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La última semana de abril llegaron tres cadáveres. Estaban todos descompuestos, recuerda el forense Néstor Membreño, quien lleva en ese oficio treinta años. Esos muertos probablemente vivían solos, reflexiona él. “Seguro era gente que vivía sola y la familia ni cuenta se daba. Con estos calores se descompusieron más rápido”, dice el doctor.Cada tres meses, en promedio, el IML ordena sepultar los cadáveres no reclamados.

Membreño se hizo médico forense cuando nadie en este país quería serlo. Primero estudió patología y allá por 1987 concluyó sus estudios en medicina forense. Desde entonces convive con los muertos, los disecciona mientras escucha a Vivaldi, aunque en ocasiones lo hace también oyendo la radio Sonora, que suena en Managua y en la que suele escucharse a Antonio Aguilar y a Vicente Fernández.

Con una página en mano, el doctor detalla cuántos cadáveres están en el frigorífico con capacidad para quince personas que hay en el Instituto de Medicina Legal (IML), en Managua.

Está Carlos Alberto, quien andaba entre los 50 y 60 años al momento de su muerte. Hay una mujer. No hay niños. Entre todos resalta un joven, Jesson Miguel Espinoza, de la Guinea, uno de los dos que ha sido identificado, pero que como todos continúa sin ser retirado.

Él se vino de su ciudad natal y se asentó en Managua, trabajando luego en el mercado Mayoreo.

“Ahí comenzó a hacer oficios y parece que recogía su dinerito, compraba tomatito, cebolla, las vendía en bolsita. Supuestamente tomó un refresco y se lo llevaron al hospital… Los estudios nuestros no revelan ninguna enfermedad y la toxicología no la tenemos, así que no podemos determinar a ciencia cierta” si se suicidió”. Se sospecha que se quitó la vida, pero no pueden asegurarlo. “Había estado hospitalizado y cuando llegó le dieron tratamiento, le hicieron lavado, entonces se nos modifica (el resultado de la autopsia) pero sí un patrón que nos ayuda a nosotros es el olor y se sintió un olor característico de la fosfina, olor a ajo o a marisco en estado de descomposición”, añade el doctor.

La información sobre el joven la recopilaron de entre sus compañeros en el mercado y a través de aquellos que lo llevaron al hospital.

La mayor parte de los cadáveres que no son reclamados son de procedencia desconocida, algunos como Jesson Miguel llegan con la identificación, pero no son reclamados.

“Tenemos un manual de procedimiento. Cadáver desconocido le damos un periodo de 15 días, eso origina un costo. Podemos llegar a tener los cuerpos hasta alrededor de tres meses, el año pasado hicimos cuatro entierros y en el último entierro sepultamos 12”, detalla Membreño.

El primero del año pasado se realizó en mayo.

“Nosotros tenemos a uno que le decían el gringo, no sabemos si era de nacionalidad norteamericana, ingresó el 28 de marzo. Todo el mundo lo conocía como el gringo, pero no ha venido nadie de la embajada ni nada”, cuenta.

El forense Néstor Membreño.AQUÍ DESCANSAN

Bajo un gran árbol de nim en el cementerio de Ciudad Sandino descansan los cadáveres que no son reclamados en el IML. Carlos, uno de los panteoneros, ayudó a enterrar los últimos. Cavó varios hoyos dice este chavalo callado que con paciencia orientó a los periodistas hasta las tumbas.
No hay forma de saber que aquí están los muertos sin nombre. No hay cruces ni rótulos.

CASOS

“Ahorita tenemos seis casos”, precisa el forense. “Muchos de ellos en vida fueron indigentes y alcohólicos que murieron por causas naturales, relacionadas, por ejemplo con el alcohol. Puede ser cirrosis o neumonía”.

“Son gente que hemos encontrado en la calle y que los que dan fe de conocerlos son del mismo grupo de alcohólicos, que él era bueno, que dicen que se llama así, que la familia vive en…”, expresa.

En ocasiones han encontrado desconocidos que han muerto en accidentes de tránsito. Han sido arrollados y quedan en la carretera.

“La semana pasada vinieron a buscar a dos personas. Uno de ellos fue identificado pero el cuerpo estaba ya en osamenta”, dice el médico, tras agregar que como norma guardan la ropa y todas las pertenencias.

En todos los casos es importante determinar la forma de muerte, si fue violenta o no.

LA MUERTE

El forense habla de la muerte con naturalidad.

“En mi experiencia veo la muerte como algo natural”, dice, aunque admite que no le gusta ir a velas.
Para ejemplificar cómo ve la muerte tan natural cuenta que en un mismo mes murieron dos de sus hermanas. “A los cuatro meses un sobrino mío se muere ahogado y el Día del Padre murió mi papá”.

Lo que más le impacta, sin embargo, es la muerte de un niño. “Si muere un viejo no me da pesar, todos vamos a morir pero si muere un niño que tiene un  futuro o los jóvenes, es doloroso”.

Cuando termina de contar su vida, hace un recuento de los casos: “Ahorita tenemos seis”.  Dice eso con la esperanza de que lleguen a buscarlos y no terminen en el terreno del IML de Ciudad Sandino, sin siquiera una cruz.

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