•   Ciudad de México  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Hace unos 30 años, Carlos Fuentes publicó una novela distópica, situada en el futuro cercano, sobre una ciudad bañada por la lluvia ácida. Llamó a la ciudad “Makesicko Seedy”. En 1992, Naciones Unidas identificó al aire de la Ciudad de México como el más contaminado del planeta. Es más respirable ahora, gracias al cierre de una refinería petrolera, la eliminación del plomo de la gasolina y numerosas medidas ecológicas más, pero sigue sin ser sano.

A mediados de marzo, las autoridades locales emitieron la primera alerta de ozono en casi 14 años. Ha habido dos más desde entonces, provocando que los padres no lleven a sus hijos a la escuela.

Después de un repunte el 2 de mayo, la “comisión ambiental de la megalópolis”, un organismo regional, ordenó que 40 por ciento de los autos dejaran de circular, inicialmente durante un día. La orden luego fue extendida. Esto ofreció un respiro, pero dejó a los conductores enojados.

La Ciudad de México necesita mejores formas de limpiar su aire.

La ubicación de la ciudad, a una altitud de 2,250 metros y rodeada de montañas, dificulta eso. La radiación solar más intensa a altitudes elevadas alienta la formación del ozono que daña los pulmones. Las montañas atrapan el gas.

Principalmente, sin embargo, con 5.5 millones de vehículos, la capital de México es la ciudad más congestionada del mundo, según Tomtom, un fabricante de dispositivos de navegación. Si continúa la tasa actual de crecimiento en la propiedad de autos, la flota de la ciudad duplicará su tamaño durante los próximos cuatro años.

La solución superficial del gobierno es mantener a algunos vehículos temporalmente fuera de circulación. En respuesta a la alerta de ozono de marzo, restringió las reglas del “Hoy no circula”, un programa que prohíbe el desplazamiento de los autos en la ciudad un día a la semana y un sábado al mes. Antes, la regla aplicaba solo a los vehículos más contaminantes. De abril a junio, sin embargo, todos los autos estarán confinados a sus cocheras una vez a la semana. Cuando el aire se vuelva especialmente dañino, como el 2 de mayo, el número de autos prohibidos se duplica.

Esto ha hecho algo de bien. Además de purificar el aire, las nuevas reglas han reducido los congestionamientos de tráfico en 30 por ciento, según Waze, una aplicación de navegación. Sin embargo, han provocado una abierta ira, especialmente entre los conductores de vehículos más limpios.

“Los clientes están furiosos porque no puedo resolver sus problemas”, dijo enojado Alejandro Núñez, un mecánico.

El congestionamiento y la contaminación regresarán conforme aumente el número de autos. Si continúan las restricciones es probable que más conductores compren autos más baratos y más contaminantes para los días en que sus vehículos primarios son inmovilizados, como hicieron algunos cuando se introdujo el primer Hoy no circula.

Para solucionar el problema, México necesitará gastar más dinero de forma más inteligente. Tres cuartas partes de la inversión en transporte en el México urbano se destinan a ampliar y dar mantenimiento a las vialidades, según el Instituto para la Política del Transporte y el Desarrollo, un grupo de análisis en Nueva York. Algunos planificadores mexicanos quieren cambiar eso. La comisión ambiental defiende duplicar el número de líneas del Metro a 24, y añadir 966 kilómetros a la red de autobuses de transporte rápido (o BRT, por su sigla en inglés). El Banco Mundial podría prestar 170 millones de dólares para proyectos de transporte público a nivel nacional, incluida una extensión de una de las líneas de BRT. Sin embargo, eso no alcanza para pagar las ambiciosas ideas de la comisión, que costarían 2,260 millones de dólares al año. Ni el gobierno local ni el federal pueden permitirse esa cantidad.

Entre las necesidades más urgentes está el hacer algo con los contaminantes microbuses de propiedad privada, que representan la mitad de todos los recorridos de pasajeros en la Ciudad de México, dijo Francisco Barnés del Centro Mario Molina, un grupo de análisis. Él propone extender la red de BRT a las rutas de microbuses con más actividad y reemplazar a los sucios autobuses con otros más limpios en las rutas menos populares.

Otras posibles soluciones serían más parquímetros, poner fin a un requisito de que los constructores de nuevas torres de departamentos ofrezcan suficiente espacio de estacionamiento a sus residentes, y un cargo por el congestionamiento.

Estas no serían populares. La resistencia de los dueños y los de autobuses podría bloquear esos cambios tan efectivamente como atascan el tráfico de la ciudad.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus