12 de febrero de 2012 | 00:00:00


Claves sobre el amor

¿Existe el amor a primera vista?


En las relaciones de afecto, no todo lo que parece es. El amor es una ciencia que obedece a reglas determinadas por el cerebro. Conocerlas puede ayudarle a contestar esta y otras preguntas relacionadas con los sentimientos

Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza. Neurólogo-psiquiatra. | Especiales

¿Existe el amor  a primera vista?


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Seguro usted ha observado en algunas ocasiones a motorizados que van por las calles y que de pronto voltean a ver a una joven caminando por la acera, algunos son prudentes y la acción llega hasta allí, otros menos prudentes e impulsivos siguen conduciendo y a la vez van piropeando a la joven. No sé cómo harán para mantener el equilibrio y la dirección de su moto para no estrellarse contra la acera u otro vehículo.

También he notado que los taxistas al igual o peor que los motorizados, de pronto ven a una chica y “zas” le comienzan a pitar y a enamorar, algunos hasta bajan la velocidad para ir al paso de la joven tirándole piropos que ellas no siempre reciben con agrado.

Pero este no es un patrón de conducta exclusiva de un grupo. Al igual que en los ejemplos anteriores nosotros también hemos experimentado sentimientos similares, como el llegar a una reunión a donde nos han invitado, y de pronto sentirnos atraídos hacia alguien. Así comienza el proceso de acercamiento o enamoramiento.

Te has preguntado alguna vez ¿Por qué sucede esto? Generalmente no nos hacemos estos cuestionamientos, pensamos que las cosas suceden porque si.

El amor es una ciencia
Tenemos una resistencia natural a la ciencia del amor, y no nos gusta ver que obedece a ciertas reglas determinadas por el cerebro, como nos dice la neurociencia. Preferimos verlo como algo misterioso, poético y espontáneo, sobre lo cual no podemos tener ningún control. Nos gusta sentirlo como un ejercicio de elección personal, aunque haya evidencia científica que hoy demuestra lo contrario, porque parecería que nacemos con una especie de instinto de belleza.

Pero, ¿qué es lo que pasa?, ¿Por qué ese clic por una cara? ¿Cómo podemos juzgar si una cara es bonita tan rápidamente? Hay estudios de la década de los 90 que demuestran que aún los bebes prefieren una cara de adulto atractiva a una fea y que los adultos deciden si la cara que están mirando es atractiva en aproximadamente una décima de segundo, es más, estudios recientes muestran que podemos juzgar cuan atractiva es una cara tan rápido que no podemos siquiera tomar conciencia de su existencia, esto se da en aproximadamente 12 milésimas de segundos. Esta velocidad sorprendente muestra que la atracción puede tener mucho menos que ver con la elección y el gusto individual que con una programación biológica o cerebral inconsciente. Así nos ha diseñado la evolución.

Los celos fortalecen la relación
La frase “si hay celos es porque hay amor”, es una falacia. Quien cree que “un poco de celos está bien”, evidentemente no está recibiendo otras muestras de interés”.

Cuando los celos se vuelven repetitivos y la comedia se transforma en tragedia, aparecen los celos patológicos, “Un síntoma que tiene dos caras: una de sentido, por ejemplo la de la persona que en su infancia vivió el abandono de alguno de sus padres y ahora carga con esa marca. La otra cara es la satisfacción pasional del síntoma: el goce mortífero que deviene en sostener ese terror a la pérdida y, a la vez, ese vínculo donde el deseo y lo placentero se vuelven insatisfechos o imposibles. Los celos patológicos son autodestructivos, destructivos del otro y del vínculo. A la vez son una demanda de amor netamente infantil”.

“Es infiel porque no está enamorado”
“La infidelidad depende de muchos factores diferentes al enamoramiento. Como demuestran los estudios de la teoría del apego intergeneracional, ciertos patrones de conducta fiel o infiel podrían ser aprendidos en base a la historia familiar”.

En 2008, una investigación del Instituto Karolinska, de Suecia, indicó que la variante de un gen provocaría una mayor o menor aptitud hacia la vida en pareja, por lo que sus portadores serían más infieles. Ignacio Brusco, Director del Centro de Neurología de la Conducta y Neuropsiquiatría de la UBA, duda de que la clave de la fidelidad esté en los genes: “Estos estudios fueron hechos en animales que tienen un sistema nervioso más primitivo. El ser humano es un ser social y cultural con capacidad de toma de decisiones a largo plazo, en el que, además de sus genes, intervienen su educación, sus creencias religiosas, sus obsesiones o sus represiones.

“Amar es no pedir nada a cambio”

Existen más de 40 estudios que ponen en evidencia que el dar o hacer bien a los demás contribuye a la felicidad, la salud e incluso a la longevidad. “Hay una forma de amor, que no está basada en una evaluación de las cualidades del amado, no se ve limitada por la reciprocidad y tampoco se vuelca hacia el resentimiento al ser rechazado”.

“Se trata de la forma más pura de dar. Este es el amor libre de la ley de la reciprocidad del apetito. Es un amor que considera que la alegría y la seguridad del amado son tan significativas como las propias (o incluso más) y, por ende, no necesita poseer, aferrarse o dominar. Este es el amor que suele existir entre grandes amigos, el que sienten los padres por sus hijos, el que se da en los matrimonios felices.

Este amor involucra a la hormona oxitocina, afecta a una parte del cerebro (circuito mesolímbico) y nos permite sentir alegría. “Por eso, tiende a estar asociada más con la tranquilidad y la confianza, que con la pasión y lo salvaje.

En 2008, una universidad de California estudió que cuando el cerebro segrega oxitocina, conocida también por tener un papel decisivo en el orgasmo, la generosidad aumenta hasta en un 80%.

“Un gran amor nunca se olvida”

El prestigioso neurobiólogo Antoine Bechara detectó un “conflicto cerebral”:

aunque la relación haya terminado años atrás, el cerebro sigue disparando imágenes y reacciones corporales, como palpitaciones o dolor de estómago al ver la foto de aquella persona o al sentir un olor que la evoque. La explicación es que una parte del cerebro llamada amígdala (el centro de la memoria emocional) fija con más intensidad las situaciones atípicas y desconocidas.

Cuanto mayor sea la información que se grabó hacia ese gran afecto, más reacciones contra las que no podemos luchar, va a seguir enviando. Así que prepárate que no podrás olvidar fácilmente ese gran amor.

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Estimado lector si desea contactarme escriba por favor a articulospsiquiatria@hotmail.com te invito a leer mi blog totalmente actualizado: Dearreaza.blogspot.com

Dr. Francisco Javier Martínez Dearreaza
Universitá degli Studi di Pavia- Italia
Clínica San Francisco
De donde fue Camas Luna, de Montoya, 90 varas arriba.
Tel. 2222-2494.
Cel.: 8877-18 94


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