27 de enero de 2013 | 00:05:00


Un pueblo de costumbres milenarias, albardas y trapiches

Managua, Nicaragua | elnuevodiario.com.ni

Santa Teresa, paraíso de los dulces


Una costumbre que guardan muchas familias es la de cerrar las puertas al mediodía y abrirlas hasta las dos de la tarde; eso, para respetar la hora de la “siesta”, inclusive aunque sea una tienda, restaurante o la misma iglesia parroquial

Orlando Valenzuela | Especiales

Santa Teresa, paraíso de los dulces
María Concepción Castillo muestra una de las famosas muñecas de azúcar. Orlando Valenzuela / END


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Santa Teresa es un pueblito metido en un recodo de la Carretera Panamericana Sur, que de lejos ha visto pasar el progreso y que con el tiempo se ha convertido en la bella durmiente del departamento de Carazo, pues la ciudad aporta mucha mano de obra a las empresas de ciudades vecinas como Jinotepe, Diriamba, Granada y Managua. Así, esta ciudad es como un inmenso dormitorio de donde la población sale a trabajar en la mañana y regresa por la noche, solo a dormir.

Entrando por la carretera que lleva a las playas del Pacífico y que pasa por la periferia de este poblado, el visitante se da cuenta de que Santa Teresa es una ciudad “añeja” y así lo atestiguan las viejas paredes de la mayoría de sus casas, construidas unas de taquezal, otras de adobe y también de piedra cantera.

La iglesia parroquial es la mayor construcción de esta ciudad, que está ubicada siguiendo la costumbre urbanística de la época colonial, frente al Parque Central, alrededor del cual se encuentran las casas más antiguas, en las que antaño vivían las familias de posición económica más cómoda.

Ciudad desde 1949

Aunque cuenta con servicios básicos como agua potable, energía eléctrica, telefonía, internet, alcaldía, transporte y otros, lo cierto es que el título de “ciudad”, que recibió en 1949, le queda grande a Santa Teresa, ya que la población demanda obras de progreso que le ayuden a salir de su letargo económico y cultural, para dejar de ser un apéndice de Jinotepe, ubicado a solo 6 kilómetros. Prueba de esto es que en esta ciudad no existe ninguna sucursal bancaria y la población tiene que hacer sus transacciones económicas en las ciudades vecinas.

Costumbre con las puertas

Sin embargo, ese aislamiento es lo que hace de Santa Teresa una ciudad con sabor a melcocha y olor a rosquillas recién salidas del horno, donde todavía existe la costumbre de herrar las pezuñas de los caballos, estrenar albardas en los desfiles hípicos y endulzar el café con dulce de rapadura elaborado en los trapiches de las haciendas colindantes con la ciudad.

Una costumbre que guardan muchas familias es la de cerrar las puertas al mediodía y abrirlas hasta las dos de la tarde; eso, para respetar la hora de la “siesta”, inclusive aunque sea una tienda, restaurante o la misma iglesia parroquial.

La moto sustituye al caballo

Geovanny Jácamo, desde niño ha sentido el penetrante olor a cuero crudo de vaca, ya que en su casa, su papá José María Jácamo instaló hace más de 50 años una talabartería. Ayudando, aprendió el oficio y ahora está al frente del negocio.

Polainas, bragueros, fundas para pistolas, fajas, vainas para machetes, bolsos para celulares, estuches para navajas y todo tipo de aperos para bestias de trabajo, son parte de los productos que aquí se elaboran, pero el fuerte del negocio son las albardas.

“Este trabajo lo hago por herencia, mi papá me lo enseñó”, comenta Jácamo con orgullo, sin embargo es pesimista cuando dice: “Este oficio tiende a desaparecer; la moto está desplazando al caballo. Ahora en el campo arrean las vacas en moto o bicicletas y el campesino está sustituyendo las bestias de trabajo por moto, por eso ahora estamos haciendo otras cosas de cuero, no solo albardas”.

Pero su papá es optimista. “Tal vez no desaparece, todavía hay muchos caballos y muchas haciendas ganaderas en Rivas, además, hay muchos accidentes de moto y la gente agarra miedo, mientras que en el caballito no hay peligro”.

Tierra de melcochas y rosquillas

Uno de los productos más representativos de Santa Teresa es su melcocha de azúcar, y María Concepción Castillo es una de sus principales artesanas. Ella tiene más de 40 años de hervir la miel en el fogón de su casa, misma que usa para hacer las melcochas con las que prepara las muñequitas de azúcar pintadas con anilina de queque, ya conocidas en todo el país.

La receta es sencilla, a 10 libras de azúcar le pone 8 cucharadas de limón, el secreto está en el “punto” que solo ella sabe dárselo. Ella aprendió el oficio de su abuela cuando era adolescente y ahora trabaja con sus hijas. Es un trabajo duro y peligroso, porque la melcocha se mezcla con las manos cuando la miel está caliente. La necesidad de trabajo es grande, pero el placer es mayor cuando afirma que sus muñequitas de azúcar son muy gustadas por turistas extranjeros y nicas que las llevan a Estados Unidos, Costa Rica, Guatemala y todo el país. Una docena de melcochas vale C$16.00 en su casa del barrio Guadalupe. En la ciudad existen más de 10 melcocheras.

Una costumbre de años

En Santa Teresa, muchas familias todavía mantienen la costumbre de ofrecer a las visitas una tacita de café caliente con una escudilla de rosquillas, esta tradición es de tiempos remotos, cuando las abuelas solían hacer “hornado” de masa de maíz para el desayuno o días festivos.

María Auxiliadora Linarte es una de las pocas rosquilleras que quedan en la ciudad. Hace más de 100 años su abuela hacía quesadillas, rosquetes y rosquillas en el horno de leña de la casa. La tradición la siguió su mamá, de quien ella aprendió el oficio y ahora es su nuera, Ángela Vado, quien le ayuda con la masa y la sartén.

Linarte, a sus 81 años, siente orgullo por la fama de sus rosquillas: “Estas rosquillas han vagado mucho, las han llevado a España, Canadá, Estados Unidos y otros países, el ‘secreto’ está en el queso, hay que saber buscarlo”, dice con toda autoridad.

Un municipio dulce

De todo el departamento de Carazo, Santa Teresa es el municipio más dulce, esto gracias a más de 40 trapiches que hay a lo largo de su territorio, de donde sale la mayor producción de dulce de rapadura del país. A un costado de la ciudad se levanta el nuevo trapiche de Marvin Linarte, donde varios trabajadores hierven en calderos el jugo de la caña molida, de donde luego sale la miel para los moldes de madera, que al enfriarse forman los pequeños y dulces bloques de color café castaño.

Yeser Bello, socio de Linarte, explica que el dulce de rapadura es demandado por las empresas de café soluble, panaderías, dulcerías etcétera. Las mejores épocas, dice Yeser, son durante Semana Santa y Navidad, fechas en que la población demanda el dulce para elaborar cajetas y manjares de sabores.

Los trapiches

Explicó que este es uno de los trapiches mejor acondicionados del municipio, pues cuenta con mesas de empaque higiénicas, área de moldeado y es ecológico, porque usa como combustible el bagazo de la caña que sale del molino, el que fue hecho de una caja de motor de tractor. Bello lamentó que los trapicheros no estén unidos y por eso los precios suben y bajan de vez en cuando.

Siguiendo la tradición del dulce, Rosario Fonseca, en el barrio Guadalupe, desde hace 15 años elabora cajetas de leche, toronja, coco y coyolito. En una pequeña pulpería a la salida de la ciudad, hacia La Conquista, Fonseca pone sobre una mesita, vasitos de poroplast con cajeta de leche, tapados con un protector de plástico. Rosario afirma que su cajeta es muy rica y apetecida por los visitantes, y eso le compensa las cinco horas que pasa de pie preparando la dulce mezcla.

Dos fiestas patronales

Santa Teresa es el único municipio de Nicaragua donde se celebran dos fiestas patronales, en fechas diferentes, para el mismo santo, en este caso Santa Teresa, ya que según cuenta Porfilio de Jesús Cortez Cruz, el 15 de octubre es el verdadero día de Santa Teresa, pero hace muchos años, un sacerdote que venía a celebrar los oficios religiosos no pudo pasar los ríos a causa de las fuertes lluvias del invierno y por eso decidieron trasladar la festividad a enero. Y así, la población celebra a la santa en enero, y sigue también con la tradición de festejarla en octubre.

Cortez Cruz es el dueño del bar y restaurante La Cabaña, que junto con el restaurante Las Palmeras son los locales donde se puede comer a la carta. Él opina que, en el futuro, Santa Teresa será un bastión del turismo: “Nosotros tenemos el Refugio de Vida Silvestre de Chacocente, también por aquí pasará la Carretera Costanera, que nos beneficiará; además, la ciudad tiene sus propios atractivos, como la Ruta del Dulce, las melcochas y las rosquillas, además de sus dos fiestas patronales”.

El domingo 27 de enero, a las nueve de la mañana, el párroco, padre Pedro Vado Cajina, espera a los fieles católicos para el solemne acto en honor a la patrona, en la parroquia de la ciudad, que será presidido por monseñor Leopoldo Brenes, Arzobispo de Managua.

Esta fiesta parronal es muy colorida, pues además de la actividad religiosa que se centra en la iglesia, la celebración atrae a muchas empresas comerciales y vendedores de comida, fritangas, ropa, juegos mecánicos, chinamos, corridas de toros y juegos de azar.

Dos fiestas patronales

1949

es su fecha de ascensión como ciudad.

6

kilómetros le separan de la ciudad de Jinotepe.

15

de octubre es el día de Santa Teresa.

16

córdobas cuesta una docena de melcochas.

27

de enero es la otra fecha en que se celebra a la misma patrona de la ciudad.

40

trapiches o más existen en el municipio.


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