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En algunos aspectos, esta es una era favorable para la energía solar. El año pasado, por primera vez, el mundo invirtió más en celdas fotovoltaicas que en la generación de energía alimentada por carbón y gas combinados. Este año se espera que las instalaciones solares nuevas en Estados Unidos aumenten en más del doble. China, que ahora tiene más capacidad solar que ningún otro país, planea triplicarla para fines de la década.

Aun así, dos de los desarrolladores de energía solar más prominentes del mundo han estado coqueteando con el desastre. Alentados por acreedores e inversionistas ansiosos de rendimientos, se habían ampliado con demasiada rapidez, dependiendo de un fuerte endeudamiento y de la ingeniería financiera. No por vez primera, algunas compañías energéticas se engañaron al creer que las tecnologías modernas y los mecanismos de financiamiento les permitirían desafiar a las leyes de la gravedad financiera.

Riesgo sustancial 

El 29 de marzo, Sun Edison, una compañía estadounidense que se hace llamar la compañía de desarrollo de energía renovable más grande del mundo, fue descrita en una declaración pública como enfrentada a un “riesgo sustancial” de bancarrota. Un día antes, The Wall Street Journal había reportado que la compañía estaba bajo investigación por parte de la Comisión de Valores y Cambios (SEC, por su sigla en inglés) por revelaciones contables. Su deuda excede a los 11,000 millones de dólares, reunida en solo unos cuantos años de apogeo.

Al otro lado del Atlántico, Abengoa, una gran empresa española de ingeniería y fuentes renovables con 10,600 millones de dólares en deuda, evitó por poco margen la bancarrota después de que tres cuartas partes de sus acreedores le concedieron una prórroga temporal para permitir la aprobación de un plan de reestructuración de deuda. Después de cuatro meses de procedimientos previos a la bancarrota, la tregua fue un gran alivio.

Ambas compañías eran emblemáticas del entusiasmo en torno de la energía limpia. Pidieron prestado un montón para construir grandes proyectos que entregaban energía a empresas públicas de suministro eléctrico a precios cada vez más atractivos. Luego vendieron los activos a subsidiarias públicamente cotizadas y fiscalmente eficientes, conocidas como “yieldcos” que se financiaron emitiendo acciones. Desde 2014, las más grandes de esas compras de acciones en Estados Unidos fueron para las yieldcos de Sun Edison, Terraform Power y Terraform Global, y para la epónima Abengoa Yield. Cada una recaudó más de 500 millones de dólares.

Desplome petrolero 

Sin embargo, fueron cegadas por su propio éxito, dijo Greg Jones de Creditsights, una firma de investigación financiera. Un desplome en los precios petroleros y las bonificaciones de riesgo más altas para las firmas energéticas hicieron más difícil para las yieldcos recaudar dinero, lo cual violaba su promesa a los accionistas no solo de emitir pagos constantes sino también de incrementar los rendimientos.

“Supusieron que siempre habría acceso a los mercados de capital”, dijo Jones.

Sun Edison se ha vuelto particularmente errática. A mediados del año pasado, sus jefes dijeron que sus acciones estaban substancialmente subvaluadas en 32 dólares. Desde entonces han caído por debajo de un dólar. Analistas dicen que su combinación de arrogancia codiciosa, fallas operacionales, finanzas turbias y mala gobernanza corporativa proyecta una sombra sobre la industria de la tecnología limpia, aunque muchas compañías son administradas de manera mucho más prudente.

Los problemas de Sun Edison empezaron el verano pasado con un acuerdo de fusión de 2,200 millones de dólares con Vivint Solar, un desarrollador de energía solar en las azoteas controlado por Blackstone, un grupo de capital privado. Esperaba usar a Terraform Power para comprar los activos de Vivint, pero otros inversionistas de Terraform objetaron que la yieldco estuviera convirtiéndose en un vertedero de las adquisiciones costosas de Sun Edison. Vivint terminó abandonando la fusión.

Debilidades materiales 

En el otoño, analistas de Creditsights atrajeron la atención a revelaciones de deuda turbias, lo cual afectó más a la confianza en Sun Edison. Desde entonces, la compañía ha retrasado dos veces la presentación de una declaración financiera anual y admitido “debilidades materiales en sus controles internos sobre los reportes financieros”. Eso explicaría el interés de la SEC, lo cual agrava la preocupación de los acreedores.

“Es como un gigantesco pastel de deuda de varias capas”, dijo Jones.

Como Sun Edison, Abengoa solo puede culparse a sí misma de sus problemas. Su crecimiento impulsado por la deuda tuvo lugar bajo los auspicios de la fundadora familia Benjumea, que tiene fuertes conexiones políticas. 

Pasos dolorosos

PROCESO• Abengoa espera reinventarse. Según el plan de reestructuración, los acreedores verían al 70 por ciento de la deuda cambiado a valores. Los accionistas existentes se quedarían con solo 5 por ciento del capital social.

Eso es doloroso, pero es mejor que entrar en liquidación. La nueva Abengoa recibiría financiamiento nuevo y haría más construcción “preconfigurada” para otros. Aún pasaría apuros bajo 5,500 millones de dólares de deuda, pero al menos podría concentrarse en el tipo de ingeniería que realiza mejor.

Sun Edison quizá ni siquiera tenga ese lujo.

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