ella.

La relación entre ambos continuó. Ella siempre  amorosa, pero decía desear por todos los medios que sufriera un poco de lo que ella había sentido. Se dejó embarazar para, según afirma, tener algo de él, pero la esposa al enterarse, presionó para terminar nuevamente esta relación. Desafortunadamente, mi amiga tuvo un aborto espóntaneo al quinto mes de gestación. Justo cuando él decide terminar la relación. Ella desesperada y en estado depresivo se dio de baja de su trabajo y tiempo después decide regresar a Nicaragua.

 

Alerta a las señales

 

Evidentemente mi amiga vive o vivió, aún no lo sé, una situación de codependencia, misma que no es ajena para muchas personas, quienes se aferran a relaciones llamadas “ni contigo, ni sin ti”, negándose a ser felices por vivir en un círculo vicioso

La palabra asusta a muchos de mis pacientes, pues la relacionan con adicciones y ellos suponen que no las tienen, pero se puede ser adicto o dependiente casi a cualquier cosa, incluido el amor.

Estas personas inventan cualquier excusa para no salir de la relación que los agobia, ya que temen enfrentarse a los cambios que esto implica, reciben maltrato de sus parejas y sin embargo, continúan con la relación.

El codependiente suele olvidarse de sí mismo para centrarse en los problemas del otro (su pareja, un familiar, un amigo, etc.), es por eso que es muy común que se relacione con gente “problemática”, justamente para poder rescatarla y crear de este modo un lazo que los una.

Así es como el codependiente, al preocuparse por el otro olvida sus propias necesidades y cuando la otra persona no responde como espera, este se frustra, se deprime e intenta controlarlo aún más.

Con su constante ayuda, el codependiente busca generar, en el otro la necesidad de su presencia, y al sentirse necesitado supone que nunca lo van a abandonar.

Es muy común que en una relación, el codependiente no pueda poner límites y sencillamente todo lo perdone, a pesar de que la otra persona llegue a herirlo de manera deliberada, esto es simplemente porque el codependiente confunde la “obsesión” y “adicción” que siente por el otro con un inmenso amor que todo lo puede.

Por ende, el codependiente es incapaz de alejarse por sí mismo de una relación enfermiza, por más insana que esta sea, y es muy común que lleguen a pensar que más allá de esa persona se acaba el mundo, hasta que reconocen su condición psicológica y buscan ayuda para terminar con la codependencia o no volver a generar su codependencia en otras personas o en futuras relaciones”.

La codependencia consiste en estar total o casi totalmente centrados en una persona, un lugar o en algo fuera de nosotros mismos. La codependencia se caracteriza por una negación inconsciente de nuestras emociones.


Tome nota:

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Dr Francisco Javier Martínez Dearreaza
Universitá degli Studi di Pavia-
Italia
Clínica San Francisco
De donde fue Camas Luna de Montoya 90 varas arriba.
Teléfono: 2222-2494  
Móvil: 8877-1894

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