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En esta casona de estilo colonial, ubicada en el centro de la ciudad de Granada, las palabras no son necesarias.

En una extensa pared pintada en amarillo con blanco, los visitantes encuentran graficado cómo comunicarse con el personal de servicio que, tiene la particularidad, de estar integrado por personas sordas.

Aquí una sonrisa sustituye al típico saludo verbal que puede encontrar en una cafetería “común”. De ahí el nombre del local: Café de las Sonrisas.

Este novedoso proyecto --único en la región centroamericana, según se dice-- en marzo pasado cumplió un año dentro de la oferta gastronómica de La Gran Sultana, y emplea a siete jóvenes sordos que se encargan de preparar las comidas y bebidas; y de atender a los clientes.

A diferencia de las demás cafeterías que existen en Granada, en el Café de las Sonrisas, la comunicación entre el cliente y el mesero es posible gracias a un menú diseñado a base de pictogramas.

El cliente señala con su dedo la bebida y el plato que desea, y si no quiere alguno de los ingredientes que componen el plato, también puede indicárselo al mesero, recurriendo a una leyenda ubicada en la parte inferior del menú, donde los principales ingredientes están tachados con una cruz roja.

Todo en el Café de las Sonrisas está pensado para que auxiliándose del menú, el cliente pueda lograr una comunicación fluida con el personal, a través de la combinación de dibujos y colores.

Los propios clientes del negocio se declaran satisfechos con la experiencia y la lección que, aseguran, les deja la visita a esa cafetería.

Simon Doubleday, de origen inglés, su esposa de origen español y sus dos hijos, aprovecharon la estadía en La Gran Sultana para visitar esta cafetería y disfrutar del menú que --aseguraron-- les dejó un buen sabor.

“Es irónico que en muchos lugares las personas sordas y ciegas son vistas como locos o como si les faltara algo, cuando en realidad tienen igual o mayores destrezas que nosotros. Yo, por ejemplo, jamás podría hacer una hamaca como esa”, expresó Doubleday refiriéndose a la pieza que empezaba a trabajar Jimmy y que es otra actividad en la que están involucradas personas con discapacidad.

Oportunidad para jóvenes con discapacidad

La iniciativa surgió de la preocupación del chef de origen español, Antonio Prieto Buñuel, sobre las oportunidades de la niñez y la juventud con discapacidad, luego que conociera en 2005, cuando llegó de visita a Nicaragua, a Oscar, un niño sordo, de Quezalguaque, León.

Prieto buscó el apoyo de algunos empresarios, con el propósito de insertar laboralmente a jóvenes con discapacidad, pero la respuesta que recibió fue negativa. “El Café de las Sonrisas nació como una opción de trabajo para personas con discapacidad en Nicaragua. Es un proyecto que diversifica las opciones formativas de los chicos que tenemos en el centro y demuestra, además, que estas personas son capaces de brindar un servicio profesional”, expresó el hombre a quien los muchachos llaman Tío Antonio.

El primer paso

Antes de la fundación del Café, Prieto instaló un pequeño taller de hamacas donde los muchachos con discapacidad se ganan la vida elaborando piezas que, por su calidad, han alcanzado gran reconocimiento y aceptación en el extranjero.

Nació en 2007 solamente con dos jóvenes sordos y hoy genera empleo a más de 30 personas, entre ellas algunas con discapacidad auditiva, visual y motoras, quienes trabajan medio día y luego estudian apoyados con becas.

La educación es prioridad en este lugar porque contribuye a combatir la ignorancia, la exclusión social y la pobreza, dijo Prieto tras declararse acérrimo promotor del estudio y la superación. La educación funciona a través de becas en escuelas y universidades con cuyos directores existe coordinación para dar un seguimiento especial a los becados.

Para recibir apoyo escolar, el estudiante deberá proceder de una familia de limitados recursos económicos, pero sobre todo tener muchas ganas de estudiar. Los beneficiados, dependiendo del caso, reciben además útiles y viáticos para movilización.

En el taller, situado sobre la Calle Real de Xalteva, producen también gorros y bolsos de algodón, preparados cuidadosamente por manos jóvenes que cada vez adquieren mayor experiencia.

Bajo parámetros de calidad

“La palabra calidad se repite mucho en este proyecto, por varias razones: nosotros no vendemos hamacas por el hecho de que las hagan personas ciegas o sordas, vendemos hamacas porque son muy buenas, son de calidad. Aquí no vendemos ni tonterías ni lástima, porque ninguna de las dos sirve para nada… Estas personas trabajan con profesionalismo y tienen dignidad”, enfatizó.

Jimmy Gómez Sevilla, un joven ciego de 37 años, habitante del barrio La Sabaneta, es uno de los trabajadores del taller. Llegó en 2011 a hacer su primera hamaca, pero tenía bastante tiempo de querer aprender, según contó.

“Mi deseo nació estudiando la primaria en Managua. Allá muchos compañeros sabían tejer y yo también quería aprender”. Narra que en 2006 buscó financiamiento con un donante residente en Estados Unidos “para que me pagara un instructor, pero él me dijo que no podía porque su presupuesto ya estaba ajustado, que tal vez más adelante”.

A raíz de eso incursionó en la quiropraxia y la reflexología (medicina alternativa que sirve para tratar el estrés), intentó también aprender acupuntura, pero reconoce que se le hizo difícil. La idea de las hamacas continuó en su cabeza hasta que un día de abril de 2011, su madre, que se dedica a lavar y planchar ajeno, escuchó de un sitio donde ayudaban a las personas con discapacidad.

“A ella le comentaron que había oportunidad de trabajar haciendo hamacas, bolsos y gorros, entonces me decidí a venir y hablé con el Tío Antonio; él me respondió que sí y me animó diciendo que yo era capaz de hacer las mejores hamacas. Recuerdo que empecé haciendo una hamaca pequeña, de 16 puntadas; tenía dos instructores pero aun así me costaba muchísimo. Con el tiempo y la práctica agarré viaje y ahora aquí estoy, ganando un dinerito para mis cosas personales”, expresó.

 

Centro Social Tío Antonio

El Taller de Hamacas y el Café de las Sonrisas constituyen las principales iniciativas del Centro Social Tío Antonio, una organización sin ánimo de lucro que nació en 2007.

Su principal propósito es contribuir a la inserción en el mundo laboral, el acceso a la educación, la salud y la atención social, a los más desfavorecidos.

Está localizado en el Centro Histórico de Granada, de la iglesia de La Merced media cuadra al lago.

 

Café promueve la inclusión

Durante el primer año del Café de las Sonrisas, Antonio Prieto, su fundador, considera que ha permitido abrir camino en materia de inclusión. Además, estima que el 99% de las personas --nacionales y extranjeras-- que llegaron a la cafetería, utilizaron el lenguaje de señas para entenderse con los muchachos.

“Es hermoso ver a personas de todas partes del mundo, que hablan idiomas diferentes y que aun así intentaron interactuar y lo lograron, de una manera o de otra. Este es un paso muy importante también para Nicaragua”, destacó.

Proyecto futuro

Con su visión de continuar generando empleos para personas sordas, invidentes o con cualquier otra discapacidad, el español Antonio Prieto está madurando el proyecto de una panadería, que estaría instalada en este mismo centro, muy cerca de donde funcionan la cafetería y el taller de hamacas.

“Nos está costando un poco de trabajo. Recordemos que no recibimos subvención, todo lo que hemos logrado ha sido con nuestro esfuerzo, el café incluso nos costó mucho, pero un horno es demasiado caro, la refrigeradora industrial que necesitamos también es cara, vale como cuatro o cinco mil dólares”, precisó, tras manifestar confianza de que en unos tres o cuatro meses el proyecto esté arrancando.

 

"Queremos ser una especie de espejo, un golpe a la conciencia de los empresarios... Hay un gobierno que ha creado dos leyes sobre la contratación de personas con discapacidad, pero nosotros no vemos que estas leyes se estén cumpliendo.  Y que no vengan a decir que estas personas no pueden, porque aquí tenemos un gran ejemplo".

Antonio Prieto Buñuel
Fundador del Centro Social Tío Antonio.

 

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