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Anna Mumenthaler, de nacionalidad suiza y especialista en Pedagogía Curativa Clínica, viajó más de 9,300 kilómetros para colaborar en una hermosa tarea humanitaria: capacitar al personal del Centro Regional de Rehabilitación y Educación Temprana “Las Segovias” (Crret), que brinda atención pedagógica a niños y niñas que sufren de autismo.

Del universo de niños y niñas con discapacidad diversa --unos 300-- que atiende el Centro Regional Las Segovias, el 4% padece autismo, un trastorno que afecta la comunicación y las interacciones sociales, y que, lamentablemente, goza de escaso conocimiento en Nicaragua para su detección y debida atención.

Mumenthaler, especialista en Pedagogía Curativa Clínica, y con un Máster en Autismo, trabajará los próximos tres años en el Centro Regional, con sede en Ocotal, para fortalecer el conocimiento del personal sobre esta discapacidad. En su haber hay 10 años de labor práctica con niños y adolescentes que padecen ese trastorno.

“Nuestra idea es que no solo atienda a los niños con autismo, sino que nos deje su experiencia”, dijo Gilma Elizabeth Méndez, directora del Centro, refiriéndose al programa de capacitaciones que la cooperante suiza impartirá al personal de esta institución, y de los capítulos de Los Pipitos en varios municipios de la región.

Detección de casos

Agregó que si bien en Los Pipitos se han desarrollado algunas capacitaciones sobre el tema, falta una formación académica, debido a la complejidad de detectar, diagnosticar y atender adecuadamente a la niñez autista, área en que esperan avanzar con la ayuda de la especialista suiza.

Méndez dijo que siempre reciben a niños y niñas que presentan autismo, con deficiencias intelectuales severas, “ya que ni la escuela ni los padres en las casas saben qué hacer”.

Con la presencia de la cooperante trabajarán el tema de la detección de niños y niñas que padezcan ese trastorno. Por ahora, atienden a 13 pacientes, pero no descartan que la prevalencia en la región sea mayor.

Mejorar la atención

Anna contó que tras frustrarse los preparativos de un viaje a Canadá, una amiga le propuso en la Navidad del año pasado, por qué no se contactaba con una asociación suiza-italiana que estaba necesitando de cooperantes para trabajar en Centroamérica, a lo que ella se preguntó: ¿por qué no?

En enero presentó su currículo profesional a la asociación en su país, perfil que enviaron a Nicaragua. “Aquí la doctora (Méndez) y el equipo del Crret de Ocotal dijeron “queremos a esa chica”, entonces me llamaron y tuve una formación antes de salir para acá”, relató.

Lleva más de cinco meses en Nueva Segovia, período que le ha permitido conocer la forma en que se trata a la niñez y adolescencia con autismo en el país.

“Hay gente que conoce el autismo, sabe definirlo correctamente, pero en la intervención no tiene la teoría o metodología (adecuada), entonces, mi trabajo es hacer más práctica para que puedan intervenir mejor”, explicó.

En ese sentido, la especialista ha enseñado al personal del Crret y a padres de familia, a confeccionar herramientas con materiales desechados para que puedan desarrollar terapias que ayuden a superar en sus hijos o hijas autistas, las obsesivas rutinas o apego a objetos a veces inútiles, que les produce el trastorno.

Características de la enfermedad

Anna afirma que en su país y en Estados Unidos se practica el diagnóstico a los niños a partir de los 36 meses de edad, etapa en que ya deben desarrollar sus capacidades de lenguaje, comunicación y otras habilidades, de lo contrario se podría estar ante la posibilidad de un padecimiento de autismo.

“El niño tiene hiperactividad. Todo el tiempo se está moviendo, grita, sufre una crisis bien fuerte. Cuando quiere una cosa, no puede explicarlo, ni puede preguntar al respecto; puede tener también un comportamiento de autoagresión, se hace daño, se golpea la cabeza, se muerde o va a golpear a otra gente”, detalló entre las características del autismo.

Dice que también el menor autista tiene un extraño interés por objetos que no lo llevan a un juego funcional simbólico, “por ejemplo, un cordón de zapatos, un vasito, una maceta, cosas que normalmente no se utilizan como juguetes, pero que ese tipo de niños las utilizan, y no se les pueden quitar. Eso es un indicador (de la enfermedad)”, aseguró.

Aun cuando llegaran a apegarse a un juguete, no lo utilizan con la lógica de un niño normal, pueden disponer de un carrito, pero este lo pueden poner siempre sobre la cabeza u otra parte, “van buscando una sensación del objeto, pero no a desarrollar un juego funcional simbólico. Esto se mira bien en un niño autista”, apuntó.

Advierte que hay niños autistas que toman rutinas como subirse a árboles, lugares altos y techos de las viviendas, por lo que recomendó a los padres de familia mantenerlos bajo vigilancia y tener mucho cuidado.

Pese a las dificultades, la especialista insistió que con una intervención oportuna, se puede mejorar mucho el comportamiento del menor. “Tenemos la suerte de que aquí en el Centro, podemos intervenir de manera temprana y corregir”.

 

Definición del autismo

Anna Mumenthaler define el autismo como una dificultad del niño en sus relaciones sociales, en el juego, en la imaginación y en la comunicación verbal o no verbal. Aclara que el autismo no se padece de forma temporal, sino que se sufre por toda la vida. Es un trastorno generalizado que toca muchas áreas cerebrales.

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