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Cuando Ken Martin, un vendedor de sombreros, paga su cuenta mensual de pensión alimenticia, usa un giro bancario en vez de suscribir un cheque. Los giros bancarios, dice, no corren el riesgo de carecer de fondos, lo cual le haría incurrir en una comisión bancaria de 40 dólares. Cuestan 7 dólares en el banco. En la oficina postal cuestan solo 1.25 dólares, pero conseguirlos ahí es inconveniente.

Pese a esto, aunque recientemente carecía de hogar, Martin prefería dormir en las calles con cientos de dólares en efectivo --el resultado de no alcanzar a llegar antes de la hora de cierre de la oficina postal-- en vez de correr el riesgo de incurrir en una comisión por sobregiro.

El elevado cargo, dice, “me mataría”.

La vida es costosa para los pobres de Estados Unidos, y los servicios financieros son el principal culpable, algo que también aflige a los migrantes que envían dinero a sus países de origen.

Martin al menos tiene una cuenta bancaria. Un 8 por ciento de las familias estadounidenses --y casi una de cada tres personas cuyos ingresos son menores a los 15,000 dólares al año-- no la tiene. Más de la mitad de este grupo dice que la banca es demasiado costosa para ellos. Muchos no pueden mantener el saldo mínimo necesario para evitar las comisiones mensuales; para otros, el riesgo de ser golpeados por comisiones inesperadas es demasiado grande.

Arreglárselas sin bancos hace la vida más costosa, pero de una manera rutinaria. Hacer efectivo un cheque en una unión de crédito o institución similar cuesta típicamente entre 2 y 5 por ciento del valor del cheque.

UNA ALTERNATIVA

Quienes no tienen cuentas bancarias a menudo terminan pagando dos tipos de comisiones --una para convertir su cheque salarial en efectivo, otra por convertir su efectivo en un giro bancario--, dijo Joe Valenti, del Centro para el Progreso Estadounidense, un grupo de análisis de inclinación izquierdista.

En 2008, el Instituto Brookings, otro grupo de análisis, estimó que esas comisiones pueden ascender a 40,000 dólares a lo largo de la carrera de un trabajador de tiempo completo.

Quienes no tienen cuentas bancarias en EE.UU., a menudo terminan pagando dos tipos de comisiones, una para convertir su cheque salarial en efectivo y otra por convertir su efectivo en un giro bancario.

Está creciendo la popularidad de las tarjetas de débito prepagadas como una alternativa a las cuentas bancarias. El Mercator Advisory Group, una firma consultora, estima que los depósitos en esas tarjetas aumentaron en 5 por ciento a 570,000 millones de dólares en 2014.

Aunque recibir salarios o beneficios en tarjetas prepagadas es más barato que cobrar cheques, esas tarjeas típicamente cobran muchas otras comisiones.

Muchos Estados emiten sus propias tarjetas prepagadas para proporcionar los pagos de beneficencia. Como resultado, quienes no viven cerca del banco correcto salen perdiendo, ya sea por los cobros por retiro en los cajeros automáticos o por tener que realizar una larga travesía para hacer un retiro.

ALTO COSTO

Otras condiciones pueden ser exasperantes: En Indiana, las tarjetas de beneficencia permiten solo un retiro gratuito en cajeros automáticos al mes. Si los beneficiarios verifican su saldo en una máquina, les cuesta 40 centavos de dólar. (Kansas recientemente abandonó, en el último minuto, un plan para limitar los retiros de efectivo a 25 dólares diarios.)

Para acceder al crédito, los pobres típicamente dependen de quienes prestan como adelanto hasta el siguiente día de pago con un alto costo. En 2013, la media de ese tipo de préstamos era de 350 dólares, duraba dos semanas y conllevaba un cargo de 15 dólares por cada 100 dólares prestados; una tasa de interés del 322 por ciento (una tarjeta de crédito típica cobra 15 por ciento).

Casi la mitad de quienes pidieron prestado usando préstamos de adelanto sobre el salario lo hicieron más de 10 veces en 2013, y el deudor medio pagó 458 dólares en comisiones.

En 2014, casi la mitad de las familias estadounidenses dijeron que no podían cubrir un gasto inesperado de 400 dólares sin pedir prestado o vender algo; 2 por ciento dijo que esto les haría recurrir a los préstamos de adelanto sobre el salario.

El crédito costoso no se mezcla bien con los pagos de beneficencia irregulares. El crédito fiscal sobre el ingreso percibido (EITC, por su sigla en inglés), un complemento del ingreso para las familias pobres, se paga anualmente, como parte de una devolución de impuestos. La devolución total puede ascender a miles de dólares, lo que representa más que el salario mensual de muchas familias.

LA BANCA MÓVIL

Poco sorprendentemente, las familias escasas de fondos buscan pedir prestado por adelantado sobre este ingreso extraordinario. Los reguladores recientemente impidieron que los bancos emitieran préstamos a corto plazo y de alto costo garantizados por las inminentes devoluciones de impuestos. Pero sigue siendo común pedir prestado para cubrir el costo de solicitar el EITC.

En 2014, casi 22 millones de consumidores usaron “cheques en anticipación de la devolución”, los cuales ofrecen un préstamo para pagar los costos de la declaración y se cobran automáticamente cuando llega la devolución. Estos productos típicamente cuestan entre 25 y 60 dólares por un crédito que dura solo unas semanas, según Chi Chi Wu, del Centro Nacional para la Ley del Consumidor, un grupo activista.

¿Cómo podrían abaratarse los servicios financieros para los pobres?

Valenti ve promesa en la banca móvil. Pero los pobres aun no están bien posicionados para beneficiarse de la revolución móvil, en servicios financieros o de otro modo.

PRECIOS DISPARES

Solo la mitad de quienes ganan menos de 30,000 dólares por año tienen un smartphone, comparado con 70 por ciento o más de aquellos en grupos de ingresos más elevados. Casi la mitad de quienes lo tienen han debido cancelar temporalmente su servicio por razones financieras.

Eso en sí mismo podría ser el resultado de precios dispares: quienes tienen malas calificaciones crediticias dependen de las tarjetas SIM prepagadas, las cuales a diferencia de los contratos mensuales normales no están acompañadas de un elevado descuento en el teléfono.

La baja penetración de los smartphones a su vez hace la vida más costosa en otras formas. Los no conectados no se benefician de las comunicaciones, la educación e incluso el transporte baratos que ofrece la economía de las aplicaciones. Una cuarta parte de las familias pobres no usan el internet para nada, lo cual hace que sea más difícil buscar precios bajos.

La inflación también ha exprimido más a los pobres en los últimos años. Los precios de los elementos que absorben gran parte de su presupuesto --como renta, alimentos y energía-- se han elevado más rápidamente que los de otros bienes y servicios. Los declinantes precios del petróleo y la electricidad quizá estén revirtiendo esa tendencia, aunque típicamente los pobres poseen menos autos, así que se benefician menos de los precios más bajos de la gasolina.

Más inflación para los pobres

PRECIOS • De 2000 a 2013 --el último año para el cual hay cifras disponibles--, la inflación ha sido más alta para aquellos que están en la pobreza durante 139 de 168 meses, según la Reserva Federal de Chicago.

Como resultado de este recargo inflacionario, los precios subieron 3.2 por ciento más para los pobres en este periodo. Estas cifras quizá subestimen la disparidad, porque no incluyen las contribuciones del patrón al seguro de salud, de las cuales se piensa ampliamente que mantienen bajos los salarios, y conforman una porción mayor del salario total de los pobres.

El alto costo de ser pobre tiene dos implicaciones principales.

Primero, la desigualdad es peor de lo que sugieren las cifras del ingreso por sí solas. Esto es cierto incluso antes de que se consideren las disparidades no financieras, como las implicaciones para la salud de vivir con un ingreso bajo.

Segundo, encontrar formas de reducir estos costos, por ejemplo haciendo más fácil que se reclame el EITC sin pedir prestado, o cambiando las reglas sobre las comisiones por sobregiro (las cuales actualmente se usan para subsidiar de manera cruzada a otros clientes) sería una forma barata de ayudar a los que ganan menos; y las gangas son raras para los pobres.

 

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