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Suena como un culto, pero quiere ser una especie de fondo de capital de riesgo. El 19 de mayo, la DAO (siglas en inglés de Organización Autónoma Descentralizada) ya había recaudado el equivalente de casi 150 millones de dólares para invertir en empresas emergentes. Esto, dicen sus fanáticos, le convierte en el mayor esfuerzo de financiamiento colectivo hasta la fecha.

Para comprender la DAO ayuda tener en mente el concepto de los “contratos inteligentes”. Estos son reglas de negocios codificadas en programas que se ejecutan automáticamente bajo ciertas condiciones: por ejemplo, los fondos solo se transfieren si la mayoría de los dueños ha refrendado una transacción. Esos contratos también pueden combinarse para formar empresas totalmente digitales que no están basadas en ninguna parte en el mundo real, sino en una tecnología “blockchain”, el tipo de registro distribuido mundialmente que respalda a las criptomonedas como el bitcoin.

La DAO literalmente vive en el aire, es decir en la blockchain de Ethereum, una de las criptomonedas rivales de bitcoin. Los inversionistas envían monedas digitales (llamadas “ether”, aire en español) al fondo, lo que les permite tomar parte en las votaciones sobre si invertir o no en un proyecto dado. Los candidatos para la inversión se postulan ellos mismos, ofreciendo no solo un plan de negocios, sino también contratos inteligentes que definen la relación entre ellos y la DAO. Una vez que una propuesta es aprobada, los fondos fluyen automáticamente: las empresas reciben el dinero según las reglas especificadas en los contratos inteligentes.

Debilidades 

Los planes de este tipo no han terminado bien. El colectivo quizá tenga la sabiduría, pero no mucho compromiso. Vehículos similares pero más pequeños operados por una firma llamada BitShares, por ejemplo, están sufriendo de una falta de participación en las votaciones, en gran parte porque se requiere tiempo y energía para considerar las propuestas. Los inversionistas en la DAO también pueden retirar a voluntad el dinero aún no comprometido con un proyecto. Esto significa que los 150 millones de dólares en ethers pudieran desvanecerse rápidamente si los inversionistas se ponen nerviosos.

Sin embargo, sería injusto descartar a la DAO como no más que un ejercicio de relaciones públicas para Ethereum y Slock.it, un fabricante de candados electrónicos controlados vía la blockchain, que ha desarrollado los contratos inteligentes del fondo y espera ser el beneficiario de su primera inversión. Muchos de los inversionistas de la DAO son creyentes, y esto ofrecerá una interesante prueba sobre cómo los reguladores manejan a un fondo sin base nacional fija y, en particular, lo que sucede en esos grupos cuando surge una disputa.

Además, si uno cree que Ethereum es el futuro, tiene sentido invertir en un fondo que pueda incrementar la demanda de la moneda; en particular si no hay muchas otras formas de gastar el ether (la DAO, que dejará de aceptar nuevos fondos el 28 de mayo, ya ha atraído casi 14 por ciento de todos los ether emitidos hasta el momento). En el extraño mundo de las criptomonedas, la confianza y la lógica van juntos como el yin y el yang.

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