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En una reunión en Bruselas esta semana, funcionarios de la Unión Europea y el Mercosur intercambiaron ofertas para reducir aranceles y ampliar el acceso a mercados para los productos y servicios de una y otro. Este es su segundo intento de iniciar negociaciones serias sobre un acuerdo de libre comercio; apenas 16 años después de que la idea se planteó por primera vez.

El primer esfuerzo colapsó en 2004, cuando ambas partes juzgaron a la oferta de la otra insuficientemente ambiciosa. Aun ahora, nadie debería dar por descontado el éxito. Los países centrales del Mercosur --Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay-- se muestran más entusiastas, pero los 13 países europeos, encabezados por Francia, quieren hacer zozobrar las negociaciones porque sus granjeros tienen miedo al Mercosur, el productor de granos y carne más competitivo del mundo. Obligaron a la UE a retirar, en el último minuto, propuestas de reducciones arancelarias sobre la carne de res.

Un pacto comercial entre los bloques haría las compras más baratas para 750 millones de consumidores. La UE quiere acuerdos sobre los servicios y las adquisiciones gubernamentales. Los despachos legales de Brasil son famosos por proteger su mercado nacional, mientras que sus compañías de construcción e ingeniería han usado prácticas corruptas para conseguir contratos de Petrobras, la compañía petrolera controlada por el Estado. En cuanto al Mercosur, Europa es potencialmente un gran mercado para algunos de sus fabricantes, así como para sus granos y su soya.

Si las negociaciones prosperan, el mayor beneficio para el Mercosur sería el renacimiento de su misión original de impulsar el comercio y la inversión. Durante los últimos 12 años, los gobiernos izquierdistas en Argentina, Brasil y Uruguay han convertido al Mercosur en un club político. Invitaron a la Venezuela del presidente Hugo Chávez a unirse, y le siguió la Bolivia del presidente Evo Morales, aunque ninguno de los dos es parte de las negociaciones con la UE. Animados por los altos precios de sus materias primas, proclamaron su compromiso con los lazos económicos “sur-sur”.

Alcanzaron acuerdos útiles sobre migración, pensiones y turismo, pero perdieron interés en los acuerdos comerciales con países ricos y en profundizar la integración económica dentro del propio Mercosur.

Aunque el Mercosur afirma ser una unión aduanal como la UE, con una política común de aranceles y de libre comercio, en la práctica no es siquiera un área de libre comercio adecuada. Cristina Fernández de Kirchner, expresidenta de Argentina, impuso cuotas y licencias a las importaciones de Brasil. Los camioneros uruguayos enfrenta hostigamiento en Brasil, dijo Luis Alberto Lacalle Pou, un senador uruguayo. El comercio dentro del Mercosur fue de solo 14 por ciento del comercio total de sus miembros en 2014, menos que el 19.5 por ciento de 1995.

Cambios 

El Mercosur por tanto se excluyó de las cadenas de valor regionales en las cuales está ahora organizada mucha de la producción; así como del nuevo comercio transregional y los acuerdos de inversión como el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP, por su sigla en inglés). Ahora una ligera brisa de cambio está en el aire. El nuevo presidente de Argentina, Mauricio Macri, está abriendo su país después de que Fernández intentó cerrarlo al mundo, el presidente Tabaré Vázquez de Uruguay reconoce que el Mercosur está sufriendo de “fatiga”.

La impugnación de la presidenta Dilma Rousseff de Brasil, que parece cada vez más probable, llevaría al poder a personas que están más abiertas a las negociaciones comerciales con Europa y Estados Unidos, y quienes son “muy críticas de la estrategia sur-sur”, dijo Alfredo Valladão, un científico político brasileño en Sciences Po, una universidad francesa.

Los obstáculos para renovar al Mercosur siguen siendo grandes. A corto plazo, la turbulencia política de Brasil divide al grupo. En una reunión el mes pasado para conmemorar el 25 aniversario del Tratado de Asunción, el documento fundador del Mercosur, la mayor parte de la delegación parlamentaria brasileña se salió en protesta cuando Jorge Taiana, quien fuera ministro de relaciones exteriores de Fernández y ahora preside el Parlamento del bloque, llamó a la impugnación de Rousseff  “un golpe de estado”. Muchos en el gobierno izquierdista de Uruguay se muestran cautelosos de colaborar con el vicepresidente Michel Temer, quien está destinado a reemplazar a Rousseff. Argentina es cautelosa sobre la liberación del comercio en autos dentro del Mercosur, temiendo que las fábricas actualmente inactivas de Brasil inunden su mercado.

La mayor parte de la industria brasileña vive de “protección y subsidios”, dijo Valladão.

Sin embargo, algunos industriales brasileños están empezando a darse cuenta de que el Estado se ha quedado sin dinero para apuntalarlos y que el proteccionismo los está debilitando. China ha arrebatado mercados a los fabricantes brasileños en toda Latinoamérica, Chile, Colombia, México y Perú formaron la Alianza del Pacífico de economía de libre comercio, y el 1º de mayo eliminaron los aranceles sobre 92 por ciento de su comercio entre sí y retirarán el resto durante los próximos 17 años.

Los cabildeos industriales de Brasil, como su probable nuevo presidente, ahora quieren hablar de comercio con Estados Unidos así como con la UE. Sin embargo, el libre comercio se ha vuelto políticamente tóxico en el norte. Mientras se abandonaron a sus sueños ideológicos, los gobiernos del Mercosur perdieron el barco del comercio.

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