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¿Cuán importante es la economía bajo demanda de Estados Unidos?

A algunos les preocupa que empresas como Uber, una aplicación para llamar autos de alquiler, y Etsy, que ayuda a los trabajadores a vender obras artísticas y artesanías estén destruyendo al empleo tradicional y con él a las pensiones y los beneficios de atención médica. Otros elogian los horarios flexibles, los precios bajos y la conveniencia que permiten esas aplicaciones.

Hasta ahora, no muchos datos han aportado información a este debate. Las estadísticas oficiales dan seguimiento a cosas como el trabajo de medio tiempo, el autoempleo y el trabajo desde casa, pero la economía de las aplicaciones es demasiado pequeña para influir en esos indicadores. De hecho, la mayoría de estos sugiere que es el trabajo tradicional aburrido, en vez del empleo extraño habilitado por las aplicaciones, lo que está al alza.

Las nuevas plataformas

Un nuevo informe llena el vacío. Investigadores del Instituto JP Morgan Chase, un grupo de análisis vinculado al banco, estudiaron los ingresos de un millón de los clientes del banco con cuentas corrientes activas de tres años. Encontraron que en septiembre de 2015, un 1 por ciento de ellos percibió ingresos a través de una plataforma bajo demanda identificable. De estos, un poco más de la mitad usó plataformas de “capital”, como Airbnb, para arrendar cosas de su propiedad. El resto, alrededor de 0.4 por ciento, usó plataformas laborales como Uber.

Aunque pequeña, la oferta laboral y de capital bajo demanda ha crecido rápidamente: apenas a fines de 2012, el 0.1 por ciento de los clientes del banco percibía ingresos a través de plataformas en línea. Desde entonces, 4.2 por ciento han participado en un momento u otro.

¿La economía bajo demanda está reemplazando a los empleos tradicionales? Los conductores de Uber son “contratistas independientes”    que deben pagar sus propios impuestos de nómina, comprar su seguro de salud y ahorrar para sus propias pensiones. Algunos conductores piensan que esto está mal, y han llevado su batalla a los tribunales.

Una tercera categoría

En diciembre de 2015, dos economistas -Seth Harris y Alan Krueger, que han sido consultores de Uber en el pasado- presentaron un plan para una tercera categoría de trabajador, algo entre un contratista y un empleado, diseñada por la economía bajo demanda. El “trabajador independiente” tendría algunos beneficios, incluyendo contribuciones para los costos de atención médica e impuestos de nómina, pero no tendría derecho al salario mínimo o el seguro de desempleo. Harris y Krueger escriben que igualar los beneficios facilita más comparar los ingresos entre los empleos y las aplicaciones, y que las compañías pueden usar su influencia de negociación para obtener un seguro de salud más barato que los individuos.

Esas reformas, sin embargo, serían relevantes para solo una diminuta fracción de la fuerza laboral. Los datos de JP Morgan sugieren que la mayoría de los trabajadores bajo demanda usan las aplicaciones para complementar sus ingresos, en vez de como reemplazo de un empleo de tiempo completo. En promedio, las plataformas laborales ofrecen solo un tercio de los ingresos de los trabajadores bajo demanda, y su participación a menudo es esporádica: casi la mitad de quienes empiezan a trabajar en una plataforma laboral lo dejan al mes.

Caso Uber

Los ingresos de Uber y aplicaciones similares están fuertemente correlacionados con las sacudidas negativas a los ingresos de otras fuentes, mientras que las plataformas de capital son usadas mucho más consistentemente. Eso sugiere que las personas usan las aplicaciones para suavizar los golpes a sus ingresos, que son frecuentes: más de la mitad de los clientes del banco han visto oscilar sus ingresos en al menos 30 por ciento en un mes. En gran medida, la volatilidad en los salarios es la responsable. Quizá los empleos convencionales no sean tan grandiosos después de todo.

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