28 de mayo de 2012 | 00:00:00


Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

Madre antimotín


La Dirección de Operaciones Especiales, DOEP, está conformada mayoritariamente por hombres, pero entre sus filas hay 66 mujeres que día a día luchan por conciliar una ruda profesión con su rol de madres, hijas y esposas.

Fátima Tórrez González | Especiales

Madre antimotín
El entrenamiento para Ligia Baltodano y su equipo es duro. HENRY PADILLA / END



El 9 de septiembre de 2011, en las afueras de los juzgados del municipio de Tipitapa, se registró una batalla campal entre una turba sedienta de justicia y agentes policiales que resguardaban a Douglas Manuel Moreno Rosales, de 38 años, alias “La Mosca”, quien violó y lesionó a una niña de 8 años.

Entre los enardecidos estaban los tricicleros del municipio que querían limpiar “el honor del gremio”, atacando a “La Mosca”, y las madres querían linchar a Moreno para que nadie más osara cometer un delito similar en Tipitapa.

Ese día los agentes del Distrito VIII de Policía no fueron suficientes para controlar a la turba enfurecida que lanzaba piedras, morterazos y hasta bombas molotov. Tuvieron que solicitar refuerzos de los “boinas rojas” del Complejo Policial “Ajax Delgado”, pero ni con ellos controlaron la situación, así que pidieron apoyo de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía Nacional, DOEP.

Llegaron dos contingentes. En uno de ellos iba la teniente Ligia Baltodano Quintero, de 32 años, quien debía controlar la situación y supervisar a los agentes antidisturbios para que no se dejaran llevar por la violencia del momento.

“Como madre me puse a pensar ¿por qué defendemos a este tipo que cometió un delito contra una niña?, pero recapacité y dije: “es mi trabajo, tengo que hacerlo”, rememoró.

La teniente Baltodano es la jefa de un grupo de 66 mujeres que pertenecen a la DOEP, instancia especializada de la Policía Nacional para controlar masas, hacer allanamientos, cubrir concentraciones multitudinarias y eventos especiales como las fiestas patronales, el carnaval y desfiles patrios, entre otros.

De azafata a policía

María del Socorro Quintero reveló que su hija Ligia soñaba con ser azafata, pero con el paso de los años miró cómo trabajaban sus tíos y se enamoró de su disciplina.

“Mi tío Francisco Quintero, quien está asignado a la subdelegación del Distrito VIII en San Francisco Libre, es fundador de la Policía y tengo otro tío en el Ejército, por lo que me llamó la atención la vida policial”, recordó.

“Cuando miré la convocatoria de la Policía dije: voy a entrar y aunque todos en mi casa me hacían burla, porque decían que no iba a clasificar por ser pequeña y flaquita, entré con las completas porque mido 1.52 metros que es la estatura mínima para ingresar a las filas policiales”, contó risueña Baltodano.

“¡Han pasado 14 años y todavía sigo aquí!”, exclamó satisfecha la teniente, quien es abogado y notario público, además tiene un posgrado en Oratoria para juicios orales y públicos y “machaca” el inglés, porque completó 12 niveles de estudio de esa lengua extranjera, pero por factores económico no siguió estudiando.

Aunque Cupido no está en las filas policiales, encontró a su media naranja ahí: el instructor de la Dirección de Asuntos Internos, Henry Narváez. La pareja procreó un niño que tiene casi tres años de edad.

“Él al igual que mi familia me ha apoyado mucho en mi trabajo, y ese es un gran respaldo porque él llega más temprano al hogar, porque tiene horario de oficina, trabaja en Plaza El Sol y se encarga de cuidar al niño. Yo a veces ni llego a la casa, solo aviso que tengo una misión”, refirió la teniente al hablar de lo difícil que es conciliar su horario como policía, madre y esposa.

Y es que a la hora de un disturbio no hay diferencias de sexo. “Nos envían a los disturbios porque somos parte de la brigada. En la marcha de “Las Mujeres de Blanco” hubo un amotinamiento y varios oficiales resultaron heridos. La turba se lanzó sobre nosotros, me lesionaron en la rodilla, en otra ocasión fui a un tranque que había en la comunidad Las Maderas y al llegar fuimos “recibidos” a pedradas, gracias a Dios mis lesiones no han sido de gravedad, pero nuestras familias se preocupan cuando ocurren esas situaciones”, expresó Baltodano.

“Yo quedo con el corazón en la mano cuando salen las noticias que dicen que los agentes de la DOEP se enfrentan a la gente enfurecida, y da la casualidad que siempre aparece ella (Baltodano) en las imágenes. Eso me pone peor, pero luego llama para tranquilizarme; sin embargo, hasta que la veo en casa puedo estar calmada”, refirió enjugándose las lágrimas doña María del Socorro Quintero, madre de Baltodano.

Otra madre y mujer que está en las filas la DOEP es la oficial Tamara de los Ángeles Rojas Noguera, de 28 años, quien recibió un impacto de bala en el brazo izquierdo el año pasado, cuando custodiaba junto con otros uniformados las urnas electorales que iban a El Triángulo Minero.

El peligro está en cualquier profesion

“Gracias a Dios el disparo no me lesionó el hueso. En mi casa la familia pensó que había pasado a mejor vida. En ese momento me pidieron que abandonara este trabajo, pero en los dos años que tengo dentro de la tropa, esa fue la primera vez que resulté herida, mi hijo también me pidió llorando que dejara el trabajo, porque era arriesgado, pero le expliqué que el peligro está en cualquier profesión”, apuntó Rojas, quien es madre soltera de un niño de 11 años.

Otras de las mujeres “de armas tomar” dentro de la DOEP es la oficial Amada del Carmen Fernández Flores, de 35 años, quien se separó de su marido cuando tenía tres meses de embarazo, porque le era infiel.

“Fueron muchas las oportunidades que le di y sus promesas fueron en vano, me cansé y me separé, salí adelante con mis tres hijos de 17, 15 y 5 años, y todavía sigo luchando por ellos”, expresó satisfecha Fernández, quien explicó que el apoyo de su familia es fundamental para mujeres como ellas, con un trabajo de horario irregular.

“Mi familia me ha apoyado mucho, cuando les dije que iba integrar las filas de los agentes antidisturbios me recomendaron que me cuidara, ya que tenía tres hijos”.

Esta dama pertenece a una familia compuesta por oficiales, y tiene dos hermanos que también son policías.

“Esa trayectoria me ha incentivado, ha sido un legado para nosotros como familia porque hasta mi hijo mayor quiere ser policía”, manifestó la oficial, quien junto a Baltodano y Rojas forman parte de una gran familia llamada DOEP.

No son "antimontones"

La cultura nicaragüense bautizó a las tropas antimotines como “antimontones”, calificativo que no es del agrado de los uniformados.

“Lo que pasa es que la imagen que tiene la gente de los antimotines es la del robot, e incluso un día un niño decía que quería tomarse una foto con

“Los Robocop”, pero ahora la DOEP tiene más acercamiento con la población y parece que la gente ha comprendido nuestro trabajo, ya no nos llaman tan despectivamente como “antimontones”, manifestó Ligia Baltodano.

El trabajo de esta mujer y sus compañeros requiere de mucho esfuerzo físico y disciplina, diario practican casi tres horas de defensa personal, preparación antidisturbios y utilización de la tonfa, el bastón policial --la gente lo llama “amansa bolos--, y el escudo de plástico con el que se protegen de la “lluvia de piedras” con las que a veces los reciben.


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