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A los niños en ocasiones se les dice que sus hermanos llegan vía cigüeñas amistosas. La realidad es más enrevesada.

La creación del dinero es más o menos igual. La “cigüeña” en este caso es el banco central. Muchos piensan que transfiere dinero a los bancos privados, que actúan como intermediarios, distribuyendo el dinero en la economía. En realidad, la mayor parte del dinero es creado por los bancos privados. Generan depósitos cada vez que hacen un préstamo, un proceso en el que los bancos centrales pueden influir, pero que no pueden controlar. Eso alarma a algunos, a quienes les preocupa que los bancos usen este poder a la ligera, atizando de este modo los auges y crisis disruptivos.

Activistas en muchos países ricos quieren privar a los bancos privados del poder de crear dinero. En diciembre, miembros de la “Iniciativa Vollgeld” presentaron ante el gobierno suizo suficientes firmas para desencadenar un referendo nacional sobre el tema. Los depósitos bancarios, señalan, conforman un 87 por ciento del dinero fácilmente disponible en Suiza, excediendo enormemente a los billetes y las monedas. Ya que la creación de dinero es el combustible principal de la inflación y el crecimiento, argumentan, no debería estar en manos privadas, ya no digamos confiársele a instituciones inclinadas a los atracones y luego vomitar.

SONDEAR ECONOMÍA

Según el sistema existente, los depósitos se asientan en las hojas de balance de los bancos privados. Según la alternativa propuesta, una variación de la “banca estrecha”, las cuentas se transformarían en algo más cercano a las cajas de depósito guardadas en las bóvedas suizas. Los clientes pagarían a los bancos una comisión por almacenar su efectivo. Cualquier préstamo que los bancos hicieran tendría que ser financiado por los accionistas o pedido prestado por ellos mismos, no tomado de los depósitos.

El banco central, mientras tanto, sondearía la economía y juzgaría cuánto efectivo se requeriría para mantener estable la inflación. En vez de modificar las tasas de interés para influir en los créditos de los bancos privados, simplemente él mismo distribuiría, o retiraría, el efectivo necesario, entre el Gobierno, el público o, como préstamos, los bancos privados.

El sistema propuesto sería más seguro para los depositantes, ya que los bancos no podrían prestar y perder su dinero. Eso permitiría a los gobiernos retirar la protección implícita de que disfrutan actualmente los bancos como guardianes de los depósitos de los votantes. Incluso se permitiría que quebraran los bancos grandes, ya que las pérdidas no repercutirían tanto en todo el sistema. Esa posibilidad haría que los prestamistas se comportaran de manera más prudente.

CONFIANZA EN EL DINERO

El gobierno suizo responde oficialmente a todos los asuntos que serán sometidos a referendo. Aunque la votación real no tendrá lugar hasta el año próximo, el pasado 24 de febrero el Gobierno divulgó su veredicto sobre la Iniciativa Vollgeld: no la apoya. Conforme el banco central emitiera más dinero, señala el Gobierno, sus obligaciones —efectivo— aumentarían sin que hubiera incremento alguno en sus activos. Esto, teme el Gobierno, socavaría la confianza en el valor del dinero.

  • La mayor parte del dinero es creado por los bancos privados. Generan depósitos cada vez que hacen un préstamo, un proceso en el que los bancos centrales pueden influir, pero que no pueden controlar.

Quienes esperan un sistema más simple y más simplificado probablemente se sentirían decepcionados. Habría necesidad de reglas severas para asegurarse de que los bancos no crearán instrumentos “similares al dinero”. Al Gobierno también le preocupa que el cambio restringiera a los bancos suizos, incluidos gigantes multinacionales como UBS y Credit Suisse, que enfrentarían gigantescos costos de reestructuración. Las finanzas, una parte enorme de la economía suiza, serían puestas de cabeza, con consecuencias impredecibles, pero probablemente onerosas.

El Gobierno también señala que la iniciativa protege solo contra una forma de inestabilidad financiera en particular. Incluso una vez que el nuevo sistema estuviera en vigor, un banco aún pudiera volverse insolvente o sufrir por una crisis de liquidez, con resultados potencialmente desastrosos para aquellos que lo hubieran respaldado y para la economía en general. Aun cuando no aceptaba depósitos minoristas, Lehman Brothers colapsó y casi arrastró consigo al sistema financiero mundial. Dados los beneficios limitados, argumentan los oponentes, los costos involucrados en la reforma parecen prohibitivos.

ESTABILIDAD

Además, “hay medios menos radicales para lograr la estabilidad financiera”, según Serge Gaillard, director de la Administración Financiera Federal de Suiza.

Las reglas sobre los créditos, las reservas y el capital han sido hechas más estrictas desde la crisis. Ahora que estas reformas han sido implementadas, dijo el Gobierno, esa revisión fundamental del sistema es innecesaria, si no es que totalmente peligrosa.

Las cajas de depósito quizá sean populares en Suiza, pero el público probablemente se pondrá del lado del Gobierno, decepcionando a los economistas radicales que esperan a un pionero que pruebe que el modelo puede funcionar.

Las autoridades suizas creen que han recomendado la opción más segura. Los activistas piensan que son de mentalidad cerrada.

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