
No se trata de dividir al género, se trata de convivir entre géneros con respeto e igualdad. Ese fue uno de los sueños de María Elena Cuadra, cuya lucha comenzó en las filas sindicales, y cuyo legado se mantiene en una organización que por 18 años ha llevado su nombre.
En 1994 estaba en proyecto lo que hoy es una de las más destacadas organizaciones de mujeres del país, pero Cuadra no llegó a ver la fundación.
“Dos meses antes de que el Movimiento se fundara, un abogado, ebrio, embistió el carro donde viajaban ella, su esposo, su mamá y su hermana mayor. Toda una vida de lucha terminó en segundos. Se redujo por un irresponsable que dejó en la orfandad a tres criaturas. Según supe, nunca fue detenido”, recuerda Sandra Ramos, Directora del Movimiento de Mujeres Trabajadoras y Desempleadas “María Elena Cuadra”.
“Hacíamos esfuerzos conjuntos para organizar a las trabajadoras del servicio doméstico y así la conocí. La conocí como una mujer luchadora de los derechos de las mujeres en Diriamba. Como una líder de la Asociación de Mujeres “Luisa Amanda Espinoza”, Amnlae, expresó Ramos, mencionando que en vista de esa labor por los derechos de las mujeres se propuso que la organización llevara el nombre de esa gran mujer.
Nacimiento del "MAC"
El Movimiento de Mujeres Trabajadoras “MAC” se fundó el 7 de mayo de 1994. Fue constituido en asamblea con 800 mujeres obreras de todo el país, surgidas de los sindicatos, entre estos la Central Sandinista de Trabajadores, pero consideraron necesario crear su propia organización.
“Salimos de estos sindicatos por conflictos de agenda. Nosotras queríamos atender las demandas de las mujeres en su integralidad. No solo verlas como obreras en tanto tuvieran empleo. Esa es una deficiencia de los sindicatos: te apoyan mientras tenés empleo y sos miembro, luego se desentienden de vos”, alega Ramos.
Indica que siempre trabajaron porque los sindicatos tuvieran un sentido más humanista, más de equidad, de género y de igualdad, pero asegura que no lograron materializarlo. “En ese momento, los hombres no lograron comprenderlo y emprendieron una lucha contra nuestras ideas, nuestras personas e incluso contra nuestras vidas, hasta querer encarcelarme. Algo que no vino de una sola persona de los sindicatos, sino de varias”.
Después de todos los problemas aún siguen luchando, pues a pesar del avance en carácter legislativo y penal, las mujeres siguen en indefensión jurídica y en desigualdad. “Nos siguen asignando los roles como parte del modelo reproductivo, con grandes brechas en la economía y el mercado laboral que no han querido reconocer. Seguimos lavando ropa, como recepcionistas, planchando, cuidando ancianos o en actividades como la panadería, corte y confección o de secretarias. Estos empleos en su mayoría son precarios. Durante 18 años de existencia nos mantenemos demandando la recalificación técnica de la mano de obra femenina, no solo la masculina”, señala Ramos, quien sueña con un Estado benefactor que permita a las mujeres una vida digna, con mejores condiciones de trabajo.
Pugna de género en los sindicatos
Ramos menciona que en 1986 se crearon las secretarías de la mujer, lo que no considera una dádiva de los sindicatos, sino un esfuerzo de Amnlae, por introducir el análisis de género en las estructuras sindicales. Tratando de buscar la equidad, de la cual tanto se habla, se promovió el tema de género desde esos años.
“Pero los sindicalistas machistas y patriarcales de ese momento fueron a la entonces Dirección Nacional a quejarse, de que las mujeres querían implementar una estructura sindical paralela, y el acuerdo tomado fue que los sindicatos abrirían un espacio y el sistema asumiría la demanda de las trabajadoras, pero todo el peso se dejó a la Secretaría de la Mujer, y lo que hoy existe viene de esa lucha de las mujeres organizadas y las lideresas sindicalistas”, alega Ramos.
Red de luchadoras por una vida mejor
Además de Ramos, de ese grupo de fundadoras aún están Mabel Aguirre, Daisy Reyes, Josefa Rivera, Josefina Ulloa --en León-- y Brenda López, entre las 800 mujeres que siguen en la Zona Franca y en los territorios trabajando por esta organización.
El MAC tiene un tejido organizativo voluntario amplio en varios departamentos del país, algunas provenientes de las estructuras obreras, tales como Sandra Orozco o Adalí Pérez, una obrera que estudió y ahora pertenece al bufete del MEC. También está María Manzanares, otra defensora de los derechos de las mujeres.
El Consejo de Dirección funciona con 11 miembras, y su asamblea está constituida por 150 mujeres como delegadas para tomar el rumbo de la organización a través de un plan quinquenal.
María Josefa Rivera, responsable de labor organizativa, es también una de las fundadoras. Nos dice que su misión es darles fuerza y confianza a los sectores del sector maquila y del doméstico, entre otros.
“En el sector del servicio doméstico existe mucha violación a los derechos de las mujeres. Por eso los abordamos, y para eso existimos. El objetivo es ir enderezando el problema. Estemos claros de que esto no se compondrá de la noche a la mañana, pero poco a poco avanzamos. Estamos en Estelí. Juigalpa, Chinandega, León, Managua, Granada y Masaya”.
En esos municipios inciden en las trabajadoras de los sectores maquila, tabaco y doméstico, agropecuario y hasta minero. Recalcó que los empleadores deben entender que quienes están detrás de una máquina en la industria o en el servicio doméstico, en sus casas son mujeres, son humanas, que deben recibir respeto y tienen derechos.
En 18 años, el objetivo de la organización está centrado en la formación de las mujeres, en el conocimiento de sus derechos en su empoderamiento. El segundo pilar es la promoción y defensa de los derechos de las mujeres. Así mismo, tienen defensoría gratuita para las mujeres, y otro elemento es la valoración sicológica, en busca de desconstruir valores sociales discriminatorios contra la mujer, hacer entender su situación, elevar la autoestima, hacer que enfrente los problemas y poder defenderse.
Otro de los logros como organización, acompañada del movimiento amplio de mujeres, fue colocar en agenda el tema de la violencia física, síquica y verbal, además de contribuir en la formulación de la nueva Ley 779, o Ley Integral contra la Violencia hacia la Mujer, con la cual desde el Estado de Nicaragua se reconoció los derechos de las mujeres, con voluntad política de los tomadores de decisiones a todos los niveles.
Gestión permanente
La directiva del “MEC” destaca que no se puede invisibilizar al 52% de la población nicaragüense que son mujeres, ni en la sociedad, ni menos en la economía, tanto familiar como formal y en labores independientes.
En 2011, el “MEC” impartió talleres a 1,675 hombres y mujeres en derechos sexuales y reproductivos, sobre cálculo de prestaciones laborales, así también de género y autoestima. En sus derechos laborales se capacitó a 1,855 nuevas trabajadoras. Además, reunió a 1,200 obreras en el XIII Coloquio para la articulación de estrategias en el enfrentamiento de todas las formas de violencia contra las mujeres.
Se reeditaron cartillas educativas como el Manual de Salud Sexual y Reproductiva, además de Misoginia y todas las formas de violencia contra las mujeres, eso, además de campañas radiales y televisivas.
Así también por tercer año consecutivo se realizó el Curso Básico de Defensa Personal para 220 mujeres de Managua, Ciudad Sandino, Mateare, Tipitapa, El Coral y León.
Por otra parte, dieron atención a 4,925 casos, en su mayoría en cálculos laborales y asesorías en materia civil y laboral, seguido de demandas por pensión de alimento, violencia hacia las mujeres, casos particulares y colectivos laborales.
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