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La ira de los votantes por la desigualdad es una explicación para el ascenso de políticos tan variados como el desarrollador inmobiliario Donald Trump, el senador Bernie Sanders (demócrata por Vermont) y la populista Marine Le Pen. Este enojo también dificulta que la derecha partidaria del libre mercado realice uno de sus objetivos clave: reducir el tamaño del Estado.

En Gran Bretaña, un plan para reducir el gasto en los beneficios para los discapacitados ha sido saboteado por la renuncia de un ministro del Gobierno y una rebelión de los diputados ordinarios. En Estados Unidos, los republicanos convencionales están horrorizados por el ascenso de Trump, quien no comparte sus ideales de un gobierno pequeño.

Pocos ahorros

Idealmente, a los conservadores les gustaría que las personas fueran más autosuficientes, como dueñas de sus propias casas y financiando sus propios retiros. Sin embargo, muchas personas no tienen suficientes ingresos extras para cumplir esas metas. Un estudio encontró que 21 por ciento de los estadounidenses carecía de una cuenta de ahorros y 62 por ciento tenía menos de 1,000 dólares en sus fondos para los malos tiempos. De manera similar, en Gran Bretaña, casi 60 por ciento tenía menos de 1,400 dólares en ahorros líquidos.

Muchas de esas personas tendrán ahorros en otra forma, como parte de un plan de pensiones de su lugar de trabajo. Aun así, un estudio de la Reserva Federal encontró que alrededor de 31 por ciento de los estadounidenses no tenía ningún ahorro de retiro privado, incluida casi una cuarta parte de sus personas mayores de 45 años de edad.

Esto vuelve a las personas dependientes del Estado. Alrededor de 60 millones de estadounidenses reciben actualmente pagos del sistema de Seguridad Social. El beneficio de retiro promedio es de 16,000 dólares al año, y una persona con ingresos promedio que se retire a los 65 años de edad puede esperar recibir alrededor de 40 por ciento de su salario final. Más de la mitad de las personas retiradas dependen de la Seguridad Social para la mayor parte de su ingreso, y para más de un tercio ese sistema comprende más del 90 por ciento. En suma, este es un beneficio vital para decenas de millones de estadounidenses, uno que no tendría manera de reemplazar. No sorprende que recortar la Seguridad Social haya sido conocida desde hace tiempo como la “tercer vía” de la política estadounidense.

Sin embargo, la Seguridad Social comprende alrededor de una cuarta parte de todo el gasto federal.

Si se suma el Medicare, el programa de salud para las personas de más de 65 años de edad, que costó 546,000 millones de dólares en 2015, 39 por ciento del presupuesto se destina a los beneficios para los adultos mayores. Con una población en envejecimiento, estas cifras probablemente subirán, no bajarán.

La edad del retiro

Mientras tanto, los intentos del Gobierno para alentar los ahorros privados para las pensiones se han topado con dificultades. Las exenciones fiscales podrían provocar simplemente que los trabajadores retiren sus ahorros de cuentas que estén fuertemente gravadas, en vez de que incrementen sus ahorros en general. Los que más ganan por las exenciones tributarias tienden a ser los ricos, abriendo un hueco en los ingresos del Gobierno sin ayudar mucho a los pobres.

Elevar la edad del retiro reduciría un poco la carga, pero muchos trabajadores dejan el mercado laboral antes de la edad de retiro oficial: las cifras muestran que esas personas representan alrededor de la mitad de la marcada declinación desde 2007 en la porción de estadounidenses en edad laboral que realmente están trabajando. En Europa, muchos de los que se retiran antes de obtener una pensión completa siguen recibiendo apoyo estatal de varios tipos, reduciendo el ahorro para los gobiernos.

Luego está la vivienda. Los altos precios y los salarios estancados hacen más difícil que los jóvenes adquieran sus propias casas. Las cifras del censo de 2011 mostraron que la proporción de hogares británicos que estaban ocupados por sus dueños había caído de 69 por ciento en 2001 a 64 por ciento, la primera declinación en esa cifra en un siglo. La proporción de los precios de las casas en relación con los ingresos de los compradores de primera vez en Gran Bretaña es de 5.2, cerca del nivel más alto alcanzado en 2007, y en Londres la proporción es de un asombroso 10.1, muy por encima de los altos niveles previos. Los intentos de alentar la propiedad de casas vía exenciones fiscales, como la nueva cuenta de ahorros individual vitalicia, podría solo elevar más los precios. La forma más rápida de hacer a los precios más asequibles sería un programa de construcción de viviendas respaldado por el Gobierno, algo que sería incompatible con los intentos de reducir el déficit presupuestario y hacer más pequeño al Estado.

Desafío estratégico

Cambios. La automatización podría convertirse en el mayor desafío estratégico de las próximas décadas.

Las innovaciones como los autos de conducción autónoma podrían amenazar a millones de empleos. Algunos académicos, como Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee del Instituto Tecnológico de Massachusetts, visualizan un mercado laboral de dos niveles, dividido entre los trabajadores que complementen a las máquinas y aquellos que compitan contra ellas. Al menos esto podría significar un mayor gasto gubernamental en nueva capacitación, y también podría significar cuentas de beneficencia más altas. Pudiera crear demanda para que el empleo del sector público absorba el superávit de mano de obra. En suma, es difícil ver cómo los crecientes niveles de desigualdad pueden cuadrar con un Estado más pequeño. Los votantes seguramente demandarán que los políticos reduzcan la desigualdad o mantengan la red de seguridad.

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