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En una semana, la competencia por la nominación presidencial republicana pudiera haber acabado.

Donald Trump ya ha ganado tres de las primeras cuatro contiendas. El 1º de marzo, el Súper Martes, votarán 12 estados más. Trump tiene una ventaja en las encuestas en todos, salvo en tres de ellos. Si estos sondeos se tradujeran en resultados, como lo han hecho hasta ahora, Trump no sería totalmente invencible -sería teóricamente posible que otro candidato ganara suficientes delegados para derrotarlo- pero eso requeriría que el favorito sufriera un colapso electoral tardío y espectacular de un tipo que no se ha visto antes.El senador por Florida, Marco Rubio, es percibido como el gran retador de Donald Trump.

En este momento, la nominación republicana casi es suya.

Peor aún, podría no parar ahí. Los sondeos sugieren que 46 por ciento de los estadounidenses en edad de votar tiene una opinión “muy desfavorable” de Trump, lo cual sugiere que sus posibilidades de ganar una elección general son pocas. Sin embargo, el personaje político de Trump es más flexible que el de cualquier político profesional, lo cual significa que puede tomar la dirección que quiera.

 

  • No hay nada en la carrera de Trump que sugiera que repentinamente se transformaría en un dirigente sensato, ansioso de recibir consejos de expertos conocedores.

Cualquiera que gane la nominación de cualquier partido tendrá una posibilidad decente de convertirse en el próximo presidente de Estados Unidos: las pasadas elecciones han sido decididas por márgenes estrechos en un puñado de estados. Cuando los encuestadores piden a los votantes que elijan en un frente a frente entre Trump y la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, la favorita demócrata gana por menos de tres puntos porcentuales. Trump tendría mucho tiempo para tratar de cerrar esa brecha. Una economía que recaiga en una recesión o una acusación contra Clinton le harían un favor.

INCITA AL ODIO

Esa es una perspectiva espantosa. Las cosas que Trump ha dicho en esta campaña le hacen poco digno de encabezar a uno de los grandes partidos políticos del mundo, ya no digamos de Estados Unidos. Una forma de juzgar a los políticos es por si apelan a lo mejor de nosotros mismos. Trump ha prosperado incitando al odio y la violencia. Es tan impredecible que pensar en él cerca del alto cargo es aterrador. Debe ser detenido.

Como cada “Trumpismo” adicional parece un poco menos impactante que el anterior, existe el peligro de insensibilizarse contra sus exabruptos. Para recapitular, se ha referido a los mexicanos que cruzan la frontera como violadores, llamado de manera entusiasta al uso de la tortura, insinuado que el juez de la Suprema Corte Antonin Scalia fue asesinado, propuesto prohibir que todos los musulmanes visiten Estados Unidos, defendido el asesinato de las familias de los terroristas y repetido, de manera aprobatoria, una perjudicial ficción de que hace un siglo los soldados estadounidenses en Filipinas empapaban sus municiones en sangre de cerdo antes de ejecutar a rebeldes musulmanes. En un mitin reciente, dijo que le gustaría golpear a un manifestante en la cara. Esta no es de ninguna manera una lista exhaustiva.

Casi la única política que Trump claramente suscribe es una fantasía: la construcción de un muro a lo largo de la frontera sur, pagada por México. ¿Qué haría si enfrentara una crisis en el Mar del Sur de China, un ataque terrorista en Estados Unidos u otra crisis financiera? Nadie tiene idea. Trump quizá sea adecuado para hacer campaña en las primarias, en las cuales los votantes se parecen poco al país en general, pero es difícil imaginar a algún candidato menos adecuado para la consecuencia de ganar una elección general, es decir para gobernar.

SACUDE LO CORRECTO

Con cada victoria, las voces que tratan de reconciliarse con la toma hostil que hizo Trump del Partido Republicano se hacen más fuertes. Ya ha sido apoyado por algunos congresistas republicanos. Algunos en la izquierda señalan que es menos conservador en cuestiones sociales y económicas que algunos de sus rivales, mientras en privado esperan que los republicanos lo nominen para que Clinton pueda derrotarlo de manera aplastante.

Algunos en la derecha argumentan que Trump meramente está interpretando un papel, sacudiendo lo políticamente correcto, y que en esencia, es un desarrollador inmobiliario neoyorquino pragmático al que le gusta cerrar acuerdos. Si ganara la nominación, continúa su argumento, se sentiría intimidado en privado y designaría a asesores sensatos ante los cuales se plegaría.

Esta es una ilusión de parte de quienes quieren que su bando gane a cualquier costo. No hay nada en la carrera de Trump, durante la cual ha tenido un control cerrado del negocio familiar y a menudo actuado por instinto, que sugiera que repentinamente se transformaría en un dirigente sensato, ansioso de recibir consejos de expertos conocedores. Para quienes no lo hayan notado aún, Trump no carece de confianza en sus propias opiniones.

Durante demasiado tiempo, el primer instinto del senador Ted Cruz (republicano de Texas) y el senador Marco Rubio (republicano de Florida), las principales alternativas a Trump, ha sido evitar criticar al favorito con la esperanza de ganarse a sus votantes posteriormente. Las primarias quizá a veces se parezcan a un circo, pero también ofrecen un lugar para probar el liderazgo y valor de los candidatos. Hasta ahora, ambos hombres han reprobado.

Los republicanos necesitan enfrentarse a Trump, no quedarse paralizados por lo que le está sucediendo a su partido. Más de 60 millones de personas votaron por Mitt Romney en 2012. Una gran mayoría son personas decentes, compasivas y tolerantes que aborrecen la violencia política, la intolerancia y la mentira. Los conservadores sensatos quedarán desconsolados en noviembre si se les pide que elijan entre un nativista gruñón y un demócrata.

Campo dividido

ANÁLISIS• Se puede decir que el candidato republicano mejor calificado para fungir como presidente es el gobernador John Kasich de Ohio. Tiene una buena mezcla de experiencia, en el Congreso y en su estado natal así como en el sector privado.

También ha mostrado valentía, ampliando el Medicaid en Ohio aunque sabía que contaría en su contra entre los votantes de las primarias, como realmente ha sucedido.

No obstante, este ya no es el partido de Kasich. Pese a su éxito en Nueva Hampshire, donde terminó en segundo sitio, Kasich es la opción preferida de menos de 10 por ciento de los votantes republicanos.

Si el campo sigue dividido como lo está ahora, será posible que Donald Trump gane con solo una pluralidad de votos. Para evitar eso, otros deben abandonar. Aunque Marco Rubio carece de las calificaciones obvias de Kasich, tiene una mejor posibilidad de derrotar a Trump que cualquier otro. Los demás candidatos -incluido Ted Cruz, que erróneamente se ve como el retador más probable- deberían apartarse de su camino.

Si no lo hacen, pronto pudiera ser demasiado tarde para evitar que el partido de Abraham Lincoln sea encabezado por Donald Trump en la elección presidencial.

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