7 de mayo de 2012 | 01:00:04


Entre grandes expectativas

Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

David Green: impacto fugaz


Diagnosticado como futuro estrella, se quedó corto. Involucrado en dos cambios ruidosos. Hijo de Eduardo “La Gacela”, lo tenía todo, pero no lo metió en la licuadora. Firmó en 1978 después de un año espectacular. Todavía se preguntan: ¿qué pasó que no funcionó?

Edgar Tijerino M. | Especiales

David Green: impacto fugaz



Hay un recuerdo imperecedero que siempre tendré de David Green, después de la impresión que provocó su potencial, brillando en casa y en torneos internacionales durante aquel fulgurante 1978. Uno decía: ¡qué clase de jugador con apenas 18 años! Todos pensamos que no podía fallar en su intento de escalar el Monte Everest de las Grandes Ligas. Incluso algunos expertos en Puerto Rico y Estados Unidos revisando su “armamento”, no ocultaban su admiración volcando sus elogios.

Y al final del intento frustrado, quedó la gran intriga: ¿Por qué resultó David tan engañoso si parecía disponer de todas las herramientas imaginables para imponerse? Poder, tacto, rapidez, capacidad de cobertura en los jardines y un látigo por brazo. Sin duda, un nuevo Duncan Campbell que podía agrandarse mientras se afilaba. ¡Diablos, ese momento nunca llegó!.

Cuando en 1985 Green se vió involucrado en un ruidoso cambio que lo envió a los Gigantes de San Francisco por Jack Clark, las expectativas alrededor de su futuro, se cubrieron de incertidumbre. Aquí en el terruño, nos sentimos desconcertados mientras realizábamos valoraciones.

Rick Hummel del periódico San Luis Dispatch, apuntó lo siguiente: “Jack Clark es un slugger de liga mayor probado, respetable, pero cuando un equipo negocia a cuatro jugadores para obtenerlo, incluyendo a uno que fue considerado uno de los próximos súper estrellas del juego, surgen preguntas como esta: ¿Por qué los Cardenales soltaron a David Green? Yo no encuentro explicaciones claras”.

Green habia sido años antes, el punto focal de una negociación entre los Cardenales y los Cerveceros, que sacó de San Luis en 1980, nada menos que a Rollie Fingers, un futuro ganador del Cy Young, Pete Vuckovich que compartió el título de más ganador en la Liga Amnericana con Denis, Morris y MacCatty en el 81, y Ted Simmons un catcher-bateador de sólida reputación, tres pilares.

Incluso Whitey Herzog, un manager exigente, en lugar de sentirse “agujereado”, saltó emocionado de su butaca con la llegada de Green a San Luis. El nica había sido diagnosticado como un nuevo Clemente en una de las mayores exageraciones fabricadas por la precipitación.

Cierto, el pinolero envió señales alentadoras en sus tres temporadas con los Cardenales, incluyendo ésa de 1984, cuando conectó 11 de sus 15 jonrones en la segunda mitad, pero sin lograr impresionar, mucho menos deslumbrar. De acuerdo a los libros de récords, Green tenía 24 años de edad, y sus proyecciones eran altamente valoradas. Después de esa temporada con 268 puntos y 65 empujadas, los Cardenales deciden involucrarlo en la transacción que trajo desde San Francisco a Jack Clark.

Naturalmente, sin necesidad de escarbar profundo, eso fue considerado como una señal de desgaste en la larga espera por el desarrollo del potencial nunca bien graficado de Green. Sin embargo, colocando a un lado esos cuestionamientos, de alguna manera la pregunta continuaba flotando: ¿Por qué desprenderse de un pelotero tan altamente calificado por todos los que lo vieron crecer en las menores, sin alargarle otra oportunidad?. Cuando se pierde la confianza, no se puede volver a juntar en pedazos, a menos que se ofrezca una demostración contundente de resurgimiento, algo que Green no pudo concretar, limitándose solamente a ciertos chispazos.

En la organización de los Cardenales no se comentó nada sobre la probable incidencia de algunas dificultades provocadas por desviaciones peligrosas hacia la bebida, y los Gigantes consideraron que ese tipo de problemas había sido superado. Por obtener a Clark, ceder a Green fue un riesgo calculado, pero cuando un jugador tiene esa historia de problemas personales, la tentación es aceptar ese riesgo. Otro factor en la negociación fue que la dirección de los Cardenales consideró que el pitcher Dave LaPoint no era lo necesariamente consistente. En 85 aperturas de Liga Mayor, Lapoint sólo completó tres juegos.

Green volvió a fallar en ese 1985. Sólo disparó 5 jonrones con 20 remolques en 106 juegos, en tanto los Cardenales obtuvieron un buen aporte de Clark, quien conectó 22 jonrones y empujó 87 carreras. En cada uno de los operativos, tanto en el 80 como en 85, Green no resultó un buen negocio para el equipo que lo recibió. Triste y lamentablemente, fue un caso más de alguien que parecía tener todo el material para establecerse y mostrarlo, y no pudo lograrlo.

La pérdida de su padre antes de escalar la montaña, y luego la de su madre, le impidieron a David contar con un sólido soporte, algo necesario para quien careció de dureza mental, empeño y disciplina para cultivar sus facultades.

 

Esperando su primer hit
El 4 de septiembre de 1981, hace 31 años, David Green comprobó que siempre hay lugar para alguien más en la cima. Ese día, “el hijo de la Gacela”, un chavalo de piel brillante, mirada inquieta, espigado y angosto, hizo su aterrizaje oficial en la pista iluminada de las Grandes Ligas, con el uniforme de los Cardenales de San Luis.

Ocurrió en Los Angeles, contra los Dodgers, en una temporada que vio brillar intensamente a Denis Martínez desde la colina de los Orioles, y que fue recortada por una huelga de 50 días. Otro nicaragüense, Albert Williams, trabajaba para los Gemelos de Minnesota. Así que, incluyendo por supuesto al derecho Antonio Chávez, de fugaz presencia con los Orioles en 1977, Green se convirtió ese día, en el cuarto big leaguer pinolero.

Todas las miradas eran para él cuando entró a batear en el séptimo inning por Dane Iorg contra el zurdo de 29 años Terry Forster, con el marcador 5 por 1 a favor de los Cardenales, un out y dos compañeros circulando: Keith Hernández por doble y George Hendrick quien recibió pasaporte. El roletazo de Green a segunda, fildeado por Steve Sax, forzó a Hendrick en segunda, lo que aprovechó Hernández para avanzar a tercera. Un cohete de Darrel Porter impulsó la sexta carrera, y los de San Luis terminaron imponiéndose 7 por 2.

David fue colocado por el manager Whitey Herzog en el jardín central, saliendo Hendrick del escenario, y volvió al cajón de bateo en el noveno inning contra otro zurdo, Steve Howe, de 23 años. Ansioso, Green murió en un elevado en zona foul capturado por Steve Garvey.

Sin hit en dos turnos, no era lo que Green había soñado para su presentación de credenciales. El pelotero diagnosticado como un futuro 30-30 en la relación jonrones y robos, y con posibilidad de ser un bateador de 300 necesitaba urgentemente mostrar lo afilado de su dentadura, mordiendo el pitcheo enemigo.

Sin embargo, se vio trabado. Fue hasta después de 15 turnos sin ver salir el sol, que Green, bateando como octavo en el line-up de San Luis, conectó su primer hit el 26 de septiembre contra el veterano cubano Luis Tiant, impulsando a Ken Oberkfell en el segundo inning de un juego ganado por los Cardenales 5 por 3. El nicaragüense se vio reducido en ese septiembre a 5 hits en 34 turnos, registrando un oscurecido promedio de 147 puntos en 21 juegos. En ese 1981, jugando para los Yaquis de Obregón, fue Campeón de Bateo de la Liga Mexicana del Pacífico con 321 puntos, superando a Héctor Espino.

David atravesó por 142 turnos sin poder volarse la cerca. El 15 de agosto de 1982, en juego realizado por la tarde, con los líderes Cardenales enfrentando a los Piratas en Pittsburgh, sacudió a Randy Niemann con su primer jonrón en las mayores sin embasados.
Su último juego fue también con el uniforme de los Cardenales el 4 de octubre de 1987 en San Luis, contra el pitcheo de los Mets de Nueva York, en una derrota por 11-6. Conectó un hit al zurdo Sid Fernández en tres turnos, y en su última aparición, fue ponchado por Terry Leach.

dplay@ibw.com.ni


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