
Empleo casi no hay,
pero trabajo hay en p…
¿Estás loco? Fue la expresión del director de la empresa donde me desempeñaba como gerente de mercadeo y ventas, cuando leyó mi carta de renuncia. Y no dejaba de tener razón. Dejar un buen trabajo a los cuarenta y siete años para lanzarse al vacío sin paracaídas y sin protectores, solamente lo hace un loco. ¿O quizá, no? Bueno, ustedes lo decidirán cuando terminen de leer estas líneas.
Casi dos años después de aquella decisión, la vida puso frente a mí dos personajes: primero, un hombre que vendía cemento, clavos y tornillos a la orilla de una carretera, y cierto tiempo después era dueño de una pequeña ferretería. Otro, fue un fabricante de muebles para jardín, que me dijo que los hacía con aluminio recolectado en el basurero de Acahualinca.
Para ese tiempo, estaba impartiendo clases en la universidad, y observaba que los profesores utilizaban ejemplos de empresarios extranjeros. La respuesta del estudiantado era la misma: “aahh, es que eso es allá, en otro país, aquí ni soñarlo”. Un día de tantos, escribí un par de páginas proponiendo al director de El Nuevo Diario, Francisco Chamorro, publicar historias sobre las personas que triunfan en el mundo empresarial de nuestro país. Propuesta un poco loca, si consideramos que no soy periodista. Chamorro, en un acto de audacia, me asignó una página completa del periódico. El cuatro de febrero de 2002 salió publicada la primera historia emprendedora; la de aquel hombre de la carretera, ahora dueño de Ferretería Nejapa. Hoy cinco de febrero de 2012, sin darme cuenta cómo, han pasado diez años. Por tal razón, me coloco frente al espejo de mí mismo y entrevisto al nuevo Arnulfo, porque sé lo que siente y lo que quiere decir.
¿Por qué dices que ya no sos vos?
En estos últimos diez años terminé de encontrar mi identidad; antes fui uno más, ahora sé que soy un misionero del Emprendedurismo, como me calificara hace tiempo el prestigioso periodista Edwin Sánchez. Y eso que cuando lo escribió ni yo me lo creí. Aquel Arnulfo Urrutia no es el mismo de ahora.
¿Qué significa exactamente ser un misionero en materia de emprendedurismo?
Predicar su esencia y bondades en todo momento y en cualquier lugar. Resaltar las cualidades de la persona emprendedora. Motivar a la resolución de problemas, a la innovación.
¿En algún momento te preguntaste si habías cometido un error al dejar aquel trabajo tan bien pagado?
Tuve momentos difíciles. Altibajos de la vida. En una ocasión no tenía para pagar la mensualidad de mi automóvil, busqué quién lo quisiera recibir gratis y continuara pagando las cuotas. El auto lo compré nuevo y estaba en excelentes condiciones… por alguna razón nadie lo quiso. El caso es que de pronto llamó un cliente, el dinero llegó y cancelé la deuda del automóvil sin atrasarme ni una vez en los pagos. Por eso, yo recomiendo trabajar en construir una amplia base de clientes potenciales y atenderlos con esmero. En cualquier momento se deciden y ¡zas! Se hace la venta.
También hubo ocasiones en que fui al supermercado a canjear los puntos acumulados en la tarjeta de crédito, por la provisión de la semana. No tenía dinero para la comida. Inclusive, experimenté la indiferencia de quienes decían ser mis amigos y hasta la burla de personas muy queridas. Era cierto aquello de, tanto tienes tanto vales, pero siempre supe que había hecho lo correcto. Era algo intuitivo.
¿En alguno de esos momentos te desesperaste?
El emprendedor debe estar consciente que esas fluctuaciones son normales. La desesperación solo conduce a tomar malas decisiones.
¿Alguien te inculcó ese espíritu de lucha?
Se dice que la personalidad es la combinación de la genética con el entorno. Mi entorno no era el más propicio, baste decir que crecí en un barrio rodeado de cantinas. Mi madre en su pobreza, únicamente aspiraba a que aprobara la primaria, me indicaba que había que ser obediente y darme mi lugar; el lugar de los pobres, el de la sumisión.
Sin embargo, yo no aceptaba totalmente la desesperanza ni la obediencia ciega. Considero que, la genética fue el contrapeso de mi entorno adverso; y creo que los genes heredados de mi abuela materna, líder de una numerosa familia, fueron mi gran escudo protector. Por supuesto, cuando tuve más uso de razón, puse todo de mi parte, leí libros de autoayuda y superación, me alejé de los vicios, estudié, trabajé de domingo a domingo, y así me fui transformado en el hombre que ahora soy, un optimista irredento.
¿Y tu misión tiene resultados concretos?
Por supuesto, hay personas que montaron sus propios negocios a partir de leer la página Emprendedores, miles que modificaron su forma de pensar y ver el mundo. Una sociedad donde la palabra emprendedurismo era desconocida y ahora se utiliza con mucha frecuencia. El Nuevo Diario, fue el primero en divulgar este concepto. Las universidades son un ejemplo de cambio, actualmente la gran mayoría incluye el Emprendedurismo en sus planes de estudio.
¿Además de la página Emprendedores, qué otras formas utilizas para divulgar tu mensaje?
Varias. He brindado conferencias y/o, cátedras en las siguientes universidades: UCA, UNI, UAM, UNAN León, Unicit, Upoli, UCN; también en organizaciones como Emprendedores Juveniles, Cuerpo de Paz, Visión Mundial, Plan Internacional, Technoserve; constituí una empresa que imparte cursos abiertos; he escrito dos libros, de los cuales se han vendido cuatro mil ejemplares; desde hace un año publicamos la revista mensual Espíritus Emprendedores; he brindado consejos por la televisión nacional; he viajado a los cuatro puntos cardinales de Nicaragua; para el futuro cercano estoy preparando una novela y también un video.
¿Es cierto que valoras más la actitud emprendedora que los títulos universitarios?
Es parcialmente cierto. Tengo varios títulos, pero eso es lo de menos, pues ellos solos valen muy poco. Quien vale es la persona. Un profesional con espíritu emprendedor tiene mucho más perspectiva que otro que carezca de tal cualidad. Es en ese sentido mi valoración.
¿Cuáles son tus mayores satisfacciones durante estos diez años?
La principal es haber comprobado en carne propia y con el testimonio de mis entrevistados, que aun, cuando haya pocas oportunidades de empleo, el trabajo abunda, por eso mi eslogan: “Empleo casi no hay, pero trabajo hay en p…”. Otro aspecto muy importante, es que me pagan por hacer lo que me gusta; conocer gente muy interesante, viajar y aprender nuevas cosas. ¡Soy un hombre feliz, realizado!
La pregunta del millón. ¿Has triunfado financieramente?
En el caminar por la vida, aprendí que lo importante no es tener mucho dinero, si no todo el que necesitas. Cuanto he necesitado lo he tenido. He triunfado financieramente.
¿Cuál es tu mayor riqueza?
Gozo de buena salud mental, física y espiritual. No conozco el odio, rencor o envidia.
¿Tu mayor desconsuelo?
La ingratitud
¿Tu refugio?
Papachú
¿Tu epitafio?
El que me heredó Pablo Neruda: “Confieso que he vivido”.
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