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El video panea del lote baldío fuera de la fábrica al interior, donde partes de metal yacen en un montón, desechos de una compañía siderúrgica en bancarrota. Cartas de juego están dispersas en el suelo. Sobre la desolada escena, suena una suave música de piano y un narrador describe la distribución de la planta y la ubicación: “Una opción excepcionalmente buena para establecer una oficina”.

Es una especie de anuncio. La fábrica era garantía colateral de un préstamo hecho por el Banco Agrícola de China (Agbank) a Hanquan, una compañía siderúrgica que fue a la quiebra. Un tribunal en Tianjin, la ciudad norteña que albergaba a Hanquan, está subastándola a nombre del Agbank.

Entre los incumplimientos de pago, este no fue particularmente grande: el precio solicitado por la propiedad es de 12 millones de dólares. Solo dos años antes, sin embargo, Agbank había declarado a Hanquan un cliente con calificación triple A y el gobierno local la elogiaba como un pilar de su zona industrial. Luego, una desaceleración en la construcción a nivel nacional afectó a la compañía, y su préstamo terminó mal.

Para los bancos de China este es un pequeño indicio de una preocupación mucho más grande. Los préstamos sin desempeño, aquellos que los deudores no pueden pagar, han alcanzado un total de 200,000 millones de dólares, duplicándose en solo dos años. Aun así, datos oficiales muestran que los préstamos malos representan solo 1.7 por ciento del total de créditos, muy dentro de los márgenes de seguridad aceptados. El problema, familiar en China, es que nadie cree estas cifras.

Cómo los prestamistas manejarán la deuda mala que se está apilando en sus libros es el interrogante más apremiante que pende sobre los bancos chinos. Si esto se maneja mal, la estabilidad financiera duramente ganada del país pudiera evaporarse.

PRÉSTAMOS MALOS

Hay mucha evidencia de que los préstamos malos son más altos de lo que han revelado los bancos, probablemente mucho más altos. Junto con el pronunciado aumento en los préstamos sin desempeño, ha habido un incremento cada vez mayor en los “préstamos de mención especial”, que en teoría siguen siendo buenos pero no inquebrantables. Sumados, los dos ya representan 5.5 por ciento de los préstamos de los bancos. En una reciente conferencia en Shanghái, un inversionista de Oriental Asset Management, un comprador de deuda en problemas, dijo que la proporción de préstamos sin desempeño en los bancos más pequeños era de hasta 10 por ciento. Eso podría haber consternado a todos hace unos años, pero ahora apenas ha causado asombro.

Dado el explosivo crecimiento del crédito de China desde la crisis financiera mundial de 2008, este resultado era tristemente predecible. La carga de deuda de la economía ha aumentado en más del triple durante los últimos siete años. Es poco factible que tanto crédito pudiera haber sido prudentemente asignado en tan corto tiempo. Grandes cantidades estaban destinadas a ser desperdiciadas o robadas.

Lo que suceda ahora está lejos de ser claro. Los préstamos malos, incluso muchos de ellos, no se traducen automáticamente en una crisis, especialmente no en un país donde el gobierno tiene tanto control. En los mercados normales, los bancos podrían desacelerar su otorgamiento de créditos, pero, en China, el gobierno instruye a los bancos a seguir prestando y les ofrece liquidez para hacerlo. Esto le da la flexibilidad de resolver los problemas, pero no los hace desaparecer mágicamente.

Hablando ampliamente, China tiene tres opciones para hacer frente a los préstamos malos de sus bancos. La primera y más atractiva es suprimir las malas noticias. Esto es lo más perjudicial a largo plazo, pero ha sido la opción por descontado de China en los últimos cinco años.

Los métodos incluyen registrar los préstamos como inversiones o clasificarlos como “vencidos pero no dañados” durante meses al final. La práctica más extendida, no limitada a China, es refinanciar los préstamos malos con nuevos con la ligera esperanza de que los negocios pudieran mejorar. Si no lo hacen, esta actividad bancaria “extendida y fingida” solo hace que la carga de la deuda empeore.

China se está acercando a este punto. Los pagos de intereses absorbieron dos quintas partes de todo el crédito nuevo emitido en los últimos tres años. En 2014, un 16 por ciento de las mil compañías más grandes de China adeudaban más en intereses que lo que debían antes de impuestos, según el análisis de The Economist de los datos de S&P Global Market Intelligence. Por tanto, la deuda mala, aunque superficialmente contenida, se está convirtiendo en una piedra alrededor del cuello de la economía. Menos créditos se destina a las empresas buenas para usos productivos, atorando los engranajes del crecimiento.

LIMPIEZA

La segunda opción es limpiar los préstamos malos, con el gobierno asumiendo el control y distribuyendo el costo. Muchos inversionistas piensan que China eventualmente adoptará esta solución, como lo sugiere el pasado. A fines de los años 90, dos quintas partes de los préstamos en China habían terminado mal y los bancos técnicamente estaban en quiebra. El Ministerio de Finanzas inyectó capital nuevo en los bancos, los cuales tomaron grandes fragmentos de sus préstamos sin desempeño y los vendieron al valor nominal a “bancos malos”. El efecto fue saludable, liberando a los bancos para reanudar el crédito y preparándolos para cotizarse en el mercado bursátil.

China está intentando algo similar ahora, aunque solo en parte. En los dos últimos años, el gobierno ha entregado licencias a más de 20 nuevos bancos malos regionales. También ha orquestado un 'swap' a través del cual los bancos intercambiarán hasta 2.3 billones de dólares de préstamos a gobiernos locales de altos rendimientos, muchos de los cuales podrían haberse vuelto malos, por bonos seguros de bajos rendimientos.

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