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En 1971, el auto más rápido del mundo era el Ferrari Daytona, capaz de alcanzar los 280 kilómetros por hora. Los edificios más altos del mundo eran las torres gemelas del World Trade Center en Nueva York, de 415 metros. En noviembre de ese año, Intel lanzó el primer chip microprocesador comercial, el 4004, que contenía 2,300 transistores diminutos, cada uno del tamaño de un glóbulo rojo.Cada año los ordenadores tienen mayor capacidad.

Desde entonces, los chips han mejorado de acuerdo con la predicción de Gordon Moore, el cofundador de Intel.

Según su regla, conocida como Ley de Moore, la potencia de procesamiento se duplica aproximadamente cada dos años conforme transistores más pequeños son metidos cada vez más ajustados en laminillas de silicio, elevando el desempeño y reduciendo los costos. Un moderno procesador Intel Skylake contiene alrededor de 1,750 millones de transistores --medio millón de ellos cabría en un solo transistor del 4004-- y colectivamente ofrecen unas 400,000 veces más poder computacional.

Este progreso exponencial es difícil de relacionar con el mundo físico. Si los autos y los rascacielos hubieran mejorado a ese ritmo desde 1971, el auto más veloz ahora sería capaz de alcanzar una décima parte de la velocidad de la luz y el edificio más alto llegaría a medio camino hacia la Luna.

LOS SMARTPHONES

El impacto de la Ley de Moore es visible alrededor de todos nosotros. Hoy, 3,000 millones de personas llevan smartphones en sus bolsillos, cada uno más poderoso que una supercomputadora del tamaño de una habitación de los años 80. Incontables industrias han sido puestas de cabeza por la disrupción digital. El abundante poder computacional ha refrenado incluso las pruebas nucleares, porque las armas atómicas son más fáciles de probar usando explosiones simuladas en vez de las reales. La Ley de Moore se ha convertido en un tropo cultural: la gente dentro y fuera de Silicon Valley espera que la tecnología mejore cada año.

LOS CAMBIOS

Ahora, después de cinco décadas, el fin de la Ley de Moore está a la vista. Hacer transistores más pequeños ya no garantiza que sean más baratos o más rápidos. Esto no significa que el progreso en la computación se estanque repentinamente, sino que la naturaleza de ese avance está cambiando. Los chips siguen mejorando, pero a un ritmo más lento: el poder para el procesamiento de números se está duplicando ahora solo cada 2.5 años, dice Intel. El futuro de la computación será definido por los mejoramientos en otra tres áreas, más allá del mero desempeño del hardware.

La primera es el software. La semana pasada, Alpha Go, un programa que juega el antiguo juego de Go, derrotó a Lee Sedol, uno de los mejores jugadores humanos, en los primeros dos de cinco juegos programados en Seúl. Go es de interés particular para los científicos computacionales debido a su complejidad: Hay más posiciones posibles en el tablero que partículas en el universo. Como resultado, un sistema para jugar Go no puede depender simplemente de que prevalezca la fuerza bruta computacional, ofrecida por la Ley de Moore.

Alpha Go depende más bien de la tecnología de “aprendizaje profundo”, modelada en parte con base en la forma en que funciona el cerebro humano. Su éxito esta semana demuestra que se pueden lograr enormes ganancias de desempeño a través de nuevos algoritmos. En realidad, la desaceleración del avance en el hardware ofrecerá incentivos mayores para desarrollar software más inteligente.

  • La computación de nube centralizada es dominada por Amazon, Google, Microsoft, Alibaba, Baidu y Tencent.

La segunda área de progreso está en la “nube”, las redes de centros de datos que ofrecen servicios de distribución vía internet. Cuando las computadoras eran aparatos independientes, ya fueran servidores o computadoras personales de escritorio, su desempeño dependía sobre todo de la velocidad de sus chips procesadores. Hoy, las computadoras se vuelven más poderosas sin cambios en su hardware. Pueden echar mano de los enormes y flexibles recursos de procesamiento de números de la nube cuando hacen cosas como buscar a través de correos electrónicos o calcular la mejor ruta para un viaje por carretera. La interconectividad intensifica sus capacidades: funciones de los smartphones como el posicionamiento satelital, los sensores de movimiento y el apoyo de pagos inalámbricos importan ahora tanto como la velocidad de los procesadores.

La tercera área de mejoramiento radica en las nuevas arquitecturas computacionales, los chips especializados optimizados para tareas particulares, digamos, e incluso las técnicas exóticas que aprovechan la rareza de la mecánica cuántica para analizar conjuntos de datos múltiples simultáneamente. Había menos necesidad de abordar este tipo de enfoques cuando los microprocesadores genéricos estaban mejorando tan rápidamente, pero ahora los chips están siendo diseñados específicamente para la computación de nube, el procesamiento de redes neurales, la visión computacional y otras tareas. Ese hardware especializado será incrustado en la nube, para recurrir a él cuando sea necesario. Una vez más eso sugiere que el mero desempeño de los dispositivos del usuario final importa menos que antes, porque las tareas pesadas se están realizando en otra parte.

LA PROFECÍA

¿Qué significa esto en la práctica? La Ley de Moore nunca fue una ley física, sino una profecía que se cumplía sola; un triunfo de la planificación central según el cual la industria de la tecnología coordinaba y sincronizaba sus acciones.

Su desaparición hará menos predecible el ritmo del progreso tecnológico, y probablemente haya topes en el camino conforme las nuevas tecnologías para mejorar el desempeño y lleguen a trompicones. Sin embargo, dado que la mayoría de la gente juzga sus dispositivos computacionales según la disponibilidad de capacidades y funciones, en vez de la velocidad de procesamiento, quizá a los consumidores no les parezca una desaceleración.

La computación de nube

INNOVACIÓN• Para las compañías, el fin de la Ley de Moore se verá mitigado por el cambio hacia la computación de nube. Las compañías ya están mejorando sus computadoras personales menos frecuentemente y han dejado de operar sus propios servidores de correo electrónico. Este modelo depende, sin embargo, de una conectividad rápida y confiable. Eso fortalecerá la demanda de mejoramientos a la infraestructura de banda ancha: Aquellos con mala conectividad tendrán menos probabilidad de beneficiarse conforme los mejoramientos en la computación sucedan cada vez más dentro de los centros de datos de los proveedores de nube.

Para la propia industria de la tecnología, la declinación de la Ley de Moore fortalece la lógica de la computación de nube centralizada, ya dominada por unas cuantas empresas grandes: Amazon, Google, Microsoft, Alibaba, Baidu y Tencent. Ellas están trabajando duro para mejorar el desempeño de su infraestructura de nube, y están a la caza de empresas emergentes que realizan innovaciones: Google compró Deepmind, la firma británica que construyó Alpha Go, en 2014.

Durante más de 50 años, el encogimiento al parecer inexorable de los transistores hizo a las computadoras constantemente más baratas y más capaces. Conforme la Ley de Moore se desvanezca, el progreso será menos metronómico. Sin embargo, las computadoras y otros dispositivos continuarán volviéndose más poderosas, pero en formas diferentes y más variadas.

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