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En los años 90, cuando el auge de las empresas punto-com estaba en su apogeo, Jac Nasser, entonces director ejecutivo de Ford, dijo que los nuevos modelos de negocios que el Internet permitiría significaban que su empresa subcontrataría la tarea aburrida de ensamblar autos y se reinventaría como una compañía de movilidad, vendiendo el transporte como un servicio.

Nasser se adelantó demasiado con esta visión. Apenas ahora la mayoría de los grandes fabricantes de autos están uniéndose con las compañías tecnológicas que ofrecen servicios de transporte, en vías a convertirse en proveedores de  movilidad. Sin embargo, quizá hayan empezado demasiado tarde.

En la lucha por reinventarse, los fabricantes de autos convencionales últimamente han volcado su atención en las aplicaciones de servicio de traslados. Estos servicios permiten a la gente usar aplicaciones de smartphones para llamar a un auto y un conductor que los traslade a su próximo destino.

El 24 de mayo, tanto Toyota como Volkswagen anunciaron asociaciones con aplicaciones de servicio de traslados. La empresa japonesa ha hecho una pequeña inversión no revelada en Uber, la compañía de servicio de traslados más grande del mundo, con operaciones en más de 70 países. VW anunció una inversión de 300 millones de dólares en Gett, una compañía israelí que es popular en Europa. 

Matthias Müller, director ejecutivo de VW, tiene aspiraciones mucho más grandes: declaró que el fabricante de autos alemán pretende ser el principal proveedor de movilidad en el mundo para 2025.

Inversión 

A VW no le faltará compañía. En enero, General Motors invirtió 500 millones de dólares en Lyft, el rival más cercano de Uber en Estados Unidos, en parte para adoptar el servicio de traslados y en parte para participar en el desarrollo de los robotaxis de conducción autónoma. El año pasado, Mark Fields, actual director ejecutivo de Ford, quizá olvidando el anterior pronunciamiento de Nasser, dijo que de aquí en adelante su organización sería una compañía de movilidad así como fabricante de autos. Abundan los rumores de que Ford está planeando su propia aplicación de servicio de traslados y un vehículo ad hoc, quizá un servicio de minibús a demanda.

Aunque el terreno de batalla más reciente es el servicio de traslados, las compañías automovilísticas tienen la mira puesta en otras formas de generar dinero a partir de la movilidad. La gente que anteriormente habría querido ser dueña de un auto quizá ya no lo desee, prefiriendo pagar el traslado cuando lo necesite. Los jóvenes urbanos están dando la espalda a la propiedad de un activo costoso que permanece en gran medida sin uso mientras pierde valor. La membresía a clubes de autos, que permiten a las personas reservar vehículos por medio de una aplicación para periodos cortos, está creciendo rápidamente. Zipcar, el más grande del mundo, es propiedad de Avis Budget, una compañía de renta de autos.

Más fabricantes de autos están copiando las aplicaciones Car2go de Daimler y Drive Now de BMW. Ford, por ejemplo, está probando servicios para compartir autos en Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania e India.

Los planes para compartir auto y de servicio de traslados eventualmente podrían hacer ganar dinero a los fabricantes de autos. Para las compañías dirigidas al mercado masivo, acostumbradas a los márgenes pequeños, incluso podría resultar una bonanza, aunque los fabricantes de autos de lujo, acostumbrados a utilidades más grandes, quizá no estén de acuerdo. Los fabricantes de autos no solo se quedarán con una parte de las tarifas, sino también se pelearán por proporcionar los vehículos. El acuerdo de Toyota incluye un programa de financiamiento para que los conductores de Uber adquieran sus autos. GM ofrece un plan similar para ayudar a los choferes de Lyft a ponerse en marcha.

Cambio de visión 

Sin embargo, sus oportunidades de rentabilidad a partir de la usabilidad en vez de la propiedad dependen de dos cosas.

Primero, los fabricantes de autos necesitan cambiar la manera en que operan. El dominio de la complicada actividad de fabricar autos ha mantenido en gran medida a raya a los nuevos competidores. Sin embargo, operar simultáneamente una actividad de servicio que depende del involucramiento constante con los clientes y analizar grandes cantidades de datos está muy alejado del diseño de un nuevo vehículo SUV. En realidad, el frenesí de inversiones por parte de los fabricantes de autos ha sido impulsado tanto por el deseo de aprender cómo funcionan estas nuevas empresas como por el anhelo de utilidades inmediatas. Segundo, las grandes firmas de tecnología, expertas en manejar datos y vender servicios, no pueden adelantarse demasiado. Google encabeza el campo de los vehículos de conducción autónoma. Se rumora que Apple está planeando construir su propio auto y recientemente invirtió en Didi Chuxing, la respuesta de China a Uber. Una veintena de empresas emergentes están planeando formas de lucrar ofreciendo servicios que trasladen a los clientes del punto A al B.

El futuro

TECNOLOGÍA. En vez de poseer un auto, el futuro incluiría una suscripción mensual a una aplicación que combine compartir auto, taxis, autobuses, trenes, bicicletas y cualquier otra cosa con ruedas, incluso en viajes sencillos en los cuales múltiples modalidades de transporte son la opción más rápida o más barata. Más uso eficiente del transporte público, más compartir auto y más servicio de traslados significarán que las personas que podrían haber comprado un auto ya no lo harán, frenando el crecimiento en las ventas de vehículos que se esperaba conforme las clases medias tomaran el volante en los países en desarrollo.

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