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Durante generaciones, el petróleo y la estabilidad han ido de la mano en Arabia Saudita. El reino puritanamente conservador ha usado su riqueza petrolera para comprar lealtad dentro del país y amigos en el extranjero. Sin embargo, desde que el rey Salmán llegó al trono el año pasado, su hijo de 30 años de edad, el príncipe heredero sustituto Mohamed, ha inyectado la imprevisibilidad al Medio Oriente.

Sus críticos consideran al príncipe heredero sustituto una persona impulsiva cuya peligrosa obsesión con Irán, el rival de Arabia Saudita, está avivando el sectarismo y tensando las relaciones con Estados Unidos. En su país, sin embargo, la impetuosidad de Mohamed quizá sea exactamente lo que Arabia Saudita necesita para empezar a dejar de depender del petróleo, cuyo precio ha caído significativamente durante los últimos 18 meses. Una gran prueba tuvo lugar el 25 de abril, cuando el príncipe dio a conocer el largo tiempo retrasado plan de reforma “Visión” del reino.

Bajo el príncipe, Arabia Saudita ciertamente ha parecido imprudente. Hace un año fue a la guerra con Yemen, donde ahora está empantanada. En enero, ejecutó a un prominente clérigo chiita, enardeciendo las relaciones con Irán. Días después, el príncipe reveló planes para emitir acciones en Saudi Aramco, considerada la compañía más grande del mundo, sorprendiendo a ejecutivos y ministros por igual. El 17 de abril, en Doha, torpedeó un intento por parte de algunos de los principales productores petroleros para elevar el precio del crudo manteniendo constante la producción. Al hacer zozobrar el acuerdo en el último minuto, destruyó la credibilidad de tecnócratas como el veterano ministro del Petróleo saudita, Alí al-Naimi.

LA DEPENDENCIA

Sin embargo, Mohamed también tiene ideas asombrosas sobre cómo diversificar a la economía saudita. La mayor potencia petrolera del mundo depende del petróleo crudo para nueve décimas partes de los ingresos del gobierno. Con el colapso en los precios, se espera que el país registre un déficit presupuestario del 13.5 por ciento del PIB este año. Está teniendo que recortar el gasto, echar mano de sus reservas y pedir prestado en el extranjero.

El modelo rentista, por medio del cual los Al-Saud distribuían generosidad y empleos públicos de no hacer nada a cambio de obediencia, estaba bajo presión aun cuando el petróleo estaba en auge. Los planes de Mohamed incluyen abolir los subsidios, recaudar nuevos impuestos, la privatización parcial de los servicios públicos y una reforma industrial que involucre a Saudi Aramco y Sabic, un gigante de la petroquímica.

No obstante, sus planes enfrentan obstáculos. Uno es la débil capacidad del servicio público del reino para actuar con tal ambición. Otra es el poder de la extensa familia gobernante y clérigos ultraconservadores para bloquear las otras reformas necesarias para atraer inversión: promover un sector privado vigoroso, impulsar la transparencia y el régimen de derecho, y empoderar a las mujeres.

Parte del dolor es autoinflingido. Arabia Saudita dejó de apuntalar el precio del petróleo crudo en 2014. En vez de ello, siguió bombeando petróleo para sacar del negocio a sus rivales con costos más altos, incluidos a algunos productores de esquisto estadounidenses, y preservar su participación de mercado. Hacer lo contrario, dicen los sauditas, sería subsidiar a los productores poco competitivos.

PRESIONES

También están tratando de presionar a Irán. Arabia Saudita dice que no congelará la producción a menos que Irán también lo haga. Irán piensa que tiene todo el derecho a reconstruir su producción después del levantamiento en enero de las sanciones occidentales relacionadas con su programa nuclear.

Arabia Saudita está siendo combativa en parte debido a su temor al abandono por parte de Estados Unidos. Los Al-Saud piensan que el presidente Barack Obama, que visitaba Riad mientras este artículo iba a las prensas, se está inclinando hacia Irán. Obama ha avivado los temores al llamar a los Estados del Golfo y otros aliados “aprovechados” y decir a los sauditas que “compartan su vecindario” con Irán.

Esto intensifica la urgencia de la reforma. Arabia Saudita quizá tenga más petróleo, pero Irán tiene una economía más diversificada y sabe cómo superar las penurias.

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