
“Sisú” es un can de raza labrador que trabajó para la institución policial siete años equivalentes a 49, porque por cada año perruno hay que contar siete.
A “Sisú” se le infectó una herida en la pata trasera derecha. Los exámenes médicos revelaron que tenía cáncer “y tuvieron que amputársela”, explicó el comisionado Benjamín Huerta, jefe del Departamento de Técnica Canina de la Policía Nacional.
Ocho años antes de que ‘Sisú’ se enfermara el agente antidroga “Bummer” falleció de leucemia.
Los canes (hembras o machos) que trabajan para la Policía son considerados como un agente más de la institución porque tienen especialidades en antiterrorismo, búsqueda de explosivos y drogas, rastreo de personas y hallazgo de cadáveres.
El entrenamiento puede durar de seis a ochos meses, si el perro va a trabajar en la búsqueda de drogas o en las otras especialidades.
Para que el perro rinda en su trabajo, requiere alimentos ricos en vitaminas, calcio y minerales, además de su chequeo médico. “Aquí tenemos permanentemente a un médico veterinario, se les controla las vacunas, se les chequea diario, se bañan dos días a la semana y cada dos meses reciben una ducha con garrapaticidas para evitar cualquier parásito externo”, explicó el comisionado Huerta.
Los “agentes peludos” son alimentados por la tarde, “porque en ese momento descansan. Durante el día tienen mucha actividad y si comen y se ejercitan es peligroso, ya que les puede dar una torsión axial, que significa que el estómago se les puede girar… Esa es muerte segura”, explicó.
Los héroes
En toda misión de combate siempre hay un “caído”, a quien se recuerda por las hazañas que hizo y se convierte en leyenda, tal es el caso del agente “Danny” que era un perro pitbull cruzado con labrador, especialista en la detección de drogas.
“Cuando marcaba la zona, el guía tenía que encontrar la droga por muy oculta que estuviera, porque si “Danny” daba la alerta era porque ahí estaba el alucinógeno. Trabajó nueve años sin descanso, lamentablemente falleció el viernes 10 de agosto y no dejó descendientes. Es una leyenda para nosotros”, lamentó el comisionado Huerta, quien junto con nueve hombres más fundó hace unos 30 años la técnica canina en el país.
También es recordada con mucho cariño es otra agente llamada “Negra”. Era una perrita especialista en búsqueda y rastreo. Murió en cumplimiento del deber en Chinandega hace ocho años.
“El equipo de agentes policiales estaban tras las huellas de unos delincuentes que habían entrado a robar en una vivienda, los oficiales caminaron unos siete kilómetros bajo el inclemente sol del mediodía, aunque descansaron bajo el primer árbol que encontraron, pero ‘Negra’ continúo la búsqueda y capturó a los antisociales unos 40 minutos más tarde, e incluso recuperaron algunas de las pertenencias robadas. Al regreso, en el vehículo ella empezó a convulsionar y murió. El veterinario dijo que le dio insolación”, recordó el jefe policial.
Otro agente destacado en la búsqueda de explosivos fue la “Parca”, quien le entregó 12 años de su vida a la institución del orden. La perrita trabajó sin descanso hasta que el tiempo la atrapó. Murió de viejita a los 14 años de vida, equivalentes a unos 98 años humanos.
La vida útil de un can oscila entre los 7 u 8 años, aunque hay casos excepcionales en los que trabajan más de ocho. Comúnmente los perros de raza grande como labradores, pastores alemanes, golden retriever y rottweiler tienen 12 años de vida útil.
Cuando el can cumple 9 años de vida y empieza a tener alteraciones en su rutina cotidiana (come a otra hora y hace sus necesidades fisiológicas dentro de su caseta), se considera un “agente de la tercera edad” camino a la jubilación, explicó Huerta.
Adopción de un "jubilado"
Uno de los “oficiales” que está listo para el retiro es “Lassie”, de raza labrador y especialista en el área antiexplosivos. Sus pasos son lentos, se cansa con facilidad y tiene canas en la trompa.
Para que un can sea jubilado, primero se conforma una comisión con el veterinario, el jefe de la técnica canina, instructores y el guía. Se le somete a una serie de evaluaciones y con los resultados en mano deciden.
Los “agentes en retiro” son donados a civiles o al guía que lo tenía asignado, pero el que lo recibe debe cumplir con una serie de requisitos: tener presupuesto económico, un espacio digno en la casa para que el perro realmente descanse, garantizarle atención médica e higiene.
“Se le entrega el expediente clínico del perro y la persona que lo acepta debe cumplir con las obligaciones y deberes que firmó en el contrato, además, se le prohíbe que lo vendan”, dijo Huerta.
Después de la donación, el perro no queda en el olvido porque hay inspecciones sorpresas cuatro veces al año. “Si el perro está en su fase terminal es obligación del nuevo dueño avisarnos”, agregó el oficial Huerta.
Para adoptar a un “agente en retiro” debe disponer de por lo menos mil córdobas mensuales para alimentación y cuidados veterinarios, porque un can come aproximadamente libra y media de concentrado, y cada libra cuesta unos 17 córdobas, más el gasto de champú y vacunas.
Aunque “Sisú” ya se “jubiló” como agente antidrogas, “decidió” seguir trabajando para la institución policial en el área de vigilancia, porque pese a que le falta una pata, puede diferenciar quién pertenece o no al área de la técnica canina.
“Su alojamiento es en la caseta número uno ubicada frente a la entrada principal de la técnica canina, si alguien que no pertenece a esta área se coloca en el portón, él empieza a ladrar y está inquieto, avisando que hay una persona extraña en la zona restringida, cuando entra algún agente nuestro no ladra”, concluyó Huerta.
El reclutamiento
El 90% de los canes que trabajan para la Policía fueron donados por la comunidad, aunque la Policía internacional ha hecho donaciones, pero en un porcentaje menor.
Generalmente los perros donados son de raza, pero la Policía también ha recibido canes “sin pedigree”. Estos últimos son “guerrilleros” en su trabajo y se desempeñan muy bien.
Generalmente, cuando un civil dona un perro es porque no lo pudo disciplinar. “Una familia nos regaló a un rottweiler llamado “Kelvin” que tenía ‘secuestrada’ a la familia, no dejaba salir a nadie al patio, tuvimos que traerlo sedado y ahora es totalmente diferente, igual ha pasado con otros canes”, comentó el comisionado Benjamín Huerta.
Los entrenamientos para los “agentes” de cuatro patas empiezan cuando estos tienen siete u ocho meses de vida. Primero se evalúan por el tipo de raza y el carácter del animal, algunos son coléricos, otros son pasivos y hasta los hay melancólicos.
Generalmente, para la detección de explosivos se seleccionan a aquellos canes de carácter dócil, aunque es más difícil entrenarlos; sin embargo, son más seguros para ese tipo de trabajo.
Los perros coléricos son utilizados en la búsqueda y rastreo de personas. Antes de ser entrenados son sometidos a estudios y tienen un mes en evaluación para determinar si son aptos para el servicio policial.
“Primero se mide la capacidad física, el olfato y la tenacidad, el resto viene por añadidura, la sociabilidad y el arte del guía, más los conocimientos técnicos-científicos”, apuntó Huerta.
“Para entrenar al can se utiliza una mezcla de idiomas como ruso, alemán, inglés y misquito, entre otros, para evitar que cuando el perro esté el terreno trabajando se distraiga con la habladera en español, aunque difícilmente pueden distraer al can, porque ellos están acostumbrados al sonido y a la voz de mando de su guía”, recalcó el comisionado.
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