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Cuando DuPont y Dow Chemical acordaron fusionarse en diciembre, el acuerdo de 130,000 millones de dólares pareció ser un buen ejemplo de la implacable búsqueda de los ejecutivos estadounidenses del valor para el accionista y su dedicación a la creación de posiciones monopólicas. Las dos empresas químicas, con más de 300 años de experiencia combinados, habían sido afectadas por inversionistas activistas en los 20 meses previos al acuerdo.

En parte en respuesta, las compañías dijeron que se combinarían y luego se dividirían en tres nuevas empresas, enfocadas en agricultura, productos especializados (usados, por ejemplo, en la electrónica) y materiales (usados en plásticos). Se planean enormes reducciones de costos cuando se cierre el acuerdo, supuestamente a fines de este año. El mensaje no expresado a los inversionistas es que las tres nuevas empresas, con participaciones de mercado más grandes, también podrán elevar los precios.

Lo que se ha vuelto más claro desde entonces es que Dow-DuPont también es parte de una tendencia mundial: una ola de consolidación en la industria de las semillas y químicos agrícolas. En febrero, ChemChina, una empresa china propiedad del Estado que ha estado en un frenesí de compras, aceptó pagar 43,000 millones de dólares por Syngenta, una gran compañía suiza que se especializa en vender químicos a agricultores. Esta semana, Monsanto, una empresa de semillas estadounidense valuada en 42,000 millones de dólares, confirmó que había tenido un acercamiento de adquisición no solicitado de parte de Bayer, una compañía farmacéutica y química que es una de las empresas más grandes de Alemania por valor de mercado. Monsanto ha pasado de cazador a cazado, tras intentar infructuosamente la compra de Syngenta hace un año. En general, la actividad de acuerdos excedería los 200,000 millones de dólares: es el ideal de los sueños de los banqueros de inversión. Tres tendencias explican el aumento en la actividad. Primero, un desplome en las ventas: los ingresos brutos de la industria de productos agrícolas, que crecieron en 2 por ciento en 2014, cayeron en 10 por ciento en 2015. Con los bajos precios de las cosechas, los agricultores están gastando menos. Segundo, los gerentes piensan que vender paquetes de productos a los agricultores será más rentable a largo plazo. Monsanto habla de tener una presencia en millones de hectáreas en todo el mundo en las cuales se puedan usar semillas, insecticidas y nutrientes, con la ayuda de un mejor mapeo y análisis de datos. La tercera tendencia se refiere específicamente a Syngenta: el Gobierno de China quiere modernizar sus granjas y poseer la propiedad intelectual involucrada, por ejemplo patentes de semillas.

Las olas de fusiones han golpeado a muchas otras industrias; piense en el petróleo en los años 90 o el acero a principios de la década del 2000. A menudo, los grandes temas usados para justificar los acuerdos tienen cierto sentido, pero las cifras no cuadran. El presente frenesí ya parece alarmante. ChemChina pedirá prestados 35,000 millones de dólares para comprar Syngenta, la cual, con base en sus utilidades de 2015, generará para su nuevo dueño chino un rendimiento de apenas 3 por ciento sobre el capital. Si Bayer trata de comprar Monsanto con efectivo, la firma combinada tendría una deuda neta de cuatro veces sus utilidades operativas brutas, y la compra generaría un rendimiento de aproximadamente 6 por ciento sobre el capital, usando cifras de 2015. Los generosos ahorros de costos prometidos por Dow-DuPont no han entusiasmado, y las acciones de ambas empresas se están negociando aproximadamente en línea con el mercado de valores desde que se lanzó el acuerdo.

Preocupaciones a la vista

CAMBIOS. A los inversionistas les preocupa que los reguladores antimonopolio bloqueen la combinación totalmente estadounidense, o le impongan condiciones difíciles. Las preocupaciones sobre la competencia pudieran arruinar todavía toda la ola de negociaciones de acuerdos. El convenio de ChemChina, mientras tanto, pudiera atraer la atención de espías. Europa ha sido relajada sobre las adquisiciones chinas. El año pasado, ChemChina compró Pirelli, un paladín industrial italiano en declive. Pero Syngenta genera 27 por ciento de sus ventas en Norteamérica, así que su compra será analizada en Estados Unidos por el Comité sobre Inversión Extranjera en Estados Unidos.

Este tiene un historial de comportamiento proteccionista hacia las empresas chinas. Las acciones de Syngenta se negocian con un fuerte descuento en relación con la oferta china, debido a los temores de que el acuerdo pudiera ser bloqueado.

Todos los acuerdos propuestos pudieran ser frustrados o terminar en disputa, permitiendo que se intentaran otras combinaciones. Las empresas que miran desde la barrera, más notablemente BASF de Alemania, pudieran sentirse tentadas a entrar en la jugada. Así que los ejecutivos aún tienen todo en juego. A los inversionistas quizá no les guste mucho, pero en el oscuro mundo de los químicos, momentos como este suceden solo una vez en una generación.

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