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Desde el año 2006, fecha oficial de su creación, la pequeña Fundación Proyecto Solar para Mujeres de Nicaragua (Fuprosomunic) ha instalado 664 cocinas solares en 9 municipios del país, con el propósito de mejorar la economía y la salud familiar y preservar el medio ambiente.

Un estudio llevado a cabo por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), en el año 2000, señala que la baja eficiencia de los fogones en el cocimiento de los alimentos es una de las causas del alto consumo de leña en Nicaragua, ya que este apenas aprovecha del 9 al 14% de la energía total de la leña.

La Fundación centra su quehacer en los barrios pobres, allí donde cualquier ahorro, por mínimo que sea, es de vital importancia. Esta cocina sin leña, por ende sin emisiones nocivas, permite ahorrar unos 320 córdobas al mes.

Tomando en cuenta que las beneficiarias son mujeres pobres con muy bajos ingresos, ellas solo contribuyen con un aporte mínimo del 10% del costo total de la cocina solar, es decir con unos US$20.00, a pagarse en un plazo de 8 meses. El proyecto ya recibió dos premios y acaba de ser nominado al prestigioso Energy Globe Award.

El Nuevo Diario aportó láminas

Las mujeres construyeron su cocina ellas mismas, siguiendo las orientaciones de Fuprosomunic, que también se encarga del mantenimiento. La Fundación garantiza asimismo el acompañamiento del proyecto instruyendo, por ejemplo, sobre la mejor orientación de la cocina (que es montada sobre rodos) para captar la mayor cantidad de rayos solares o el tiempo de cocción de los frijoles.

La cocina está revestida en su interior de láminas de imprenta usadas —aquellas que utilizan las rotativas de los periódicos— que concentran el calor del sol. En este caso, fue El Nuevo Diario el que suministró este material a la Fundación.

Tiene usos múltiples

Las cocinas se utilizan para fines múltiples: cocer los alimentos, por supuesto, pero también secar frutas o plantas medicinales —ya se han instalado tres plantas municipales de secado. Hay quienes las utilizan incluso para desinfectar ropa o calentar pachas.

Desde hace poco, algunas mujeres han logrado incrementar un poco sus ingresos: asan maní y varios tipos de grano para venderlos en el mercado. La cocina solar permite también purificar el agua en envases de plástico (politereftalato de etilenconocido o PET). Se prevé realizar un seguimiento médico del nuevo grupo de beneficiarias para conocer el impacto del proyecto sobre la salud.

Este proyecto nació de una amistad entre un cooperante suizo y una socióloga nicaragüense y ha sido gracias a la tenacidad de ambos que se fue concretando con el paso de los años. La Fundación ha logrado realizar sus actividades gracias a los fondos que la Cooperación suiza le ha aportado anualmente.

Escepticismo antes de adoptar tecnología

A pesar de que la eficacia de esta tecnología está ampliamente comprobada, muchas mujeres expresaron cierto escepticismo antes de decidirse a adoptarla: “Cuando llueva comeremos crudo”, “El sol quema la piel, ¡seguro que también quema los alimentos!”.

En realidad, aseguran las promotoras de la cocina solar, casi todo puede cocinarse incluso nacatamales, pasteles y sobre todo el “vaho”, un platillo que algunos hogares han dejado de preparar por el largo tiempo de cocción que requiere, lo que eleva el consumo de gas o de leña y resulta costoso.

Cuando se oculta el sol, la cocina solar puede auxiliarse con una cocina “mejorada” de carbón, que requiere menos leña que el fogón tradicional y permite freir la comida, lo único que no se puede lograr con la cocina solar.

Según Gina Rocha, responsable de Fuprosomunic, optar por la cocina solar requiere pocos cambios. “El único hábito que verdaderamente habría que modificar es el manejo del tiempo. Debe preverse con anticipación lo que se va a comer. Se necesitan cuatro horas en lugar de dos para cocer frijoles en una cocina solar. Pero este cambio de actitud es posible, y a cualquier edad. Una de nuestras beneficiarias se lanzó a la edad de 72 años”, señaló.

A doña Gladys Portocarrero tampoco le resultó difícil dar el paso. Lo que más aprecia ahora es que puede dedicarse a otras cosas mientras sus platillos se cuecen a fuego lento, sin necesidad de vigilarlos. Doña Gladys, quien vive en las afueras de Granada, no duda incluso en preparar una gallina rellena navideña en su cocina solar.