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Pasó más de un año desde mi primera visita. La timidez que los caracteriza llegó a ser parte del pasado. Los abrazos, las sonrisas y las miradas alegres brotaron en esta segunda ocasión con mi llegada a Bangkukuk Taik o Punta de Águila.

No son muchas las visitas que reciben en Bangkukuk Taik, una de las seis comunidades indígenas Rama, donde todavía habitan siete ancianos que hablan su lengua natal, en la Región Autónoma del Atlántico Sur de Nicaragua, RAAS.

Las sonrisas y el alegre recibimiento no duraron mucho. La tristeza casi se sentía en el silencio de las hojas de los árboles de dicha comunidad indígena. Uno de los ancianos Rama agoniza en su choza de madera y palma.

James Wilson, con más de 80 años, es uno de los ancianos que habita la comunidad. Cada vez que las ancianas Rama lo visitan, logra hablar en su lengua natal, aunque ya con menos fluidez. El cansancio lo debilita y lo va dejando sin palabras. James Wilson se apaga, y, con él, poco a poco, también la lengua Rama.

Vivía de la pesca y de la agricultura, como la mayoría de los indígenas Rama, pero un cáncer terminal en el hígado lo ha postrado en una hamaca de saco. Su compañera de vida, Cleotilde Wilson, también indígena Rama, lo acompaña día y noche. Ni el canto de las oropéndolas y ni el sonido de las olas del mar logran calmar su dolor.

Año escolar perdido

Siento con impotencia que igual que la vida de James, todo aquí parece ir desvaneciéndose: en la comunidad de Punta de Águila habitan alrededor de 40 familias. El año pasado eran unas 80. En la única escuela de Primaria que hay en la comunidad, también se quedaron sin maestros, y los alumnos perdieron el año escolar.

“Los maestros decían que se iban a Bluefields a unos talleres. Venía uno y se iba el otro. Así pasaron, y nos dimos cuenta de que no daban bien las clases. Tuvimos que denunciarlos ante el Ministerio de Educación”, relató Luis Castillo Zamora, fiscal del Gobierno Territorial Rama Kriol, y exlíder de la comunidad.

Un año perdido, donde ni el inglés ni el español, y mucho menos la lengua Rama, pudieron ser impartidos a los niños de Bangkukuk Taik.

En la estructura de la escuela solo quedan las sillas desordenadas, una mesa, un librero y una pizarra donde se aprecia un escrito en tiza blanca, que casi suena a despedida: “Yo tengo tu amor. Es un mensaje de Mark”.

Ángela Bejamín, anciana Rama y habitante de la comunidad, no pierde la esperanza de que un nuevo maestro llegue e imparta las clases. De lo contrario, advierte, algunas familias terminarán marchándose a la bahía de Bluefields o a la isla de Rama Cay para inscribir a sus hijos en la escuela.

Benjamín lamenta que ni los lingüistas interesados en el rescate de la lengua han vuelto a aparecer por la comunidad.

Mientras, el presidente del Gobierno Territorial Rama Kriol, Santiago Thomas, aseguró que para 2012 habría un profesor en la comunidad.

Esperanza en proyectos

Pese a todos los problemas de aislamiento y olvido, los Rama no se rinden. En el centro de la comunidad de Bangkukuk Taik, un cambio comienza a observarse. Es la construcción de una “casa múltiple” para recibir visitantes en la zona.

“Se ofrecerá hospedaje, comida, cuartos y luz con paneles solares que serán donados por el Banco Mundial” para este proyecto social, cuenta Luis Castillo, fiscal del Gobierno Territorial Rama Kriol.

“Somos los primeros en recibir el apoyo entre las comunidades de la zona”, asegura orgulloso Castillo.

En mayo esperan crear una ruta de acceso a la comunidad, donde actualmente no hay luz eléctrica, agua potable ni presencia policial, ni un centro asistencial donde puedan valorar la salud de los habitantes.

Cuando James Wilson enfermó tuvo que irse en una lancha pequeña y pasar alrededor de cinco horas en alta mar para poder ser atendido y diagnosticado en Bluefields. Ya de regreso, sabe que es muy probable que no llegue a ver esos cambios que anuncian para su comunidad.

Aun así, Wilson logró levantarse de su hamaca para vernos partir. Su amiga Ángela Benjamín se despidió de él con unas palabras en Rama. Wilson le respondió que cuando muera quiere ser enterrado al lado de su madre, en la zona más alta de la comunidad, donde los árboles frondosos y la vista al Golfo de Punta de Águila embellecen el horizonte. Desde allí se aprecia la luz del atardecer, y se observa cómo los últimos rayos de sol se van apagando hasta su ocaso.

Lenguas en peligro de desaparecer

Según el último informe hecho público por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, se estima que si no se hace nada para evitarlo, la mitad de los 6,000 idiomas hablados actualmente desaparecerán a finales de este siglo.

“Con la desaparición de las lenguas no escritas y no documentadas, la humanidad no solo perdería una gran riqueza cultural, sino también conocimientos ancestrales contenidos, en particular, en las lenguas indígenas”, advierte el informe.

La lengua indígena Rama  forma parte del mapa de lenguas en peligro de extinguirse elaborado por la Unesco. El informe la coloca en un nivel de riesgo “crítico”, el cual es el más alto justo antes de la desaparición de una lengua.

Cómo llegar a Bankuku Taik o Punta de Águila

Para llegar a Bankuku Taik o Punta de Águila, primero hay que ir por tierra desde Managua hasta El Rama. Hay 290 kilómetros y se tarda unas cinco horas. Luego se debe abordar una lancha que lo lleva a Bluefields en una hora y media. Una vez ahí, se recomienda dormir en la ciudad y salir al día siguiente muy temprano para navegar unas dos horas en lancha rápida hasta la comunidad Rama. La gira de ida puede llevarle dos días. Aunque un poco más caro, puede hacer parte del viaje por aire desde Managua hasta Bluefields en una hora.

Para conocer más sobre la lengua y la cultura Rama puede visitar:
www.rama-territory.com
www.turkulka.net

Biblioteca Nora Rigby en la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragüense, Uraccan, en Bluefields.

También en las oficinas centrales del Gobierno Territorial Rama, Kriol en la ciudad de Bluefields.

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