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Veracruz se hace llamar “cuatro veces heroica” para conmemorar las ocasiones en los siglos XIX y XX en que resistió agresiones extranjeras. La campaña electoral que tiene lugar en la ciudad portuaria del Golfo de México, y en el estado circundante del mismo nombre, es menos edificante.

Héctor Yunes Landa, el candidato del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) para la gubernatura del estado, ha llamado a su rival, Miguel Ángel Yunes Linares, “un pervertido y enfermo 

sexual”. Advierte a los votantes “cuidar de la seguridad de sus hijos”. Yunes Linares, que encabeza una coalición que incluye al conservador Partido Acción Nacional y al izquierdista Partido de la Revolución Democrática, niega los reportes de que perteneciera a una banda de pedófilos. Él dijo que su oponente, quien también es su primo, está librando una “guerra sucia”.

Con 8.1 millones de habitantes, Veracruz es el tercer estado más poblado de México. Su combinación de ciudades y asentamientos rurales, habitantes indígenas y no indígenas _ y su petróleo, agricultura y manufactura _ le hacen un microcosmos del país en general.

También está entre los más problemáticos de los 12 estados que elegirán nuevos gobernadores el 5 de junio, cuando la mayoría también celebrará elecciones municipales, como lo hará un décimo tercer estado. La economía de Veracruz ha sido la que menos ha crecido durante los últimos cinco años. Tiene fama por su corrupción. Un auditor federal encontró irregularidades en el uso de 1,000 millones de dólares de fondos federales transferidos a Veracruz en 2014, el nivel más alto de gasto sospechoso en México.

Aunque el estado no es especialmente violento para los estándares mexicanos, es peligroso para los periodistas que investigan las denuncias de corrupción y los lazos entre el gobierno y el crimen organizado. Unos 18 reporteros han desaparecido o han sido asesinados durante el mandato del actual gobernador, Javier Duarte, quien a su vez acusa a los periodistas de tener relaciones con el crimen organizado. Muchos temen desempeñar su trabajo.

Duarte es odiado

Su índice de desaprobación entre los veracruzanos se sitúa en 83 por ciento, según un sondeo, y Yunes Linares ha prometido meterlo a la cárcel si gana. Aunque el gobernador no puede postularse para la reelección, su impopularidad y el mal desempeño económico del estado podrían poner fin a 80 años de régimen ininterrumpido por parte del PRI.

Muchos mexicanos verían en ese resultado un presagio de la elección presidencial del país en 2018. El presidente Enrique Peña Nieto pertenece al mismo partido que Duarte y, como él, es ampliamente culpado de corrupción e ilegalidad, aunque no es tan impopular.

En Veracruz, los votantes podrían optar por no apoyar a ninguno de los primos enfrentados y más bien elegir al candidato del partido de izquierda dura Morena, Cuitláhuac García Jiménez. Eso daría esperanza al líder populista de Morena, Andrés Manuel López Obrador, dos veces derrotado candidato presidencial que planea postularse de nuevo en 2018. Eso preocuparía a quienes apuestan a la estabilidad de México.

Las elecciones estatales no serán un referendo directo sobre la presidencia de Peña Nieto. El PRI, que gobernó a México como un estado unipartidista durante gran parte del siglo XX, gobierna en nueve de los 12 estados en disputa, algunos de ellos, como Chihuahua, mucho mejor dirigidos que Veracruz. El líder nacional del partido, Manlio Fabio Beltrones, espera que el PRI gane nueve gubernaturas, aunque quizá no las que tiene ahora. En cuatro estados además de Veracruz, el PRI nunca ha estado fuera del poder.

Los asuntos regionales importarán más que los nacionales en la mayoría de los lugares. Sin embargo, eso no significa que Peña Nieto, quien no puede postularse de nuevo en 2018, o Beltrones, quien podría tratar de sucederlo como presidente, vayan a poder menospreciar las pérdidas en Veracruz o en los otros estados donde el PRI ahora gobierna.

La pelea sucia en Veracruz muestra porqué algunos votantes están decepcionados de los partidos dominantes, pero también porqué esos partidos siguen ganando elecciones. Como sugiere su largo mandato en Veracruz, el PRI sigue teniendo una maquinaria poderosa, que en ocasiones arrolla a las normas legales así como a los oponentes políticos. Un funcionario en Veracruz de Prospera, un programa social federal, renunció el 10 de mayo después de que fue grabado discutiendo cómo comprar votos para el PRI.

“La política democrática normal no existe en lugares como Veracruz”, dijo Jesús Silva-Herzog, un científico político en el Tecnológico de Monterrey, una universidad.

Lo mismo puede decirse de algunos otros estados. En Oaxaca, este mes, un reporte anónimo condujo al descubrimiento de un almacén lleno de refrigeradores, bicicletas infantiles y abarrotes, junto con literatura de campaña del PRI, aparentemente destinados para ser distribuidos entre votantes. En Tamaulipas, 52 candidatos para cargos municipales han renunciado, diciendo que fueron amenazados por pandillas que respaldan a candidatos rivales. Esos episodios ayudan a explicar por qué, según Latinobarómetro, un grupo encuestador, solo 19 por ciento de los mexicanos dice estar satisfecho con la democracia, el nivel más bajo entre los 18 países latinoamericanos sondeados.

Peña Nieto no es un pendenciero como Duarte. El presidente ha dado grandes pasos hacia la modernización de México, incluida la apertura a la competencia de la energía y las telecomunicaciones y crecientes estándares para las escuelas públicas. Sin embargo, no puede separarse por completo de la corrupción en Veracruz y otros estados. Como hombre del PRI, se beneficia de las tácticas electorales agresivas de sus operadores. En 2018, la maquinaria funcionará tan intensamente a favor del candidato presidencial del partido como lo ha hecho en las elecciones estatales.

El compromiso de Peña Nieto

Título. La postura de Peña Nieto ante los votantes se ha visto empañada por su mal manejo del asesinato de 43 estudiantes en septiembre de 2014, un crimen que conmocionó a los mexicanos, por un reciente aumento de dos dígitos en el número de homicidios y por un escándalo de conflicto de intereses relacionado con la construcción de la casa de su esposa. El fracaso del PRI en abril para aprobar un borrador de proyecto de ley anticorrupción en el Congreso los ha dejado a él y al partido a merced de las acusaciones de que el PRI es indiferente a los sobornos.

El año pasado, en el estado de Nuevo León, Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como “El Bronco”, se convirtió en el primer gobernador en ser elegido sin el apoyo de un partido político. El mes próximo, los veracruzanos podrían elegir a García, el candidato del izquierdista Morena, que clama contra la corrupción dentro de los partidos que respaldan a los primos Yunes. En 2018, los votantes podrían volverse en contra también de los candidatos de los partidos en la elección presidencial. Eso pudiera dar paso a los disidentes, como El Bronco, o incluso dar a López Obrador la oportunidad de llevar a cabo su peligroso programa de antireforma izquierdista.

Veracruz, el microcosmos de México, podría resultar ser un modelo para su política futura también.

 

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