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“No hay empresas genuinamente privadas en China”, declara un veterano asesor de compañías multinacionales. En cierto sentido, tiene razón.

El Estado y el partido son omnipresentes y su papel está consagrado en la ley. Además, como dijo Kent Kedl, de Control Risks, una firma investigadora: “Uno no alcanza el éxito en China como meramente una entidad privada. Se necesita una conexión poderosa. Pero esto puede resultar ser una ventaja o una desventaja”.

Los compinches de Bo Xilai, un otrora poderoso líder del Partido Comunista que está ahora en la cárcel, lo saben demasiado bien.

En las grandes empresas estatales de China, el departamento de organización del partido maneja a los altos ejecutivos.

Para descubrir si es probable que una empresa local determinada se comporte como una empresa estatal o como una entidad con mentalidad orientada al mercado, es necesario formular tres preguntas.

EMPRESA COMPETITIVA

Primera, ¿cuán estratégica es su industria? Peter Williamson, de la Escuela Judge de Negocios de la Universidad de Cambridge, dijo que el gobierno siempre se entrometerá con las empresas en industrias a las que considere estratégicas, aun cuando sean multinacionales.

Pero también es cierto lo opuesto. Las empresas estatales que operan en sectores de poco interés para el gobierno pueden comportarse como privadas. Gree Electric, que produce electrodomésticos, es de propiedad estatal, pero Dong Mingzhu, su jefe fieramente independiente, la ha transformado en una empresa altamente competitiva.

Segunda, ¿quién toma las decisiones sobre salarios, ascensos y contrataciones? Para las grandes empresas estatales como Sinopec, un gigante petrolero, el departamento de organización del partido maneja a los altos ejecutivos. Jack Ma, jefe de Alibaba, dijo que cree que si el consejo y los ejecutivos superiores son seleccionados por los accionistas, la empresa es privada.

Las apariencias pueden ser engañosas. La Academia China de Ciencias aún controla alrededor de un tercio de Legend Holdings, un gigantesco conglomerado fundado por Liu Chuanzhi, lo cual parece convertirle en una empresa estatal. Pero gracias a las reformas de participación accionaria introducidas por Liu, su administración es independiente.

Yang Yuanqing, el jefe de su subsidiaria, Lenovo, dijo que muchos de los gerentes superiores de su compañía han sido extranjeros: “Si el gobierno controlara a nuestra empresa, esto nunca hubiera sucedido”.

APOYO POLÍTICO

La pregunta más difícil concierne a la relación de la empresa con el partido. Algunos líderes de negocios orgullosamente usan el sombrero rojo. Wang Jianlin, el multimillonario jefe de Dalian Wanda, un enorme conglomerado del sector privado, nació en una élite de “principitos” y cultiva hábilmente las conexiones.

Muchas de las divisiones de su grupo, que van desde películas hasta parques temáticos, encajan con el deseo del liderazgo de promover el poder blando. Esto “es muy benéfico”, dijo, ya que su empresa recibe “más apoyo financiero y, especialmente, apoyo político”.

Pero el solo hecho de que un emprendedor tenga buenas guanxi (conexiones) no significa que el partido controle su empresa. Las empresas estatales disfrutan de enormes ventajas, lo cual obliga a las empresas privadas a acercarse al partido si quieren tener éxito, dijo Scott Kennedy en un informe elaborado por Gavekal Dragonomics.

“Los emprendedores de China son más rosados que rojos”, dijo.

Si los empleados son miembros del partido, ¿dónde radican sus lealtades? Kedl encontró que las unidades partidistas dentro de las compañías regularmente son bastante benignas. Ma de Alibaba, quien no es comunista, dijo que hay miembros del partido entre sus empleados superiores.

Liu dijo lo mismo sobre Legend. Luego el hombre que ha hecho más por modernizar a los negocios en China dejó caer una bomba: reveló que es jefe de la célula partidista de su empresa.

 

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