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“Si nuestro partido no puede siquiera manejar apropiadamente los problemas de la seguridad alimentaria, y persiste en gestionarlos mal, entonces la gente se preguntará si somos aptos para continuar gobernando a China”.

Así lo advirtió Xi Jinping a los funcionarios en 2013, un año después de convertirse en líder del país. Fue una declaración notable para el jefe del Partido Comunista que siempre ha afirmado tener el respaldo del “pueblo”. Sugirió que Xi comprendía cómo las quejas sobre la incompetencia y corrupción oficiales corrían el riesgo de desbordarse. Xi cercó a decenas de miles de funcionarios descarriados, librando una guerra contra la corrupción de una intensidad no vista desde que el partido llegó al poder en 1949. Muchos pensaron que tenía razón para hacerlo.

Escándalo

Hoy, sin embargo, China está enfrentando su mayor escándalo de salud pública en años. Vacunas con valor de decenas de millones de dólares en el mercado negro, obsoletas e inadecuadamente almacenadas, han sido vendidas a centros de salud gubernamentales, los cuales a su vez han estado ganando dinero vendiéndolas a los pacientes.

La guerra anticorrupción de Xi a menudo ha marcado poca diferencia para la gente común. Su vida --y salud-- sigue plagada por la corrupción. En los últimos días, también ha habido signos de descontento con Xi entre la élite: los medios oficiales se quejan abiertamente sobre las restricciones a la información, un hombre de negocios prominente lo criticó en su microblog, un destacado editor renunció en protesta.

Xi ha adquirido más poder que cualquier líder chino desde Mao Zedong. Se suponía que le permitiría lograr que se hicieran las cosas. ¿Qué está saliendo mal?

En justicia, era seguro que Xi se topara con hostilidad. Muchos funcionarios están enojados porque él rompió el pacto según el cual han operado, el cual decía que podían llenarse los bolsillos, en tanto la corrupción no fuera flagrante y desempeñaran bien sus tareas.

Sin embargo, Xi también ha encontrado que la búsqueda del poder consume mucho tiempo y no deja espacio para mucho más. En tres años y medio en el cargo, ha acumulado títulos a ritmo asombroso. No es solo líder del partido, jefe de Estado y comandante en jefe, sino también está dirigiendo la reforma, los servicios de seguridad y la economía.

De hecho, la idea hueca partidista del liderazgo “colectivo” ha sido tirada por la borda: Xi, dijo un analista, es el “Presidente de Todo”.

El tío Xi

Al mismo tiempo, ha desdeñado la prohibición del partido sobre los cultos a la personalidad, introducidos en 1982 para evitar otro episodio de locura maoísta. Los medios oficiales están llenos de adulación sobre el “Tío Xi” y su esposa, Peng Liyuan, una cantante folclórica a quien los lisonjeros llaman “Mamá Peng”. Un video dado a conocer en marzo, de un baile llamado “Tío Xi enamorado de Mamá Peng”, ya ha sido visto más de 300,000 veces. Ha habido rumores recientemente de que Xi siente que algo de esto ha estado yendo un poco demasiado lejos: algunos de los videos más aduladores, como “El Este es rojo de nuevo”, que compara a Xi con Mao, han sido eliminados de internet.

Muchos tomarían eso como un signo de que el culto a la personalidad es poco más que diversión inocua. Xi no es Mao, cuya naturaleza tiránica y amor a la adulación fueron tan grandes que despreocupadamente condujo al país al frenesí y la violencia de la Revolución Cultural. Aunque algunos chinos de más edad se retuercen ante un estilo de política tan reminiscente de días pasados hace tiempo, no hay sugerencia alguna de que China está al borde de otro horror de ese tipo.

Sin embargo, Xi no necesita ser tan extremo como Mao para que su concentración del poder cause daño.

Los disidentes

PUGNAS • Xi Jinping ha estado combatiendo a los disidentes con incluso más crueldad de la que ha dedicado a su guerra contra la corrupción. Desde los días oscuros después de las protestas de la Plaza de Tiananmen en 1989 no ha habido una represión tan extendida de los críticos del partido. Los censores de internet han estado ocupados borrando mensajes publicados en las redes sociales por ciudadanos indignados en respuesta al escándalo de las vacunas.

Estos han incluido publicaciones que recuerdan a Xi sus palabras en 2013 sobre la aptitud del Gobierno para gobernar. La policía también ha estado investigando la aparición, a principios de marzo, de una carta anónima en un sitio web afiliado al Gobierno en que se pide la renuncia de Xi, planteando, entre varias transgresiones, el culto a la personalidad y su sofocación de los medios. Unas 20 personas han sido arrestadas.

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