
Niños y niñas, de entre seis y 12 años, en basureros, en calles donde son prostituidos y sometidos a todo tipo de violencia; en campos agrícolas donde realizan tareas de adultos, y en jornadas laborales bajo el sol durante más de seis y ocho horas; o bien, recluidos en casas para realizar trabajos domésticos, figuran entre las peores formas de trabajo infantil en Nicaragua, de acuerdo con organismos como Save The Children, la Organización Internacional del Trabajo y el Instituto de Promoción Humana, Inprhu.
1- Niños maleteros en fronteras
Mientras usted duerme, ellos trabajan. Su tarea es trasladar una carga a través de la frontera, de la que muchas veces no conocen su contenido.
La labor implica entre cinco y ocho horas cuando no hay incidentes. Se trata de niños, de entre nueve y 12 años, quienes son generalmente contratados en grupos, por intermediarios, algunas veces familiares cercanos o lejanos, quienes movilizan mercadería de contrabando para abastecer al comercio.
A los niños les toca ir por puntos ciegos, que son de difícil acceso para el control policial. Lo que supone lugares apartados e inhóspitos.
Ellos no hacen uso de linternas, beben poco líquido y comen cuando pueden. En esas condiciones el oficio los lleva al estrés, al miedo de perder la mercadería, a abusos físicos y a traumas.
2- Con la cal y el carbón
Sus juegos se reducen a “acariciar” latas y trastos viejos en el patio. Pocas veces van al colegio, y solo tienen en mente una obligación: trabajar al ritmo de los adultos para comer.
Su labor empieza, en el caso de la cal y la quema de carbón, en las primeras horas del día, para evadir hasta donde puedan el inclemente sol. La ruta Macuelizo-Santa María, Nueva Segovia, al norte del país, es una muestra de eso.
En algunas minas abandonadas del país, la jornada conlleva horarios nocturnos, para sacar la broza.
Estos niños y niñas, de entre ocho y 12 años, presentan problemas respiratorios por la exposición excesiva al sol y a la lluvia. Además, problemas musculares y en la piel. Sufren cansancio, dificultad auditiva y visual.
3- En la venta ambulante
La nueva “modalidad” en la capital incluye la venta de artículos no perecederos, como cuadernillos para colorear, en las afueras de los supermercados donde permanecen hasta las 9 de la noche.
También suele encontrárseles durante el día en los modernos centros comerciales de Managua, donde además de ofrecer mercadería, piden comida y dinero.
“Vamos a tres en el día, y en la noche nos vamos a Bello Horizonte (territorio de prostitución)”, coinciden algunos niños y niñas consultadas, de entre seis y 13 años.
Es decir, trabajan a cielo abierto, en territorios conocidos. Lo hacen de 7 de la mañana a las 12 del día. Algunos días les agarra la noche y duermen en las aceras, pues sus padres o tíos, que viven del comercio callejero, así lo deciden.
Corren el riesgo de ser abusados sexualmente, atropellados, y castigados por incumplimiento de ventas.
4- Obligados al comercio sexual
Los niños y niñas son captados cerca de bares, restaurantes y grandes hoteles. Según los estudios más recientes de entidades como Casa Alianza, las niñas son las más afectadas.
Actualmente suelen ser raptadas y movilizadas por puntos ciegos de la frontera para luego ser vendidas a prostíbulos en el extranjero.
Por otra parte, suele ocurrir que los padres o parientes las prostituyen, en el área urbana, con el pretexto del sustento familiar o en pago por deudas contraídas.
Los niños y niñas son expuestos a una vida sexual a temprana edad, a contraer enfermedades de transmisión sexual como el VIH-Sida; a involucrarse en actividades delictivas, al consumo de alcohol y drogas, al maltrato físico y psicológico. Su autoestima se deteriora. Generalmente abandonan la escuela.
5- Recogiendo desechos
Este trabajo lo ejercen niños y niñas desde los seis años. Sin embargo, en sitos como La Chureca, en Managua, se han encontrado niños y niñas de cuatro años, acompañados de sus padres y madres, según Save The Children.
Las jornadas laborales van desde las 6 de la mañana hasta las 5.30 de la tarde. Los niñas y niñas recogen desde desperdicios de plástico y metal hasta desechos de comida, entre otras cosas. En esta labor hay jerarquías, de manera que los recolectores más antiguos, que son adultos, son los primeros en aprovechar la basura nueva que llega. Luego les siguen los jóvenes, las mujeres adultas, adolescentes, y por último los niños y niñas, quienes recogen lo que los demás han decidido desechar o no han podido separar. Allí están expuestos a contaminación, y a abusos verbales y físicos.
6- En la servidumbre
Este oficio tiene el agravante de que se invisibilizan como “ahijadas”, o “hijas de crianza”. Son niñas, desde los ocho y nueve años, convertidas en domésticas y niñeras dentro de cuatro paredes. Además, los adultos dicen que “no trabajan” sino que “ayudan”.
Ellas lavan trastes y ropa, planchan, cocinan, halan el agua, limpian el piso, cuidan animales, hacen mandados, barren, riegan las plantas, sacan la basura; zurcen ropa, dan masajes y hacen de damas de compañía.
Sus labores inician desde las 5 de la mañana y concluye entre 8 y 10 de la noche, según las costumbres de la casa. No reciben sueldo, solo los tres tiempos de comida y ropa de segunda.
Pocas veces comen tan bien como sus patrones. En estas niñas hay deserción escolar, baja autoestima, déficit en el crecimiento, abuso físico y sexual.
7- Como adultos en campos agrícolas
Los niños y niñas trabajan a la par del padre y de la madre, que dan el argumento de que “prefieren llevarlos al campo que dejarlos solos y solas en casa, por miedo a abusos de gente del vecindario o de la comunidad”.
Así, los niños y niñas desde los seis y siete años hacen diversas tareas: cortan café, cargan con latas del grano cortado, “quiebran” maíz, rajan leña, podan árboles, riegan pesticidas y arrean ganado, entre otras cosas. La figura del empleador es representada por el capataz.
Las labores arrancan en la madrugada y concluyen entrada la noche, según el tipo de tarea y cultivo. Por el trabajo que realizan son propensos a dolores musculares, a problemas respiratorios, a accidentes con las herramientas agrícolas, a contaminación y a mala alimentación.
8- Los cayuqueros
Estos son los niños que acompañan a los buzos. Todavía a los 18 años se les suele ver en esa labor.
Ellos manejan los cayucos para capturar langostas. Su trabajo lo realizan sin importar el sol o la lluvia durante más de cuatro horas.
En el sector de pesca también suelen trabajar en las comaroneras. Aparte de eso sacan ostiones. Todo esto lo hacen sin equipos de protección.
No gozan de ninguna prestación social, como el resto de trabajos descritos. En caso de accidentes no reciben ningún apoyo. Corren el riesgo de ahogamiento, enfermedades auditivas, cortaduras, infecciones en la piel; enfermedades reumáticas, y tienen la imposibilidad de ir a la escuela. En sus zonas de origen, este trabajo no asusta. Al contrario, es visto con naturalidad.
9- Fabricando tejas y ladrillos
En esta labor, los niños y las niñas utilizan machete para desorillar y dar forma al ladrillo. Realizan el trabajo en cuclillas y en otras posiciones forzadas durante más de ocho horas, según los adultos a cargo.
Los encargados de llenar el horno, la otra faceta de la labor, cargan rajas pesadas de leña. Según diversos estudios de entidades como la Organización Internacional del Trabajo, OIT, los niños y las niñas no tienen entrenamiento alguno, y utilizan instrumentos, como palas, sin ninguna protección, de modo que son usuales los accidentes: fracturas y cortaduras. Su paga no llega ni a la mitad del salario mínimo del sector de Minas y Canteras, que en Nicaragua es de 4,141.9 córdobas. Además, es un dinero manejado por sus padres o por sus parientes cercanos. No logran terminar sus estudios y el abuso físico es una constante.
10- Niños y niñas malabaristas
Se les ve en los semáforos de la capital, durante el día y parte de la noche. Los pequeños y las pequeñas aprovechan cuando el semáforo está en rojo, que es cuando los vehículos se detienen, para brindar sus espectáculos de malabares con pelotas de hule o con fuego. Esto lo hacen con sol y con lluvia.
No pasan inadvertidos, pues los que pueden hasta echan mano de disfraces de superhéroes, como el famoso Superman.
Usualmente, mientras ejercen esta labor, sus padres o parientes, a los pocos metros, se dedican a la venta ambulante.
En el ambiente rural el trabajo es más notorio en los buses, de una comunidad a otra. Son expuestos a asaltos, a abusos sexuales, y problemas respiratorios. Su paga, además, no es suficiente. Al día, a duras penas, recogen entre C$10 y C$20.
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