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Nadie puede negar que la industria del petróleo de esquisto en Estados Unidos está pasando tiempos difíciles. En las últimas semanas, ha sufrido el encausamiento judicial y la subsecuente muerte en un accidente automovilístico de uno de sus pioneros, Aubrey McClendon, una paliza de parte de la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, quien pudiera convertirse en la próxima presidenta de Estados Unidos; y una advertencia del ministro del Petróleo de Arabia Saudita, Alí al-Naimi, de reducir costos, pedir prestado dinero o enfrentar la liquidación.

Los datos ilustran el grado que han alcanzado sus males. La Agencia de Información Energética del gobierno de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés) dice que la producción petrolera en diciembre, de 9.3 millones de barriles diarios, fue menor a la de un año antes por primera vez desde principios de 2011, agobiando a Texas y Dakota del Norte, el corazón de la fracturación hidráulica, alias “fracking”. El 8 de marzo, la EIA dijo que espera que la producción de crudo estadounidense cayera a 8 millones de barriles diarios antes de que toque fondo en la segunda parte del año próximo.

Contra ese sombrío telón de fondo, la mera insinuación esta semana de que los precios petroleros estadounidenses se estaban recuperando a 40 dólares por barril, respecto de menos de 30 dólares por barril hace un mes, debe haberse sentido como una tarjeta de “sal de la cárcel gratis”. 

Las reservas de EE.UU.

Con una desfachatez típica de la industria, algunos ejecutivos del esquisto ven al petróleo de 40 dólares como el umbral tras el cual pueden reanudar la perforación y ganar dinero de nuevo; aún cuando Estados Unidos siga ahogado en cantidades récord de crudo en almacenamiento. 

Si tiene razón sobre eso, pudiera cambiar toda la dinámica del mercado petrolero, suavizando rápidamente cualquier aumento o caída en los precios.

Sin embargo, no está del todo claro que la tengan.

En teoría, no es difícil para los fracturadores incrementar la producción rápidamente, una vez que se vuelva económicamente sensato. Los costos de la construcción de plataformas y de la perforación han caído tan rápidamente que algunos pozos pudieran generar dinero con precios de alrededor de 40 o 45 dólares por barril, según Rystad Energy, una firma consultora. Las compañías han despedido a muchos trabajadores, pero como es difícil encontrar empleos bien pagados en otra parte, sería relativamente fácil atraerlos de nuevo.

En preparación para precios petroleros más altos, los productores desde el campo Bakken en Dakota del Norte hasta Permian y Eagle Ford en Texas han reportado que tienen cientos de pozos “perforados pero incompletos” (DUC, por sus siglas en inglés).  Los DUC deberían ser un anatema para un hombre del esquisto que se respete: inyectan dinero en el suelo en forma de pozos, pero difieren la tan importante fracturación que rompe la roca de esquisto y produce el petróleo. Sin embargo, pudieran ser una forma rápida de reanudar la producción. A fines de febrero, Continental Resources y Whiting Petroleum, dos grandes operadoras en el Bakken, dijeron que por encima de 40 dólares por barril podrían empezar a fracturar su creciente inventario de DUC.

  • Petroleras de EE.UU. y Canadá gastaron US$20,000 millones, mientras que generaron solo US$13,000 millones en flujo de efectivo.

Pero, para la mayor parte de la industria, el problema no es encontrar petrolero sino encontrar dinero.

“Nadie está sentado sobre un exceso de capital”, dijo Ron Hulme de Parallel Resource Partners, un fondo de capital privado enfocado en la energía.

Las deudas 

Durante años, la industria pidió prestado fuertemente para financiar su expansión, porque no estaba generando suficiente dinero para cubrir la inversión en pozos nuevos. La oferta de crédito, ya fuera de los bancos o de los mercados de deuda de alto rendimiento, se ha agotado o es mucho más cara que antes.

El gasto de capital ha caído como resultado, pero no lo suficiente para equilibrar los libros. En el cuarto trimestre de 2015, las compañías petroleras estadounidenses y canadienses gastaron 20,000 millones de dólares, mientras que generaron solo 13,000 millones de dólares en flujo de efectivo, según Bloomberg, un proveedor de información.

Solo las compañías más fuertes pueden compensar el déficit recaudando dinero vía los mercados de capital. Incluso ellas podrían encontrar esto más difícil, porque los inversionistas se dan cuenta de que las compañías de esquisto son menos rentables de lo que parecía anteriormente.

Las compañías más débiles están poco dispuestas a vender activos para recaudar dinero porque las utilidades irían directamente a sus acreedores.

“Uno tendría que arrancarles esos activos de sus manos de moribundos”, dijo Hulme.

Señaló que incluso las compañías que técnicamente son insolventes podrían tener suficiente liquidez para evitar que tengan que realizar esas ventas de liquidación.

No todas ellas, sin embargo. El 8 de marzo, Goodrich Petroleum, una compañía de petróleo y gas de esquisto, anunció que postergaría pagar intereses sobre su deuda, mientras ejerce presión sobre los acreedores para que acepten intercambiar deuda por capital para evitar un incumplimiento de pagos. Otras tres compañías petroleras, Chaparral Energy, Energy XXI y Sandridge Energy, también han dejado de hacer pagos de deuda recientemente.

Brian Gibbons de Creditsights, una firma de investigación de deuda, dijo que 26 emisores de bonos relacionados con petróleo se declararon en bancarrota según el Capítulo 11 o habían intercambiado deuda en problemas el año pasado. Espera que la cifra aumente a 73 para fines de 2017.

Aquellas compañías aún cargadas de préstamos bancarios revolventes están preparándose para la próxima reevaluación semestral  de sus límites de endeudamiento, que debe ser en abril. Estas dependen de los avalúos de las reservas de las compañías de esquisto, y pudieran conducir a más tensión en el flujo de efectivo.

Un asunto de precios

A la espera• Para ofrecer un margen de confort suficiente, los precios tendrían que recuperarse a mucho más que 40 dólares por barril para atraer capital de vuelta. Bobby Tudor de Tudor, Pickering, Holt, un banco de inversión enfocado en la energía, cree que a 40 dólares por barril la producción seguirá declinando, a 50 dólares se mantendría sin cambios y solo a 60 dólares aumentaría.

“Perforar pozos a los precios actuales de las materias primas sigue siendo destructivo para el capital”, dijo.

Un dato más: Conforme aumentan los precios del petróleo, también pueden subir los costos. Entonces, aquellos que esperan que los productores de esquisto ágiles puedan hacer subir y bajar el precio mundial del petróleo simplemente abriendo y cerrando los grifos podrían sentirse decepcionados. Sus patrocinadores financieros serán los que realmente tomen las riendas.

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