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Durante semanas, los Goliat de la política mexicana bombardearon las ondas aéreas con anuncios tan deprimentes que le hacían a uno querer abandonar el país. Así que los mexicanos se entusiasmaron cuando los David políticos, con casi nada de publicidad y poco dinero, triunfaron en las elecciones congresales y regionales el 7 de junio. Los candidatos independientes, que tuvieron permitido postularse por primera vez, se beneficiaron de la desilusión inspirada por los grandes partidos. Uno aplastó a sus rivales dominantes en Nuevo León, un estado rico del Norte. Un candidato de un diminuto partido de protesta se convirtió en alcalde de la segunda ciudad más grande del país, Guadalajara. Pedro Kumamoto, un joven de 25 años de edad y sin afiliación alguna, ganó un escaño en una legislatura local en el centro de México con una pegajosa campaña de Facebook llamada "Los muros sí caen".

El partido en el poder perdió en cinco de las nueve elecciones para gobernador estatal. En las contiendas para el Congreso la participación del voto obtenida por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) del presidente de México, Enrique Peña Nieto, y los otros dos partidos grandes cayó en 16 puntos porcentuales desde las últimas elecciones intermedias celebradas hace seis años. Un nuevo partido izquierdista, Morena, recibió 8% de los votos, lo que le da la influencia para causar problemas. El agitador líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador, ahora se convierte en importante contendiente para la presidencia en 2018.

¿Y las reformas?

Estos rechazos a los partidos grandes no son un golpe serio para el ambicioso programa de reformas del Gobierno --que incluyen la educación, la energía y las telecomunicaciones--, las cuales son mucho más importantes que las carreras de los políticos que las patrocinan. El PRI y sus socios de coalición mantendrán la mayoría en la cámara baja de 500 escaños del Congreso. Eso coloca al presidente en posición de llevar a cabo por completo las reformas acordadas en 2012-13 por el PRI y sus rivales, el PAN de mentalidad empresarial y el izquierdista PRD.

Aunque Peña Nieto tiene el poder de seguir adelante, hay dos grandes dudas. Primero, no tiene mucho tiempo; no puede postularse a la reelección. López Obrador, quien perdió dos elecciones presidenciales, pero pudiera ganar una tercera, es un oponente feroz de las reformas. Los independientes impredecibles, como Jaime Rodríguez, el nuevo gobernador de Nuevo León, quizá tengan ambiciones presidenciales.

La segunda duda es si Peña Nieto tiene la voluntad de sacar adelante las reformas. Su enemigo inmediato es un sindicato de maestros tipo turba, conocido como CNTE, que expresó su oposición a los cambios en la educación secuestrando estaciones de gasolina y amenazando con impedir que la gente votara en los estados del Sur. En una aparente rendición, el Gobierno suspendió las evaluaciones de maestros, la parte más importante de la reforma, justo antes de las elecciones. El boicot fracasó, y la suspensión fue levantada el 8 de junio. Pero el titubeo fue perjudicial. Juan Pardinas del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), un grupo de análisis, dijo que envió el "estremecedor mensaje" de que el Gobierno no respetaba el régimen de derecho.

¿Habrá mano dura?

Para reparar su credibilidad, Peña Nieto quizá ahora aplique mano dura. Un funcionario dice que 30,000 soldados y otros agentes federales fueron desplegados para vigilar las elecciones en el Sur, especialmente en Oaxaca, donde la CNTE es más fuerte. Siguen ahí. El secretario de Defensa habló recientemente de la reforma educativa, un indicio, quizá, de que podría usar las tropas para aplicarla.

Emilio Chuayffet, el secretario de Educación, dice que los maestros que se nieguen a participar en las evaluaciones, que empiezan este mes, serán despedidos. Mientras los derechos humanos sean respetados, el uso de fuerzas federales para imponer el orden en Oaxaca sería popular, dice Pardinas. Pero es riesgoso: la CNTE de 80,000 miembros protagonizó protestas en la capital y otras grandes ciudades el 10 de junio.

Otra prueba para Peña Nieto será el anuncio a mediados de julio de las ofertas para los primeros contratos petroleros bajo la reforma energética, la cual permitirá a empresas privadas invertir en la industria por primera vez desde 1938. Esto demostrará si el apetito de los inversionistas se ha arruinado por los declinantes precios del petróleo; también reflejaría cuánto confían en que su Gobierno cumpla con los contratos. El 10 de junio, Pemex, la compañía petrolera estatal, anunció un gran nuevo descubrimiento cercano a las áreas para las cuales se emitirán contratos. Ejecutivos petroleros están impresionados por lo rápidamente que las autoridades están aprendiendo. "Han logrado en un año lo que tomó una década hacer en Brasil", dice uno. Pero le preocupa la disposición del Gobierno a defender a los intereses creados. La prevaricación en torno a la evaluación de maestros es una "fábula admonitoria" para las otras reformas, dice.

López Obrador, rejuvenecido por el éxito de Morena, pasará los próximos tres años afirmando que los reveses electorales sufridos por los grandes partidos demuestran que la reforma es impopular. Esto quizá sea cierto. Los aniquiladores de gigantes como Rodríguez (que se hace llamar El Bronco) se lanzaron principalmente contra la corrupción. Las encuestas de salida del PRI mostraron que quienes votaron por él lo hicieron porque les gustaban las reformas.

Pero López Obrador, o AMLO, como también se le conoce, puede causar problemas. Si se le ve como un fuerte candidato a suceder a Peña Nieto pudiera ahuyentar a los inversionistas, dice Damian Fraser de UBS, un banco. "La incertidumbre creada por un AMLO renaciente pudiera tener más efecto que el riesgo de las protestas en las calles", afirma.

Las tareas para Peña Nieto son claras. Primero, combatir la corrupción, una labor que se volvió más difícil por un escándalo de conflicto de intereses en el cual está involucrado. Segundo, completar las reformas, que deberían ofrecer beneficio a los mexicanos comunes en forma de una mejor educación y precios más bajos de los servicios públicos. Finalmente, preparar a un sucesor potencial que continúe la modernización, pero no recuerde demasiado a los votantes a los políticos que desprecian.

  • Manuel López Obrador, rejuvenecido por el éxito de Morena, pasará los próximos tres años afirmando que los reveses electorales sufridos por los grandes partidos en las recientes elecciones intermedias de México demuestran que la reforma es impopular.
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