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¿Qué preferiría ser usted: un monarca medieval o un oficinista moderno?

El rey tiene ejércitos de servidores, viste las más finas sedas y degusta las comidas más ricas. Sin embargo, también es un mártir del dolor de muelas y es propenso a infecciones fatales. Le lleva una semana en carruaje viajar de un palacio a otro. Está cansado de escuchar a los mismos bufones.

La vida como un dron de la oficina del siglo XXI parece más atractiva una vez que se piensa en la odontología moderna, los antibióticos, los viajes aéreos, los smartphones y YouTube.

La pregunta es más que un mero juego de salón. Demuestra cuán complicado es comparar los estilos de vida a lo largo del tiempo. No obstante, esas comparaciones no solo se hacen rutinariamente, sino también dependen fuertemente de una sola métrica: el producto interno bruto. Esta cifra se ha vuelto sinónimo de bienestar material, aun cuando es una medición profundamente defectuosa de la prosperidad y está empeorando todo el tiempo. Eso, a su vez, podría estar distorsionando los niveles de ansiedad en el mundo rico en torno a todo, desde los ingresos estancados hasta el decepcionante crecimiento de la productividad.

Estadísticas 

Los defensores del PIB dicen que la estadística no está diseñada para hacer lo que ahora se le pide. Una criatura de la depresión de los años 30 y las exigencias de la guerra en los 40, su propósito original era medir la capacidad de la economía para producir. Desde entonces, el PIB se ha vuelto una guía para las políticas que establecen los impuestos, corrigen el desempleo y manejan la inflación.

Sin embargo, a menudo es bastante impreciso. El PIB de Nigeria ascendió en 89 por ciento en 2014, después de que los analistas ajustaron sus métodos. Prevalecen las conjeturas. Se supone que el tamaño del mercado del sexo pagado en Gran Bretaña creció en línea con la población masculina, por ejemplo, y los cobros en los clubes de bailarinas exóticas son un sustituto de los precios.

Las revisiones son comunes, y en los países grandes y ricos, aparte de Estados Unidos, tienden a ser al alza. Ya que se presta menos atención a las cifras revisadas, esto se suma a la impresión a menudo exagerada de que a Estados Unidos le está yendo mejor que a Europa. También significa que los formuladores de políticas toman decisiones con base en datos incorrectos.

Economía de servicios 

Si el PIB está fallando según sus propios términos, como una medición del valor añadido en una economía, su uso como referencia del bienestar es incluso más dudoso. Eso siempre ha sido así: los beneficios de la sanidad, una mejor atención médica y las comodidades de la calefacción o el aire acondicionado significaron que el crecimiento del PIB casi seguramente subestimó el verdadero avance en los niveles de vida en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

Al menos, sin embargo, la dirección de los viajes fue la misma: el PIB creció rápidamente, y también la calidad de vida. Ahora el PIB sigue creciendo, aunque más lentamente, pero se piensa que los niveles de vida están estancados.

Parte del problema es la ampliación de la desigualdad. El ingreso familiar medio en Estados Unidos, ajustado a la inflación, apenas se ha movido en 25 años. Cada vez más sin embargo, las cosas que la gente más aprecia no están siendo captadas por el principal parámetro de valor.

Con unas cuantas excepciones, como las computadoras, se supone que lo que es producido y consumido es de calidad constante. Esa suposición funcionó bastante bien en una era de productos estandarizados y producidos en masa. Es menos confiable cuando una creciente porción de la economía consiste de servicios.

Las compañías compiten por personalizar la calidad de la producción y cuan individualizada está a los gustos particulares. Si los restaurantes sirven menos, pero más costosos platillos, eso eleva la inflación, pero reduce el PIB, aun cuando esto refleje cambios, como ingredientes más frescos o menos mesas, que los clientes quieren.

Los cambios 

Los servicios a los consumidores ofrecidos por Google y Facebook son gratuitos y, por tanto, están excluidos del PIB. Cuando los productos pagados, como los mapas o las grabaciones de música, se vuelven servicios digitales gratuitos, también quedan fuera del PIB. La conveniencia de las compras y la banca en línea es una bendición para los consumidores, pero, si significa menos inversión en edificios, resta valor al PIB.

Medir mejor la prosperidad requiere tres cambios. El más fácil es mejorar el PIB como un parámetro de la producción. Deshacerse por completo de él no es respuesta: el atractivo perdurable del PIB es que ofrece, o parece ofrecer, una estadística resumida que dice a la gente cuán bien va la economía. En vez de ello, los estadísticos deberían mejorar la forma en que son recolectados y presentados los datos del PIB. Para minimizar las revisiones, deberían depender más de los registros fiscales, las búsquedas en Internet y otros tesoros de estadísticas contemporáneas, como las transacciones de tarjetas de crédito, que de los sondeos estándar de las empresas o los consumidores. Las compañías privadas ya están mostrando el camino; analizando enormes cantidades de precios de sitios de comercio electrónico para producir datos inflacionarios mejorados, por ejemplo.

Segundo, los países ricos dominados por los servicios deberían empezar a ser precursores de una nueva y más amplia medición anual, una que apuntara a capturar la producción y los niveles de vida con más precisión. Esta nueva métrica --llamada PIB-plus --

empezaría con un cambio conceptual largo tiempo retrasado: la inclusión en el PIB del trabajo no pagado en casa, como atender a familiares.

El PIB-plus

ANÁLISIS • El PIB-plus también mediría los cambios en la calidad de los servicios al reconocer, por ejemplo, la mayor longevidad en las estimaciones de la producción de la atención médica. También tomaría en cuenta los beneficios de los productos nuevos y de la mayor cantidad de opciones, e idealmente sería desglosado para reflejar los patrones de gastos reales de las personas en la cima, en medio y en el fondo de la escala de ingresos: las personas más pobres tienden a gastar más en productos que en colegiaturas de Harvard.Aunque un gran mejoramiento sobre la medición de hoy, el PIB-plus aún sería una evaluación del flujo de ingresos. Para ofrecer una comprobación sobre la prosperidad de un país, una tercera métrica evaluaría, cada década, su riqueza. Esta hoja de balance incluiría los activos del Gobierno como carreteras y parques así como la riqueza privada. El capital intangible --habilidades, marcas, diseños, ideas científicas y redes en línea-- sería evaluado. El libro contable también debería tomar en 
cuenta la merma del capital: el deterioro por uso de la maquinaria, el desgaste de las carreteras y espacios públicos y el daño al medio ambiente.

Crear estos marcos de referencia demandará una revolución de las agencias estadísticas nacionales tan audaz como el que creó al PIB en primer lugar. Aun así, ya que mucho de lo que la gente valora es cuestión de juicio, ninguna evaluación puede ser perfecta. Sin embargo, la actual medición de la prosperidad está cargada de errores y omisiones. Es mejor adoptar un nuevo enfoque que ignorar el progreso que impregna a la vida moderna.

 

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